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Mensaje por Sydney J. Watson el Lun Dic 17, 2012 4:20 am

Soledad. Eso era precisamente lo que más deseaba en aquellos momentos. Soledad y silencio, como si aquello fuese a aliviar el dolor que se había instalado en mi pecho desde el día en que Everett había tenido el accidente y había caído en coma. El hecho de haber salido del hospital, haber pasado la noche en casa, haberme desahogado en cierto modo con Nate que posiblemente no tenía mucha idea de cómo comportarse conmigo con todo aquello que había pasado. Ahora la soledad era lo único que me rodeaba, una soledad que lejos de torturarme me hacía sentir mejor.

En un primer momento pensé en ir al bosque pero los recuerdos de aquella noche y el dolor que me infligían hizo que me diese media vuelta a medio camino. Incluso sin haberme dado cuenta había cogido exactamente el mismo camino que había cogido aquella noche con Everett y nuevamente todo aquello volvió a inundar mis pensamientos. Precisamente lo que estaba evitando. No quería olvidarlo, de la misma manera que tampoco quería olvidar a Everett ni lo que sentía por él o la tristeza que me había invadido desde el accidente. Simplemente necesitaba desconectar un rato.

Necesitaba…

Me vi con las manos en los bolsillos con la mirada fija en ninguna parte. Notaba el aire contra mi rostro y como mecía mis oscuros cabellos ligeramente antes de que la respuesta viniese a mi cabeza. Necesitaba aquel lugar donde había visto a Charlie por última vez: la playa. Necesitaba esa tranquilidad que transmitía aquel sitio, el olor que había en el ambiente y el ruido de las olas cuando llegaban a la costa. Incluso necesitaba sentir como el agua lamía mis pies descalzos en la arena y el tacto de esta última bajo mis pies. Sentir como se hundían en la arena al tiempo que caminaba por la playa. Eso fue lo que me impulsó a caminar hasta allí.

Ya desde una cierta distancia del lugar era capaz de oír las olas y podía jurar que me llegaba el olor al mar. Parecía estar desierta, lo cual tampoco era tan raro dada la época del año que era, la única persona que podría haber estado en la playa y encima nadando en aquella época, normalmente hubiese sido Matthew pero después de lo que le ocurrió en la playa semanas atrás y ahora con lo que le había ocurrido a Everett, dudaba mucho que fuera a estar por allí. Es más, creía recordar que no había vuelto a pisar la playa y nadar desde aquel extraño incidente durante el cual me había contado que casi se ahogaba. Algo totalmente fuera de lo normal siendo que hablábamos de Matt, que era un nadador experto.

Con las manos aún en los bolsillos caminé el trozo de pavimento que me separaba del inicio de la playa donde me paré a quitarme los zapatos. Me paré allí unos cuantos segundos de más quizá antes de hundir los pies en la arena y empezar a caminar por la playa con los zapatos sujetos en una mano y la otra mano dentro de uno de los bolsillos. Seguía sintiéndome mal por estar lejos del hospital, lejos de Everett…, pero llevaba el móvil conmigo y sabía que si pasara algo me llamarían enseguida. Eso y que un día lejos del deprimente ambiente que tenía el hospital (como todos) posiblemente me vendría mejor de lo que yo pensaba.

No tardé demasiado en llegar a la orilla aunque aquella vez me mantuve a una cierta distancia de modo que las olas y el agua en sí no llegaban a tocar ni siquiera las puntas de mis dedos. Bajé la mirada hacia abajo deleitándome del ir y el venir de las olas sin percatarme de que alguien se había acercado hasta a mí y me hablaba. Suerte que ya no estaba tan sumergida en mi mundo y me percate de ello al oír su voz haciendo que volviese el rostro. Al encontrarme con sus ojos esbocé una ligera sonrisa. Posiblemente la primera totalmente sincera que había esbozado desde la fatídica noche. El caso es que verle precisamente a él había hecho que fuese inevitable.
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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Keith J. Dylan el Lun Dic 24, 2012 11:04 pm

Dejé caer mi culo más plano que una plancha encima de la cama, ¡Por fin, un momento de libertad! Ya había hecho las tareas diarias y encomendadas por los Dylan, tales como barrer y fregar para mantener el hall y el salón bien limpios por las posibles visitas, limpiar platos, tenerles preparada la comida, poner la lavadora... En fin, como decía yo muchas veces, tareas que tampoco tenían por qué amargarme la vida, pues en cierta manera reducían mi tiempo libre y evitaba que me aburriera en el día a día; Tenía entendido que pasar demasiado rato sin hacer nada no era bueno. Todo era cuestión de cómo te lo tomaras, así que yo procuraba sacarle el lado positivo al asunto. ¿Qué si abusaban de mí?... Posiblemente, pero como era algo que de momento no me veía con corazón de romper... Era como una rutina, me sentiría raro lejos de los Dylan a pesar de que apreciaran más al perro que a mí, seguramente, y seguía siendo un misterio la razón por la que me adoptaron. Bueno, seguramente para tener a alguien que en un futuro los cuidara, pues sus hijos biológicos no es que parecieran tener la idea de cuidar de sus padres cuando éstos fueran viejos. ¿Quién sería entonces? Pues yo mismo, claro.

Suspiré mirando a un lado, en la mesilla de noche, y sonreí al ver la foto que había posada en ella, en la que lucíamos Noah y yo haciendo un poco el payaso. Pero siempre pensaba que aquellas fotos eran, en el fondo, las mejores, las que traían buenos recuerdos y las que siempre te sacaban una sonrisa, mucho mejor que todas las otras en las que la gente posaba, incluso ocultando sus dientes, por no hablar ya de aquellas personas que no soportaban ser fotografiadas. Un asunto muy curioso, sí.

Volví a tomar aire ahora que podía. Esa tarde no me tocaba turno en el restaurante, así que tenía varias horas de ocio por delante. Había algo que siempre descartaba de mis listas de cosas qué me gustaría hacer cuando tenía tiempo libre, y eso era quedarme en casa. Así que sin pensármelo más, me acerqué mis botas militares para empezar a atármelas. Debía estar muy sumergido en mis asuntos de tal manera que no me di cuenta de que algo raro sucedía hasta que metí mi pie hasta el fondo de la bota. Noté un bulto, y eso no me daba muy buena espina... Y efectivamente, tardé unos cinco minutos en lograr sacar el pie de nuevo y comprobar que no sólo veía mi pie salir, si no que un hilo de chicle unía mi calcetín con la plantilla de la bota.

- ¡Oh no, vamos! – murmuré, cayendo enseguida en la cuenta de que eso no podía ser nada más que una “broma” de los hijos del matrimonio Dylan, los que en teoría deberían ser mis hermanos. Tanta mala uva sólo podía provenir de ellos. Me llevó más de media hora intentar deshacerme de ese chicle, y vigilando que no hubieran hecho lo mismo con el otro, acabé al fin por ponerme el calzado. Ya llevaba ropa puesta así que sólo me hizo falta coger la chaqueta para salir a la calle y dejar todo atrás por unos gloriosos instantes. Sí, lo sé, no me enfadé como un ogro y ni siquiera les recriminé nada a los hermanos, ¿Qué iba a conseguir con ello? Si era el que menos derecho tenía en esa casa. Buscaría alguna manera de que mi habitación fuera inaccesible para ellos. Pero bueno, eran cosas como esas que hacían que la vida estuviera completa, ¿verdad?

Iba con el móvil por la calle, mirando algún mensaje que pudiera haber recibido y contestándolo, dejando que mis propios pies me guiaran hacia donde ellos quisieran, y al parecer aquella vez sintieron mucha atracción por la brisa marina. En cuanto acabé de trastear con la tecnología y alcé la vista, di de pleno con los ojos en el mar. ¡Cuánta razón tenían mis pies! Un poco de relax era algo que no me vendría nada mal. Y tras otear el horizonte estando de pie en el paseo marítimo, fue cuando distinguí perfectamente la figura de una mujer, y su largo pelo dejándose ondear por el viento. Una corazonada me hizo pensar inmediatamente de quién podría tratarse, así que busqué la manera de descender hasta la playa para acercarme a ella. Sólo había un pequeño pero jodido detalle del que no me había dado cuenta hasta ahora. ¿Cómo había sido tan ingenuo de pensar que los hermanos Dylan sólo hacían una broma cuando tenían ocasión de hacer más en mi ausencia? Seguramente no sería hasta más adelante que me daría cuenta de que pegado a la chaqueta, a mis espaldas, había un papelito en el cual rezaba “Aprendiendo a abrir mis ojos más de dos centímetros”. De momento ahí se quedaba, y yo como un pobre ingenuo sin darme cuenta.

- ¡Ey! ¡Sydney! – saludé amistosamente una vez recorté distancias a pasos largos, siempre con una sonrisa. Sí, la reconocí sin tan siquiera verle el rostro enteramente. Me gustó que me devolviera una sonrisa, no todo el mundo lo hacía, y más tras lo sucedido con aquél muchacho, Everett creo que se llamaba, el cual era conocido de Sydney, si mal no recordaba. Un golpe duro, sin duda, incluso para gente que no lo conocía, a mí esa clase de incidentes ya me impactaban, sólo sabiendo que era un vecino de Storybrooke, ¡No quería imaginar si era un amigo! - ¿Qué te ha traído hasta aquí? ¿Airear un poco la mente con esta brisa? – lo sé, lo sé, no me daba cuenta de que en muchas ocasiones podía resultar demasiado charlatán y enérgico, sin pensar que podría llegar a agobiar a la otra persona. A pesar de su sonrisa, juraría que por dentro no estaba tan feliz, obviamente... – Desde luego, el paisaje no tiene desperdicio – comenté, aspirando un poco de esa brisa y acercándome a la orilla, justo al borde donde morían las olas, observando el horizonte. Por supuesto, también, dejando a la vista el papelito “bendito” de los Dylan en mis inocentes espaldas. Me di la vuelta hacia ella de nuevo - ¿Todo bien? Sabes que puedes confiar en mí. Bueno, eso en realidad es elección tuya, pero siempre me ha parecido bueno decirlo, es reconfortante hacerle saber a la otra persona que estás ahí para cuando ella te necesite. – mantuve la sonrisa, no iba a enfadarme si Sydney no quería contarme lo que le sucedía. Era su amigo al fin y al cabo, me preocupaba por ella, era mi deber y sabía que algo no iba bien.

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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Sydney J. Watson el Jue Ene 03, 2013 6:06 am

Por supuesto que era Keith, ¿quién si no? Le miré unos segundos más antes de volver a poner la mirada en el océano que se extendía justo delante de nosotros. Me abracé a mí misma con mis propios brazos sin soltar los zapatos que llevaba cogidos con una de las manos. ¿Qué me había llevado allí? ¿Sinceramente? Ni yo misma lo sabía con certeza, solo tenía una cosa clara. – No quería ir al bosque. Me trae malos recuerdos. – Respondí con cierto temblor en la voz. Sí, el solo pensamiento de pisar el bosque después de todo lo que había pasado me provocaba aquella reacción involuntaria. Algún día volvería a pisarlo, de eso estaba más que segura pero también sabía que me llevaría un tiempo. Todo era demasiado reciente como para ir hasta allí y pasar por los mismos sitios como si nada hubiese pasado. – Sí, supongo que después de tantos días sin salir…. Me venía bien un poco de brisa marina. – Sonreí ligeramente. Posiblemente el hecho de haber dado aquellos pasos pequeñitos fuese algo bastante positivo para mí aunque ahora a pesar de ser psicóloga solo viese lo negativo del asunto.

En eso iba a darle la razón mentalmente. El paisaje de aquel lugar no tenía desperdicio además de que te transmitía una tranquilidad que yo en esos momentos necesitaba urgentemente. Necesitaba alejar la cabeza de los nervios, histeria y el estrés al que había estado sometida los últimos días, porque estaba claro que la preocupación y el ligero sentimiento de culpabilidad que anidaba dentro de mí era mucho más difícil de alejar.

El caso es que cuando seguí con la mirada a Keith que se acercaba un poco más a la orilla no pude evitar fijarme en lo que llevaba pegado en la espalda. Una broma de los hijos de los Dylan, seguro. Lo que en otro momento me habría arrancado una carcajada o varias, en ese momento solo consiguió que esbozase una sonrisa más grande que la anterior, todo un logro teniendo en cuenta que mi estado de ánimo en esos momentos era más bien pésimo. – Tienes un papelito pegado en la espalda, en la chaqueta – Apunté cuando se giro sin poder borrar la sonrisa, aunque no fue más allá que eso. No, desde luego no estaba en mi mejor época ni de lejos. – Siguen siendo igual de bromistas que siempre por lo que veo – Añadí, aunque realmente no era algo que tuviese que venirme de nuevo, ya que nunca le han tratado bien. Es de esas familias que te preguntas muchísimas veces por qué hacen ciertas cosas si luego no cumplen con las expectativas que el resto de personas esperaba, aunque bueno… tampoco es que hubiese sido nunca asunto mío, el caso es que siendo amigo mío me preocupaba por él.

¿Todo bien? Ladeé el rostro sin descruzarme de brazos mientras pensaba en la respuesta a aquella pregunta. ¿Todo bien? No, desde luego que no. Ni de lejos. Ahora mismo en mi vida hay demasiadas cosas que me van mal, empezando por la situación de Everett y mi propio estado de ánimo, aunque gracias a Dios y al maquillaje las ojeras y el cansancio ya no se me notan tanto, al menos a simple vista. – Pues… más o menos. – Respondí al final dejando de abrazarme con mis propios brazos y que cayesen a ambos lados de mi cuerpo. Había oído y asimilado todo lo que me acababa de decir. Cierto era aquello de que era bueno confiar en alguien, abrirse y decir lo que sentías pero…, yo en esos momentos sentía por momentos que era más una carga que algo que te hiciera sentir bien por el simple hecho de compartir mis penas.

- Supongo que… habrás oído lo que le pasó a Everett O’Connor – Que raro se me hacía pronunciar en voz alta su nombre completo. Rarísimo. ¿Desde hacía cuánto no lo decía en voz alta? Por lo menos… - Y no es que lo esté llevando muy bien… - Mi mirada se perdió en el falso azul del océano durante unos cuantos segundos antes de volver a mirar a Keith. ¿Podía confiar en él verdad? – No es simplemente mi amigo… - Moví ligeramente los pies dentro de la arena evitando mirarle directamente. Llevaba tanto tiempo con aquel secreto dentro de mí que… se podría decir que incluso me costaba más de lo que había creído sacarlo a la superficie. –Ya sabes que no me gusta demasiado airear mi vida privada por ahí… - Añadí al momento. Era cierto, todo el mundo lo sabía. Me consideraba una persona reservada con mi intimidad, con mi vida privada que intentaba apartar lo más posible de mi vida laboral. El problema era que con lo ocurrido y el hecho de pasar tantas horas en el hospital, pues la gente empezaba a hablar. En aquel pueblo era lo que mejor se les daba. Hablar de las vidas ajenas, inventar chismes y rumores… Decidí que si tenían que llegarles rumores sobre mi relación con Everett prefería que lo supieran de mi propia boca y no por terceras personas.
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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Keith J. Dylan el Vie Ene 11, 2013 6:26 am

Fruncí un poco el ceño al oír sus primeras explicaciones, concentrándome en lo que me decía para no perder detalle e intentar ponerme en su pellejo, comprender lo que le sucedía. El bosque... Claro, ahí era donde al parecer había sucedido todo, donde podría haber cambiado no sólo la vida de Everett, si no que, quién sabe, si también la de Sydney a juzgar por el temblor sutil en su voz. Parecía ciertamente afectada, aunque tratara de disimularlo. ¿Y quién podía ser más experta en reservarse las cosas para sí misma que la propia psicóloga de Storybrooke? Pero me alegraba de que fuera capaz de abrirse y compartir sus problemas conmigo. Yo no era consciente de hasta qué grado era capaz de ayudar a los demás, pero siempre procuraba ofrecer toda mi ayuda posible a quién fuera que la necesitara. No sabía por qué era así, como si fuera algo que ya me viniera en la sangre y un deber, pero me sentía bien conmigo mismo cuando eso sucedía y podía colaborar para que las cosas fueran mejor en las vidas ajenas. Y tampoco me preguntéis por qué, pero tenía algo así como un sexto sentido para las cosas referentes al amorío entre las personas. ¿Podría ser ese el caso? Bien podrían Everett y Sydney ser amigos, los amigos muchas veces se tenían en más alta estima que las parejas, pero había un “algo” que me decía que había un poco de electricidad y chispita correteando por ahí.

- Entiendo... A veces es mejor dejar pasar el tiempo. Hay ocasiones en las que sólo ese factor puede darnos una respuesta, mientras que a nosotros sólo nos queda resignarnos y sentarnos a observar, con la única opción de tomárnoslo de una manera u de otra. Uno puede llegar a sentirse muy impotente – comenté, en un tono un poco serio, como si procurara ser delicado con el tema, y no era para menos. De hecho verla así era algo bastante inusual, ella a la que siempre había visto tan activa y con la cual había compartido jornadas y actividades relacionadas con artes marciales. Sydney no se ponía así por cualquier cosa, por algo se había sumergido en su oficio, oficio prácticamente único en el pueblo; Porque era una mujer fuerte, capaz de pensar con la mente fría para darle una buena solución a aquellas personas que reclamaban de su ayuda en la consulta, con sus peculiares problemas cada una de ellas. – Me alegro de que hayas salido de casa, es un gran paso. Ya empezaba a sentir que Storybrooke no era lo mismo sin tenerte al lado en nuestros días de ejercicio – dejé caer con una sonrisa en el rostro. Quería hacerle sentir que no estaba sola, y que no todo era tan malo como pudiera parecer. Lo sé, y lo veía en sus ojos, que sufría por Everett, pero yo siempre solía ser muy positivo respecto a esos temas, tal vez porque lo veía desde un punto de vista externo y podía llegar a ser más objetivo.

Me esperaba cualquier otra respuesta, alguna así más profunda o explicándome sus sentimientos por parte de Sydney cuando oí de nuevo su voz, pero lejos de ello, la cara de bobo debió ser perceptible cuando empezó a decirme algo que no me encajaba con la situación.

- ¿Eh? – articulé al tiempo que recogía las palabras “papelito” y “espalda”, relacionando enseguida con “Dylan”. En pocos segundos me deshice de la chaqueta para poder quitarlo. Sí, efectivamente habían sido ellos como bien había adivinado Sydney. – No andas equivocada, no. Además de que su originalidad es innegable – confirmé con el ceño fruncido mientras leía lo que habían puesto en dicho papelito. Pero ni me avergonzaba ni me hacía enfadar, me parecía sólo una simple anécdota, incluso graciosa – Madre mía, habré ido por todo el pueblo con esto pegado. ¡Pues menos mal que me he cruzado contigo, Syd, porque si no seguiría ganándome la fama por Storybrooke! – me reí metiéndome el papelito en uno de los bolsillos y llevándome de nuevo la chaqueta a los hombros, sin llegar a meter los brazos, pues con la poca cosa que era yo no es que tuviera mucho calor, a decir verdad. La sonrisa de Sydney no me pasó desapercibida precisamente, cosa que me alegró – Al menos por una vez su broma ha tenido un buen fin y ha servido para algo más que intentar sacarme de quicio – dije intentando que se notara la referencia que hacía a la sonrisa de Sydney. Podría hacer más hincapié en el tema de los Dylan, pero ni era el momento, ni quería preocupar a nadie con el tema, ni tampoco siquiera yo le daba la importancia suficiente como para ir como un amargado por la vida. Como había dicho anteriormente, había situaciones en las que lo único que podías hacer era tomarte las cosas a bien, con filosofía, o a mal.

El “más o menos” de Sydney respecto a su estado de ánimo no me pilló de nuevas, sólo hacía falta verle la cara para saber que no se sentía bien, en absoluto. Sólo con saber que había estado en casa prácticamente sin salir era ya algo bastante significativo. Viendo la manera en que se abrazaba sutilmente me hacía pensar que tal vez lo que necesitaba Sydney era eso, un abrazo, a parte del suyo mismo. Así que, contemplando cuánto le costaba y el esfuerzo que hacía para hablar de aquellos sentimientos guardados desde a saber cuánto tiempo, su posible falta de compañía esos días, el tiempo que hacía que no la veía y porque simplemente, me apetecía, me acerqué a ella y la abracé, rodeándola con mis brazos para que pudiera notar que estaba con ella y apoyándola siempre.

- No te preocupes, todo irá bien, ya verás – comenté, al tiempo que me separaba un poco no fuera a ser que necesitara aire, el abrazo ya había durado unos largos segundos. La miraba directamente a los ojos aunque a ella pudiera costarle – Creo firmemente en lo que hay más allá de las casualidades. Estoy seguro que Everett te siente, cada vez que vas a visitarlo, cada vez que lo miras, cada vez que tu corazón palpita. Siempre has sido una mujer fuerte, decidida y luchadora, Sydney, y esto seguramente será una nueva batalla que lograréis ganar, tú y él. ¿Le quieres, verdad? Le quieres de una forma diferente a como has querido al resto de personas – me aventuré a afirmar sin temor a equivocarme. Mientras dije aquello, llevé mis manos al rostro de mi amiga, para alzárselo sutilmente y ver su expresión, para confirmarme a mí mismo lo último que le había dicho.

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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Sydney J. Watson el Lun Ene 21, 2013 8:24 am

“El tiempo cura todas las heridas” ¿En serio? ¿Era aquello verdad o simplemente lo decían para hacerte sentir mejor? Bueno, en cierto modo yo podía darle la razón a aquel dicho, el tiempo había curado mis heridas de su muerte, ya ni siquiera volvían a reabrirse. Seguían doliendo en algún punto de mi ser, pero…. Solo era un pequeño dolor, una punzada de nada, no se podía comparar con lo que había vivido años atrás. – Sí, bastante impotente. No sabes dónde meterte ni qué hacer… - Suspiré. No sabías dónde meterte, qué hacer o como sobrellevarlo porque simplemente sentías demasiado peso sobre tus hombros, sentías un peso enorme que era capaz de hundirte en la tierra y no dejarte salir. Sonreí leve y brevemente a las palabras de Keith. Yo misma me alegraba de aquel paso que había dado en mi propia vida después de lo que había pasado con Everett. Inconscientemente (y a ratos conscientemente) estaba siguiendo los pasos que siempre sugería a mis pacientes cuando habían pasado por un trauma de aquella índole. – ¿De verdad? No pensé que nadie fuera a darse cuenta. – Siempre había sido de aquel tipo de personas a las que le gustaba pasar desapercibida, ser anónima, por eso posiblemente no se me hubiese pasado por la cabeza la idea de que alguien pudiera notar mi ausencia. – Tampoco han sido tantos días… - Añadí casi de inmediato. Había desaparecido del radar de la gente unos pocos días, pero tampoco demasiados, ¿no? Aunque desde luego a mí se me había antojado una eternidad.

Seguí sus movimientos con mis ojos marrones. Como se quitaba la chaqueta y el papelito que tenía pegado en la espalda. La sonrisa que había aparecido en mi rostro con anterioridad se ensanchó durante unos segundos un poco más gracias a las palabras de Keith. – Por suerte para ti a estas horas no es que haya demasiada gente. – Miré alrededor. Al menos yo no me había encontrado con demasiados aldeanos de camino a la playa. Eso o es que estaba demasiado abstraída como para darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor, que, para qué mentir, no era una posibilidad tan remota. – Seguro que alguien te lo habría dicho, Keith. No todos son tan crueles y “graciosos” – Hice incluso el gesto de las comillas en el aire al decir aquellas palabras – Como tus hermanastros. – Añadí, aunque eso era más que obvio. “Malas personas” había en todos sitios pero Storybrooke no es que destacase precisamente por eso. La gente era más bien pacífica.

Intercambié una mirada y una pequeña sonrisa con él cuando dijo aquello. Había podido entre leer la intención con las palabras que había dicho. – Siempre dicen que se puede sacar algo positivo de toda situación negativa, ¿no?- Aunque bueno, yo eso ahora no me lo podía aplicar, porque cualquiera le sacaba el lado positivo a la situación que yo estaba viviendo. ¿Había algún lado positivo? Me llevé una mano al cabello echándomelo incluso hacia atrás mientras mis ojos volvían a posarse en el océano. “No te preocupes, todo irá bien, ya verás” Todo el mundo me decía eso, parecía mentira. Eran las típicas palabras que se usaban en esos casos, un maldito cliché.

- Me halagas diciendo todas esas cosas de mí – Que no era ni la primera ni la última persona que me lo diría, lo había oído más de una vez y aunque yo misma me lo decía también muchas veces, ahora mismo aquella mujer fuerte, decidida y luchadora había desaparecido. ¿Qué si le quería? Esa era la pregunta con la respuesta más sencilla que cualquiera me hubiese podido hacer en esos momentos, pero al mismo tiempo de alguna manera era la más difícil de responder, porque querer a alguien implicaba tantas cosas. Sonreí. ¿Cuántas veces lo había hecho ya? A pesar de toda aquella oscuridad que se cernía sobre mí… - Sí, si que le quiero. Muchísimo además… y eso no hace más que todo esto me duela mucho más… - Confesé. Si no le hubiese querido tanto habría dolido, pero no tanto. No habrá dolido ni una décima parte de lo que me dolía ahora. – Es tan… No quiero que me vuelva a pasar como la última vez. Perderle. Ya me entiendes… - Ladeé ligeramente el rostro al decir aquellas palabras y es que había llegado a contarle a Keith los recuerdos que había tenido aquella mañana en casa de Everett sobre el prometido que perdí hacía años y que tanto parecía haberme costado superar.

Vamos, al menos ahora que se me antojaba cómo que me había costado una eternidad y media superarlo. Quizá influenciada por el hecho de que estaba casi segura de que me iba a costar sobrellevar lo de Everett. Y aunque posiblemente no se me notara, estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural para evitar echarme a llorar ahí mismo delante de la persona que había dicho que era fuerte, decidida y luchadora. Una parte de mí, sentía que si lo hacía incluso podría llegar a… decepcionarle.
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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Keith J. Dylan el Sáb Ene 26, 2013 12:19 pm

- Bueno, eres una de las pocas personas a las que puedo considerar cercanas. Cierto es que no tengo mucho tiempo libre debido a las tareas de casa encomendadas por los Dylan, pero aún así he podido notar tu ausencia. Mis amigos son importantes para mí, me preocupo por ellos y llámalo sexto sentido si quieres, pero intuyo cuando algo no va bien – comenté con mi típica cara de Buda, pero era la simple y llana verdad. Añadí en cuanto ella afirmó que no habían sido tantos días los que había estado sin salir de casa – Lo suficiente como para darme cuenta – sonreí. Me recordaba a un gato herido, cuando la oía hablar de aquella manera cuando hacía referencia a cómo afrontar la situación, a dónde debía ir uno, esconderse… Apartarse. – Apartarse, sí… Tiene sentido. Lo que buscamos con eso en realidad es despegarnos del dolor que sentimos por lo sucedido, alejarnos de lo que nos duele, pero al mismo tiempo no queremos, no al menos en este caso, cuando le tienes aprecio a esa persona. Supongo que es una situación en la que uno puede llegar a sentirse atrapado, desorientado – reflexioné, intentando ponerme en su pellejo mentalmente y en lo que pudiera haber sufrido durante ese tiempo… Y seguramente aún hoy estaría mal, eso era más que evidente. Debía ser una situación bastante complicada, daba gracias y deseaba nunca encontrarme en una semejante.

- Desde luego, los Dylan son un caso especial. No me puedo quejar de la gente de este pueblo. Mi pueblo en realidad – dije eso mirando a mi alrededor, una vez me coloqué de nuevo la chaqueta tras quitarme el famoso papel. Sydney tenía razón; había mucha gente de buen corazón en esos lares, y era el lugar donde me había criado. Cierto era que sentía mucha conexión con China, pero ni siquiera recordaba nada, suponía que porque sería demasiado pequeño cuando me adoptaron. – Tengo mucha gente aquí y conocidos, pero realmente no me importa haber hecho un poco el payaso por las calles, si eso hace reír a unos cuantos. No hay nada que me haga sentir mejor que el saber que he sido de ayuda para alguien, queriendo o sin quererlo, y mucho más si es por algo tan simple como un papelito pegado en la espalda y una frase ingeniosa respecto a mis rasgos – que realmente podía decirse lo mismo de Sydney. ¿Sería esa la razón por la que, de alguna manera, nos sentíamos tan conectados? Aún no había llegado a preguntarle a fondo a Syd si tenía un pasado, o quizás familiares, relacionados con oriente. Quizás parecía una tontería, pero no era de los típicos que se aventurara a preguntar sobre la intimidad de la persona así como así, ni siquiera si eran amistades. Necesitaba asegurarme de que teníamos la suficiente confianza como para sacar el tema. Tal vez se acercaba el momento, y quién sabía si encontraría alguien que me entendiera en ese aspecto. No iba a decir que no me sentía integrado allí, para mí Storybrooke era mi hogar, pero también tenía muchas ansias por saber.

Hubiera asentido cuando Sydney pronunció aquellas palabras… Que se podía sacar siempre algo positivo de las experiencias, pero consideraba que era una situación demasiado complicada como para afirmar con tanta facilidad. Simplemente me limité a fruncir el ceño, luego sonsacar una sutil sonrisa para corresponder a la de ella. Si estaba ahí era para intentar disipar el sufrimiento que podía estar padeciendo, no quería que siguiera atormentándose por ello, no al menos tanto como antes estando yo en su compañía. Para algo estaban los amigos, ¿no? Para poder pasar con más ligereza ese tipo de situaciones.

- No sé por qué me da la sensación de que no te crees mucho tus propias palabras. – dije. Cuando quería podía tomarme muchas confianzas, pero siempre de esa manera tan pacífica, como si el enfado no tuviera cabida en mí, ni la tristeza, ni el miedo, ni la ira, ni la confusión… - ¿Sabes? Quizás no se pueda sacar muchas cosas en positivo de esta fatídica experiencia… Pero sí que te ayudará a ser aún más fuerte. Ya sabes, what doesn’t kill you makes you stronger ensanché una gran sonrisa en ese momento. Bueno, vale, es posible que no fuera el mejor intentando animar a una amiga pero… Al menos lo intentaba.

Logré sonsacarle esos sentimientos que Sydney sentía sobre Everett, confirmando las sospechas que me había formulado en la mente. Cierto era que un amigo podía doler mucho, pero tenía la sensación que algo más era lo que apenaba el alma de la mujer que tenía delante. Asentí cuando hizo referencias a su pasado, a lo que le había sucedido con su último prometido. La verdad es que serían golpes de muy mala suerte si Everett dejaba este mundo, seguramente volverían a su mente los recuerdos de lo que sintió cuando perdió a la última persona a la que había querido de aquella manera.

- Entiendo… Debe ser complicado. – pronuncié, dirigiendo ahora mi mirada al suelo arenoso, con el que jugaba suavemente con la punta de mi bota – No he tenido aún el placer de conocer muy a fondo a Everett, pero tengo la sensación de que también es alguien con un espíritu bastante fuerte – me atreví a adivinar. No había hablado mucho con él, y parecía un tipo bastante peculiar, y me parecía divertido a su manera. Las personas diferentes me hacían gracia, sí. – En todo caso puedes sentirte halagada de ti misma, o por ti misma, ya que no he dicho más que la pura verdad. – Y entonces alcé el rostro y pude apreciar cómo se le humedecían sutilmente los ojos a Sydney, y cómo seguramente estaba aguantando la tristeza en su interior. Sin vacilar me acerqué de nuevo a ella y la tomé con suavidad de una mano - ¿Quieres que demos un paseo por la orilla? Igual te sienta bien – propuse con una suave sonrisa, en un tono bastante bajo, el suficiente para que mi amiga me oyera y cobrara confidencialidad – Puedes llorar si quieres, no es algo que debamos reprimir. De vez en cuando no nos hace daño soltar una lágrima. Con un poco de suerte igual te sientes más aliviada. Total, tenemos como cuatro cubos de agua para vaciar ahí dentro, por un poco que sueltes, no pasará nada – comenté con un poco de gracia para que no se reprimiera. Miré el horizonte mientras hablaba, y terminé por dirigir mis ojos de nuevo hacia Sydney, con esa sonrisa permanente en mi rostro que seguro sería la pesadilla de todos mis enemigos. Me podía incluso reír de pensar que posiblemente hasta verían esa misma sonrisa en sus peores sueños, mientras yo decía algo así como “Soy tu peor pesadilla”, y me echaba unas risas.

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Re: Every Moment Counts

Mensaje por Sydney J. Watson el Sáb Abr 06, 2013 10:07 am

Ese “sexto sentido” del que me hablaba Keith parecía algo muy común entre la gente. Mucha gente (yo incluida) afirmaba que a veces con tan solo mirar a la otra persona ya sabías que pasaba por su cabeza y como se sentía e incluso si había algo en aquella persona en concreto que no marchase del todo bien. Le sonreí brevemente cuando aquellas palabras inundaron el ambiente donde estábamos. Al parecer alguien más a parte de Nate, que era obvio porque vivíamos juntos, se había dado cuenta de que había estado… ausente. Sí, eso mismo, ausente. Me reconfortaba saber que a pesar de estar pasando por un mal momento aún hubiese gente que se daba cuenta de que precisamente yo dejaba de aparecer o no estaba tan presente aunque estuviese en cuerpo presente. Cualquiera diría que la persona que estaba hablando por la boca de Keith en aquellos momentos era yo misma, pues esas palabras que tan sabiamente me estaba dirigiendo en aquel momento, podrían haber sido perfectamente las que yo le dirigiera a una persona en mi misma situación que necesitase mi ayuda o entender lo que le estaba pasando, porque sí, se podría decir que me sentía atrapada, pero sobre todo desorientada. No sabía a dónde tenía que ir ni cómo tenía que llegar a aquellos lugares que ahora me parecían incluso de alguna manera, inalcanzables. – Me siento desorientada, como si me hubiesen soltado en pleno bosque y no supiera volver a casa – Y es que a veces el camino de vuelta a casa podía ser verdaderamente largo, muy largo.

Esbocé una media sonrisa durante un fugaz momento cuando Keith aseguró que Storybrooke era su pueblo a pesar de no haber nacido allí. Yo que recordaba haber crecido en la gran manzana también se podría decir que ahora sentía que Storybrooke era mi hogar. Era donde más a gusto me había sentido, sobretodo después de su muerte, y también donde más apoyo había encontrado del resto de las personas. Era curioso que hubiese encontrado aquel apoyo allí en Storybrooke y no en la Gran Manzana. – Eso siempre y cuando no se hayan reído de ti a mal, ya sabemos como es la gente… - Bajé la mirada unos segundos. Aquello era algo realmente típico de la gente, reírse de cosas como aquello que acababa de pasarle a Keith y además de todo no advertirle sobre el papel como había hecho yo.

- Bueno, son las típicas palabras que se usan en ciertas situaciones, aunque ciertamente en mi situación actual no es que sean las más acertadas y fáciles de creer… Por no decir que es prácticamente imposible que me las crea, en efecto. – Asentí con la cabeza dos veces antes de sonsacar una ligera sonrisa. ¿Tan transparente era para el joven que había conseguido vislumbrar aquello en mí? Esa frase que tanto me recordó a Stronger, también era algo realmente típico, pero no por ello menos cierto. Los golpes duros… las caídas duras… cuando te levantabas siempre te levantabas con la cabeza bien alta y con más fuerza que antes. – Eso espero…, sacar algo bueno de todo esto, porque ahora no veo las cosas grises, no, las veo directamente negras y muy oscuras – Casi daba la sensación de que un enorme agujero negro se había tragado toda la luz y los colores que había en mi vida.

- Sí, bueno. Se lleva como se puede. – Intentando sobretodo y especialmente alejar los malos recuerdos de mi mente como si de alguna manera no existieran, como si fuesen solo algo que estaba ahí pero que era mejor ni recordar, porque en realidad así era. Había cosas que era mejor ni recordar, simplemente mantenerlas alejadas de la mente, por lo menos en momentos como el que estaba viviendo yo. ¿Sinceramente? Esperaba que Keith tuviera razón y el espíritu de Everett fuera bastante fuerte, al menos para no irse de aquel mundo en ese momento.

Con lo que odiaba llorar, bueno, no es que lo odiara, pero nunca me había gustado mostrar mis debilidades o mostrarme con la guardia baja como me llevaba pasando desde hacia una semana, me había gustado aparentar ser fuerte y que nada podía tirarme hacia abajo y en cambio ahora estaba mostrando una faceta totalmente diferente.

El contacto con la mano de Keith me pilló totalmente desprevenida, para qué engañarnos. De haber sido otro tipo de persona posiblemente hubiese pegado incluso un bote o algo, pero yo me limité a levantar la mirada, mis ojos marrones hasta él, encontrándome con aquella sonrisa en que cierto modo se me llegó a contagiar. – Seguramente no sea una mala idea. – Acabé diciendo al tiempo que automáticamente echaba andar, aunque no me esperaba en absoluto sus siguientes palabras. Sí, yo también sabía que llorar y soltar alguna que otra lágrimas a veces ayudaba, te ayudaba a desahogarte, pero aquella vez me limité a negar levemente la cabeza aunque muchísima seguridad. Sí, pudiera decir que teníamos como cuatro cubos de agua dentro de nosotros para vaciar, pero yo ya había llorado demasiado durante aquella última semana y lo único que había conseguido todo aquello había sido además de desahogarme, agotarme hasta límites insospechados y ahora que me sentía descansada y en cierto modo un poco recuperada no quería volver a caer en lo mismo otra vez. Quería salir de aquel círculo vicioso. – No quiero llorar más. Estoy cansada de ello. Llevo haciéndolo desde aquella noche, que no llore no significa… - No significaba que no estuviera sufriendo o estuviera triste, en absoluto. – De todos modos gracias por el consejo. – Añadí en el último momento intentando no hacerle sentir tan mal con respecto a aquello.
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Sydney J. Watson
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