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Unidos ¿O desunidos? por un hilo [Vanelope]

Mensaje por Malcolm A. Lynch el Sáb Feb 16, 2013 2:17 pm

Madera. Madera. Madera pintada en blanco. Ventana. Cuadro. Jarrón. Tetera. Taza. Silla. Madera. Madera pintada en blanco. Ventana. Cuadro. Jarrón. Tetera. Taza. Silla... Y vuelta a empezar. Eso es todo lo que veían mis ojos en aquellos momentos, desde la cama en la que estaba tumbado, y llevaba un buen rato despierto. Aún se oían los pájaros cantando desde los árboles. Cantando, parecía mentira, como si nada sucediera... Ni siquiera en Wonderland se los oía, allí sólo podías percibir los ruidos y sonidos más peculiares que uno pudiera imaginarse. Aunque claro, para mí lo raro siempre había sido lo de este mundo, hasta que me acostumbré.

Me incorporé, finalmente. Era domingo, y desde mi última jornada del viernes en la tienda, no había salido de casa. ¿Para qué? El último encontronazo que había tenido en el local ya me había dejado demasiado... Demasiado... ¿Cómo decirlo? ¿Cómo se dice?... Ehm... eh... Bueno, no importa, la cuestión es que no sé qué estaba diciendo ahora mismo. La cosa es que necesitaba aire, sí, eso... Supogo. Puse un pie en el suelo y ni me digné a peinarme, sólo a colocarme bien el abrigo -con el cuál llevaba desde el día anterior puesto y me había acostado con él y con la ropa, tal cual-. Una última mirada a mi chapucera casa, y salí de ella.

Frío, fue lo primero que noté al salir. ¿Serían las once de la mañana? Miré mi reloj de bolsillo frunciendo el ceño. Sí, justamente. Lo volví a guardar y miré al frente. Frío. ¿Qué era el frío en realidad? ¿Cómo se podía bajar la temperatura? Si no podías palparla, ni verla, ni olerla... ¡Oh, claro! El aire, el aire se enfriaba... ¿Pero cómo se enfriaba?... Igual con una cuerda y un par de clavos. No, en realidad no lo sé, pero eso fue lo que cogí yo de casa antes de cerrar la puerta. ¿Que para qué quería yo eso?... No sé. Sólo sabía que era probable que lo necesitara, todo el mundo llevaba eso en los bolsillos o en el bolso, ¿no? Yo no iba a ser menos. Tenía la intuición de que iba a divertirme, hacía tiempo que no me aventuraba a probar algo así.

Llegué al puerto, la zona del muelle. Tenía el mar a un paso, sin valla, nada, sólo una hilera de amarres que pocas veces utilizaban, sólo algunos barcos pequeños o inflables que se acercaban a una escalerilla que también había, parecida a las típicas que podías encontrar en una piscina pero más discreta y oxidada. Saqué la cuerdecilla, que más bien nos podíamos referir a ella como un hilo de pescador. ¿Y qué hacía yo con eso en casa si no pescaba?... Bueno, a veces se usaba ese tipo de hilo para coser determinadas prendas... Especialmente accesorios, en los que yo era experto. Miré a mi alrededor para asegurarme de que no había nadie mirando. Fijé mi vista en los dos pivotes entre los que me encontraba, debía haber unos... cuatro o cinco metros entre cada uno. Y.. ¡Ajá! Tenían una anilla, por las cuales até el hilo procurando que se quedara tensado, pero bajo al mismo tiempo para que mi broma pudiera realizarse como tenía planeado. El hilo llegaba más menos hacia la mitad de la pantorrilla.

Hecho ya esto, me dispuse a sentarme en uno de esos pivotes, mirando el mar. Parecía que estuviera en mi mundo de nuevo, pero no, estaba atento a los pasos que pudieran sonar desde mis espaldas, dejando caer mi viejo reloj de bolsillo al suelo -que por muchos golpes que le dieras, seguía funcionando. Todo un misterio-, muy cerca del borde del muelle y delante del hilo tensado casi imperceptible por el ojo humano si estabas lo suficientemente distraido. Esperaba que la persona que viniera a "molestarme" lo estuviera, y que quisiera cogerme el reloj para hacerme un favor... Y que luego me maldijera si caía en la trama como un inocente lirón. Y sólo habían tres opciones: que tropezara y cayera al agua, que tropezara pero sin llegar a caer, o que fuera demasiado tiquismiquis y viera el hilo antes de tropezar con él. ¿Qué sucedería? La curiosidad me carcomía, tenía ganas de reírme un rato.

- Tic, tac, tic, tac - pronunciaba en voz alta, sin miedo a que me oyeran, incluso moviendo ligeramente los brazos a medida que contaba, como si de una cancioncilla se tratase. Con mis pelos de recién levantado no sería extraño que se pensaran lo que siempre habían pensado de mí: "Está loco" - ¿Quién será tan amable de cogerme mi reloj? ¡Oj, oj, oj! - seguí cantando.

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Re: Unidos ¿O desunidos? por un hilo [Vanelope]

Mensaje por Vanelope C. Jhonson el Vie Feb 22, 2013 12:42 am

El puerto es el lugar en el que acabo siempre que me avergüenzo de mi misma por gastar mas dinero del que debería comprándome cosas que ni siquiera necesito. Me muerdo el labio mientras mantengo las manos en los lados andando sobre una especie de línea invisible en el suelo que separa las baldosas las unas de las otras colocando un pie delante y otro detrás. Suspiro de vez en cuando pensando en todo lo que ahora mismo está en mi cama esperando a ser usado por mi pero sin verme capaz de volver a casa y darle ese gusto. Se supone que debería basar mi vida en pensar en que comer y en cómo pagar el alquiler, no en darme caprichos estúpidos que probablemente no me ponga más de una vez. Porque ese es el kit de la cuestión, siempre que compro cosas que me quedan jodidamente de muerte, acaban arrumadas en el armario donde por cierto tengo mas ropa de la que puedo guardar.

Dejo de mirar al suelo y suspiro mientras avanzo todavía jugueteando sobre la línea pero ya sin molestarme en si voy por ella recta o me he torcido. El puerto me relaja con tanto ruido de las bocinas de los barcos llegando o marchándose y me recuerdan no solo que mi familia me abandonó sino que llevo años ahorrando para poder irme de éste lugar yo también; una faena que me está costando una barbaridad porque todo lo que tengo ahorrado me lo gasto en esos días donde mi vida está tan vacía que necesito desesperadamente comprarme algo para llenarla. Una voz me saca de mis pensamientos y me detengo, miro a un lado miro al otro y cuando diviso unos pelos parados y despeinados muevo mi mano, sonrío y le saludo. Otra de las cosas imposibles dentro de mi vocabulario a parte de la palabra ahorrar es peligro. Siempre que me paseo por el mundo confío en la gente en un grado que resulta casi peligroso.

Escucho lo del reloj y lo busco por el suelo encontrándolo en el borde del acantilado. Mi primer impulso por supuesto es lanzarme a por él porque yo lo he encontrado y así se lo puedo devolver, me dará las gracias, yo me sentiré buena persona y podré irme a casa a probarme ese vestido divino de la muerte que me he comprado esa misma mañana y que me tiene en el puerto dándole vueltas a la cabeza por la culpabilidad. Avanzo hacia el bordillo tropezando con el cable que no vi, yendome de narices al agua no sin antes pegar un grito digno de una persona que está siendo vilmente asesinada en plena ducha donde hay una acústica acojonante.

Salgo del agua con el corazón a mil por hora porque esa pequeña distancia de la que me he caído han sido como diez mil metros para mi y en cuanto tengo de un bordillo al cual agarrarme me dedico un rato a toser escupiendo toda el agua que me tragué por caer con la boca abierta. Al conseguir recuperar la respiración y también la voz me quedo un tanto desconcertada porque no tengo ni idea de que narices ha pasado y no tengo consciencia de haber sentido a alguien empujándome. Se puede decir que me tropecé con mis propios pies que sé que soy tonta pero no tanto.

La única persona que encuentro en el lugar, aún colgando del bordillo del cual me sostengo solo con los brazos, es al mismo chico de antes que preguntaba por su reloj. - Lo siento, se me cayó - Ni siquiera soy capaz de culparle por lo que me ha pasado y señalo hacia abajo en el agua donde apenas se puede ver el fondo.

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Re: Unidos ¿O desunidos? por un hilo [Vanelope]

Mensaje por Malcolm A. Lynch el Vie Mar 01, 2013 4:12 am

La supuesta víctima no tardó demasiado en hacerse notar. Giré ligeramente mi rostro hasta dar con ella, con esa muchacha que ahora me saludaba con mucha energía. Parecía simpática... Pobrecilla. Lo primero que noté sólo con mirarla es que le iba esto de la buena vida; sus ropas no parecían de ser alguien que pasaba hambre. Si caía al agua, me daba a mí que iba a ser todo un espectáculo, tenía pinta de ser de aquellas chicas que se preocupaban en exceso por su físico. Pronto averiguaríamos si mis hipótesis eran demasiado erradas o no, pero por lo pronto me decidí a saludarla con una sonrisa... Bueno, una sonrisa de loco, seguramente, mientras alzaba una mano y movía los dedos correspondiéndole. Me mantuve en silencio, esperando que fuera directa al reloj como un pececillo que cae en la red. De hecho, si decía "había ido directa", me quedaba corto. Tenía complejo de Fórmula 1. Parecía incluso emocionada. Y bueno... En menos que canta un pavo, ya la tenía allí, metida en el agua, como una empanadilla en remojo. Una empanadilla, ¡que hambre!...

Pero el grito ensordecedor que profirió la chica, provocó que frunciera el ceño y cerrara los ojos, prácticamente llevándome los dedos a los oídos. En cuanto terminó, los aparté y abrí los ojos, encontrándome con una desconcertada muchacha que casi vomitaba el océano entero por la boca. La verdad es que el plan me había salido más redondo rosquilla de lo que creía...

- ¡Qué formas de interrumpir mis dulces pensamientos! - me quejé, como si estuviera realmente molesto a pesar de que no era yo quién estaba metido en el agua en pleno octubre. - ¡No sabes gritar con porpuridad! ¡Ni un sólo color en tu voz! Tendrías que pintar tus gritos de vez en cuando, ¡Qué forma de quitar la emoción a la situación! ¡Conozco personas que te hubieran condenado a cien años de arrancarte pelos de la cabeza día tras día, hasta que te quedaras calva!

Estaba siendo un poco cruel quizás, ¡Pero debía dejar claro cómo se tenían que hacer las cosas! Uno no podía ir por la vida como si fuera una película en blanco y negro, ¡Como si no hubieran practicado nunca! Los sentimientos, las emociones, debían ser plasmadas con exageración, había que ensayar si hacía falta, pero las cosas bien echas, no se admitían errores. Eso quería hacerle creer a la muchacha. Entonces volví a hablar en un tono calmado y pausado, en contraste con mi actitud de hacía unos segundos.

- Bueno, no importa, ya dicen que los objetos vuelven a quienes les pertenece ¿no? - "Las personas ya es otro tema..." sonreí de lado mientras la veía, aún en el bordillo, desconcertada y aún tomando aire. Desde luego que la joven se había llevado un buen disgusto, no todos los días te veías de un segundo a otro cayendo de cabeza al agua. Tal vez aún no sabía que había sido debido al hilo tensado entre pivote y pivote. - ¿No te parece demasiado temprano para tomar un baño, por cierto? Eres un poco rara - juzgué frunciendo el ceño con extrañeza mientras la miraba, sin parecer tener intención de ayudarla a subir. ¡Qué egoísta, qué loco! Pero me gustaba la imagen que veía, era como como ver gráficamente la vida, en la que uno tenía que aprender a salir del problema y superar los obstáculos por uno mismo, sin ayuda.

- Navega-vega, un barquito con una vela. Tiene un extraño sombrerito, y un mojado vestidito. Dos collarines, una pulserilla, ella parecía una pescadilla... - volví a canturrear animadamente mientras la observaba, haciendo clara referencia a ella - Yo que tú no tardaría demasiado en subir, se acerca una lancha a lo lejos, pero lo que está lejos, está cerca, y lo que está cerca, está lejos, todo depende de cómo lo mires. Igual estás más lejos de lo que crees de llegar a tierra firme. Pero realmente la tierra no es firme, porque flota y se mueve. Eso dicen - sonreí moviendo aún los dedos en el aire, cual director de orquestra, como si siguiera canturreando. Realmente lo de la lancha no era ninguna mentira, y uno de los pocos lugares libres era ese trecho de muelle en el que estaba la joven apoyada. - Empanadilla aplastada para cenaaaaaar - reí sin dejar de mover los brazos. En ocasiones creía que "estar loco" era lo que me hacía mantener mi cordura, irónicamente.

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