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Manzanas robadas

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Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Sáb Jun 30, 2012 10:52 am

Dos personas que no se parecen pero que viven juntas y que a pesar de todas esas diferencias se llevan bien. Ese era el caso de Nathanël Holmes y Sydney Watson. Se le hacía hasta curioso, pero a pesar de todo eso, podía llamarle amigo. Lo que más molestaba a Sydney en un principio era el hecho de que comía carne, siendo ella vegetariana, era algo que no lograba entender. Al final había acabado entendiendo eso y la bipolaridad del joven, que tan pronto podía estar feliz que al segundo estaba hecho una furia. Eso y el hecho de querer tener siempre la razón, que sino, el señorito se enfadaba.

La morena bufó al recordar eso. Más que nada porque aquel día ya había tenido un choque por una estupidez y habían acabado gritándose. Ella con lo calmada que era siempre, gritando, sí. La única forma como se había podido desahogar había sido dándole una “lección” al saco de arena que tenía en el sótano de la casa. Le daba igual de donde hubiesen surgido esas habilidades, en ocasiones como aquella eran bien útiles. Nunca mejor dicho.

Se llevó la manzana que había “tomado prestada” del manzano de la alcaldesa Siobhan Mills, a la boca, dándole un buen bocado. Vaya... que aquella mujer sabía cuidar de sus árboles. Decir que estaba deliciosa era decir poco. Miró por encima de su hombro mientras se alejaba de la casa de la mujer, por si acaso salía corriendo detrás de ella acusándola de robarle la manzana. Solo pensar en la rubia salir corriendo de la casa hizo que una sonrisa asomase por su cabeza, mientras se veía a sí misma corriendo a la carrera para huir de la alcaldesa. Aunque claro... en todo caso sabía que tarde o temprano habría acabado pagando por el robo.
¡Bah! Correr riesgos era divertido.

Volvió a poner la mirada en la manzana. Roja como la sangre. Se encogió de hombros mientras le daba un nuevo bocado y la saboreaba, sin dejar de caminar por la calle. Desde luego, capaz se volvía a arriesgar otro día cogiéndole otra manzana a Miss Mills, o quién sabe, unas cuantas. Luego le podría decir a Nate “Le he robado a la alcaldesa” con una gran sonrisa y ver como él perdía los papeles. ¡Oh sí! Tenía que admitir que le gustaba sacarle de quicio, a veces. Solo un ratito.

Se paró en una de las esquinas del pueblo (y ya sabía que, que una mujer se parara en una esquina podía parecer feo) manzana en mano observando a su alrededor. Realmente, si no estaba en casa era para no tener que aguantar a Nate en modo cascarrabias. Se preguntaba cómo sería de mayor... ¿Aún más cascarrabias? Porque entonces la llevaba clara.

Al final decidió que puesto que no tenía nada mejor que hacer iría al parque/plaza que no se encontraba demasiado lejos de allí, además le gustaba andar. No tenía problema con eso. Cuando llegó al parque la manzana ya había desaparecido de su mano (obviamente estaba enterita en su estómago). Ni siquiera se le notaba que acababa de cometer un “delito”. Más bien le divertía hacer las cosas sin pensar en las consecuencias.

Se sentó en uno de los bancos, y sacó de su bolso un libro “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen... Leía de todo y era el primer libro que había encontrado en la biblioteca aquella semana cuando había ido. Además... No tenía otra cosa mejor que hacer y hacerlo en el parque le gustaba, oyendo aquellos sonidos naturales y para nada artificiales. Claro que no todo podía ser perfecto.
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Sáb Jun 30, 2012 10:38 pm

Recién había acabado de salir de unas clases de repaso, y Everett se encontraba en las calles de Storybrooke, convirtiéndose en un peligro andante. ¿Por qué? Más que nada por el simple hecho de que haría alguna de las suyas, rompiendo algo, cayéndose o cualquier barbaridad solamente propia de él. Había aprovechado esas clases de repaso para hacer una práctica que le fascinaba: el robot que nunca chocaba con las paredes gracias a la luz. Habían varios modelos para ese proyecto, pero definitivamente ese era su favorito. Mediante sus indicaciones, los alumnos habían construido aquel robot con sus propias manos, todos colaborando y trayendo consigo un tremendo éxito, ya que al meterlo en una caja con las paredes pintadas de negro, aquel pequeño coche simple nunca chocaba con las paredes y giraba como loco por la caja. Le quedaba el resto de la tarde, ¿qué era lo que podía hacer? Everett no lo tenía del todo claro.

Llevaba colgada de la espalda una mochila negra y bastante desgastada, ¿qué llevaría ahí? Era todo un misterio, pero se rumoreaba que llevaba de todo, todo lo que necesitases se encontraba ahí. Everett siguió andando a un paso bueno hasta que repentinamente se paró frente a la pastelería de Savannah y Rebecca. Se quedó perplejo mirando el escaparate con todos los dulces que ofrecía y se le hizo la boca agua, había algo en los dulces que llamaba su atención tremendamente, le encantaban, pero cuando tomaba unos pocos se encontraba después terriblemente mal. Miró en el interior y al ver que había bastante gente, decidió dejar ese capricho para otro día que tuviera más hambre y continuó paseando por las calles de Storybrooke. Siempre era agradable pasear por allí, el pueblo en sí era bastante tranquilo (al menos para él, que era un despistado y rara vez se daba cuenta del verdadero ruido existente) y le encantaba encontrarse con amigos o conocidos suyos.

Se encontró con algunos que le preguntaron si se había perdido (como solía hacer) y él contestó que no, que aquel día estaba teniendo bastante suerte y era cierto, había llegado antes de tiempo a la escuela aquella mañana debido a que no se había perdido durante el camino. ¿Acaso comenzaba a conocerse Storybrooke al fin después de... muchos años viviendo allí? Decidió sacar de su mochila el cómic que llevaba desde hacía un par de días, se asombró al descubrir que era aquel número en el que Batman se enfrentaba a Hiedra Venenosa, y como si fuera la primera vez que lo tocaba, lo leyó emocionado mientras andaba. Sin darse cuenta apenas, viviendo el cómic por completo (aún a su edad), sus pies le llevaron hasta la plaza principal del pueblo. Cuando se percató de ello, se rascó la cabeza completamente desorientado ya que su día de suerte había acabado. Vio entonces una figura conocida sentada y leyendo, como había estado haciendo él antes.
Sigilosamente, para no molestar su lectura en aquel momento, se acercó a Sydney, la psicóloga de Storybrooke con la que se llevaba bastante bien, o más bien con la que tenía cierta complicidad. Se sentó a su lado en el banco, tosió levemente y de repente soltó:

-Doctora Watson, ¿podría usted hacerme un análisis psicológico de Bruce Wayne, conocido como Batman y de Pamela Isley, conocida como Hiedra Venenosa? -era una manera bastante burda de saludarla, pero después de todo una manera era. Estaba contento de haberse encontrado con ella y de poder pasar la tarde hablando y riendo.

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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Dom Jul 01, 2012 5:39 am

Levantó lentamente los ojos de lo que estaba leyendo después de terminar la línea, fijando sus ojos castaños en los azules de Everett y ocultando la sonrisa detrás del libro que en esos momentos solo dejaba a la vista los ojos de la doctora. De súbito cerro el libro, dejando la sonrisa plasmada en el rostro y lo dejó sobre su regazo.

- ¿Bruce Wayne y Pamela Isley? – Preguntó. Una pregunta retórica que no exigía respuesta, por supuesto. Sopesó la respuesta unos segundos, quizás más de los necesarios. Una forma de crear expectación en su interlocutor – Wayne posee una gran inteligencia, cosa notable, además es un buen estratega... Sino, no habría llegado a donde llegó por supuesto. Claro que... para eso también necesitaba de habilidades observacionales y memoria fotográfica... ¡Ah se me olvidaba! Experto leyendo labios, es una persona a la que posiblemente no se le escape ningún detalle... ¿Cómo voy? – Desvió la mirada hacia la plaza observando durante unos segundos a las personas que caminaban por allí – En cuanto a ella... Yo diría que sabe usar sus armas a la perfección, lo que la hace una mujer inteligente que sabe que la seducción es un arte.. Algo que no muchas mujeres saben hoy en día. Algo que no explotamos normalmente y que nos podría reportar bastantes beneficios... – Esbozó una lentísima sonrisa a la par que metía el libro que había estado leyendo en el bolso.

¿Para qué seguir teniéndolo fuera cuando ahora gozaba de tan buena compañía? Miró a su amigo volviendo a sonreír, algo que realmente no era difícil en ella, era más difícil verla enfadada, aunque claro no siempre era una chica de sonrisas. El caso es que con Everett cerca le salía con más naturalidad. Ella era todo lo contrario a las demás chicas, o eso pensaba ella al menos. ¿Por qué no se ponía nerviosa cuando estaba cerca de alguien que le provocaba aquella atracción? Siempre se lo había preguntado y es que al contrario que la gran mayoría ella estaba tranquila. Si, notaba el acelerón del corazón, pero por algún motivo conseguía mantener la calma. Cosas de la vida. En parte lo agradecía, así no caía en el ridículo.

- ¡No me digas que te perdiste...! – Bromeó. Sabía perfectamente que su amigo era un alma despistada y que el hecho de que se perdiera no era tan extraño, aunque tenía un poco de delito que se perdiese en un pueblo en el que vivían desde...? A saber... Como fuera, ella nunca se metía a malas con esa peculiaridad del joven. Ella era la primera que era una maldita impuntual del demonio. Daba igual que saliera con tiempo de sobra de casa, siempre llegaba tarde – Bueno, tú te perdiste pero yo le tomé prestada una manzana a la alcaldesa – Dejó caer como si fuese lo más normal del mundo. En cierto modo le hacía hasta gracia y no pudo soltar una risita – Me la he imaginado saliendo de la casa y acusándome de robo... ¿Qué me habría caído? ¿Un día en la celda de la comisaría? ¡Pues me daría tiempo para pensar! Fíjate. – Sí, Sydney no pensaba nunca (o casi nunca) en las consecuencias de sus actos y si las pensaba, era cuando ya las estaba llevando a cabo y no había marcha atrás.

Y si se lo estaba tomando en broma, era porque realmente sabía que de haber sido descubierta tampoco le habría pasado la gran cosa. Además, habría podido psicoanalizar a Robert Monroe un ratito y eso siempre era divertido. Las mentes más complejas siempre eran un reto para la joven Watson.
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Dom Jul 01, 2012 7:33 am

Fue asintiendo con cada afirmación que su querida amiga iba exponiendo. Cierto era todo lo que dijo sobre los personajes de Bruce Wayne y Pamela Isley, aquella inteligencia que poseía el superhéroe que tanto impresionaba a Everett cuando leía los cómics (porque gracia de muchos, él vivía mucho aquel mundo de superhéroes u otras tramas que pudiera leer), o las técnicas de seducción de la villana que hacía que el joven acabara descojonándose. Cuando Sydney acabó con aquel rápido psicoanálisis que él le había pedido, Everett aplaudió lentamente volviendo a asentir. Le enseñó el cómic a su amiga, pudiendo ver ella la portada.

-Excelente, te doy un diez. La próxima vez visitaré tu consulta, después de todo el título de loquera te lo mereces -dijo Everett. Era un pequeño apodo que él le había puesto en referencia a su trabajo. Claro que ella no era una loquera en toda regla, era la psicóloga de Storybrooke. Claramente, aquel pueblo necesitaba de una puesto que habían un par de sujetos que no se encontraban muy bien (mentalmente). El joven recordó una broma que le gastó Matt mientras paseaban por el pueblo, fue cuando pasaron al lado de la consulta de Sydney, que los dos se pararon ahí mismo y su amigo le soltó: "Hey mira, creo que lo tuyo te lo deberías mirar. ¡Es imposible que una persona se pierda por estos lares con tanta facilidad!" A Everett aquel tipo de bromas no le desagradaban en absoluto, y por ese motivo, ellos dos acabaron riendo a plena carcajada. La verdad es que podría haber sido una buena excusa para simplemente ver a Sydney, ya que disfrutaba de su compañía, ¿aunque debía haber una excusa para visitarla? Everett creía ciegamente en que no-. Pamela seduce debido a ese oscuro secreto que nunca revelará... Y es que cuando ganó esos poderes suyos quedó completamente estéril, lo que le debió provocar cierta impotencia hacia la situación.

La miró fijamente cuando comentó si se había perdido. Alzó ambas cejas y después las bajó en señal de derrota. Después de todo, ni siquiera sabía cómo había llegado a la Plaza Principal. ¿Cómo podía ser así? ¿Por qué nunca encontraba el camino a casa? Entonces, Sydney mencionó algo de un robo, un robo de una manza. ¿Había entendido bien el joven? Se abrazó a sí mismo para estallar en una sonora carcajada. No se lo podía creer, pero su amiga era así de... ¿aventurera? Quizá es por ese motivo que le llegara a gustar tanto, pero debido a su larga lista de decepciones amorosas había decidido asegurarse al cien por cien. Después de todo, era realmente feliz siendo su amigo, se lo pasaba realmente bien así como estaban. ¿Para qué pedir más? Se intentó imaginar el rostro de la alcaldesa enfadado, enfurecido, pero aquella imagen le extrañó, mucho y no sabía por qué.

-¿Una manzana a nuestra querida señora alcaldesa? ¡Socorro! ¡Una amiga mía es una delincuente! ¿Tendré que llevarte pasteles a la cárcel? ¿Cada cuánto tiempo podré visitarte? ¡Cielos santo, que horror! -se llevó las manos a la cabeza fingiendo horror-. ¡Ya me podrías haber cogido una a mí! Con lo que a mí me gusta la fruta... Y oye, ¿cómo te las has ingeniado? ¿Convirtiéndote en Batman acaso?

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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Dom Jul 01, 2012 10:13 am

- Sabes que puedes pasarte cuando quieras – Se encogió de hombros. “Loquera” era un término muy extendido y que la gente solía utilizar para menospreciar el trabajo de la gente que se dedicaba a la misma profesión que ella, pero también (y lo que ella consideraba aún peor) para humillar y menospreciar a la gente que acudía en busca de ayuda. Le parecía repugnante que la gente que fuese capaz de decir ese tipo de cosas con tal de herir a los demás. Por eso, las primeras veces que Everett le había dicho loquera, no había podido evitar fruncir el entrecejo y entrecerrar los ojos lanzándole una mala mirada.

- ¿No creías que fuese capaz eh? – Bromeó al tiempo que se apartaba algo del largo cabello, echándolo hacía atrás y echaba un vistazo a la portada que su amigo le enseñaba. Vaya, con que de ahí había sacado la idea de preguntarle precisamente aquello. – ¿Ganar? ¿Ganarlos has dicho? ¡Si la usaron como a un burdo experimento! La pobre se tuvo que conformar con que amar a sus plantas como si fueran sus hijos...

Se cruzó de brazos durante unos segundos fingiendo estar indignada, aunque era obvio que aquello no le iba a durar mucho, es más en cuanto le vio alzar las cejas y bajarlas en esa señal de derrota esbozó una minúscula sonrisa – Bueno, al menos gracias a perderte me has encontrado a mí... – Y eso era algo bueno, ¿no? Claro que suerte había tenido de encontrarla ahora y no cuando estaba totalmente cabreada y malhumorada. Suerte que se le pasaba rápido. Además oír la carcajada de Everett solo consiguió que ella también comenzase a reírse, sobretodo cuando recordaba como ella misma se había imaginado a Mills corriendo detrás de ella. – Pasteles de manzana. Tendrías que llevarme pasteles de manzana – Dijo soltando una nueva risita.

¿Cómo se las había ingeniado? Eso provocó otra carcajada en la joven – No te lo vas a creer... - ¡Pues claro que no! ¿Quién se lo iba a creer? Y es que... – Había salido de casa y tire a andar por la calle y entonces se me apareció la casa de la alcaldesa y bueno... Me dio por echar un vistazo. Atravesé la verja principal y me adentré en el jardín, caminando hacia la parte de atrás de la casa... ¡Y ahí estaba! El manzano. Y me estaba llamando..., quiero decir, que tenían tan buena pinta las manzanas que no pude evitar acercarme al árbol y arrancar una. Eso sí, habiendo comprobado antes que no había nadie alrededor... Y bueno, para salir hice lo mismo. Volví por el lugar por donde había venido, atravesé la verja y cerré. – Esbozó una sonrisa. Por algún motivo aquellas cosas siempre se le habían dado bien, parecía tener un oído alerta para el mínimo ruido. ¿Alguna habilidad especial? Si no fuera por el hecho de ser psicóloga, posiblemente le hubiese preguntado si creía que las personas podían tener habilidades especiales, pero lo que faltaban era que pensaran que estaba loca. Aún así había cosas en su vida que le parecían por demás extrañas y a las que por muchas vueltas que le diese no le encontraba ningún sentido.

- Ahora me ha vuelto a entrar antojo de manzana... – Murmuró posando la mirada en su amigo, en la lejanía y luego otra vez en él – Pero... No creo que te atrevas a cometer un delito, ¿no? Bueno, siempre podemos ir a la pastelería y comprar pastel de manzana. Invito yo. ¿Te apetece?
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Lun Jul 02, 2012 1:01 am

-Éso está hecho. Mis pasteles de manzana son los mejores, aunque claro, tú no has tenido la oportunidad de probarlos -y era cierto. No sabía cuándo había aprendido a cocinarlos y prepararlos, pero eran uno de los platos que mejor le salían (y que jamás se le quemaban). Se echó el pelo castaño hacia atrás y sonrió-. Deberás informarme entonces de los horarios de visita y así te alimentaré y te hinflaré a dulces -rió malvadamente, pero de repente calló, ya que esa frase le salió tan natural, lo había dicho sin pensar. Negó varias veces la cabeza intentando despejarse, esa no era la clase de cosas que solía decir-. Olvida lo que he dicho -y rió para relajarse a él mismo.

Se apoyó mejor en el respaldo del banco y se sentó con las piernas cruzadas para poder escuchar más cómodamente el relato de Sydney, de cómo había conseguido robarle una manzana a la alcaldesa de Storybrooke (sin lugar a dudas, la mujer más poderosa y temida de todo el pueblo). Le sorprendió en cierta manera la espontaneidad de la decisión de Sydney, pero después de todo, Everett conocía perfectamente aquel gusto suyo por lo peligroso, por aquellas acciones que le hicieran subir la adrenalina. En eso se diferenciaban bastante los amigos, puesto que a él no le gustaba correr riesgos de esa manera, sino construyendo, imaginando o cocinando. A Everett se le podría considerar un muchacho casero, aún así se sentía extrañamente cómodo en mitad del bosque (aunque no acudía mucho allí). Cuando acabó con aquella historia, Everett aplaudió un par de veces entre carcajadas. Le habría encantado ver la cara de la alcaldesa si hubiera llegado a ver a su amiga huir con una manzana suya.

-Y dime una cosa, ¿es cierto lo que comentan los rumores?, ¿sus manzanas son de lo mejorcito en Storybrooke? -Sydney dijo a su vez que tenía antojo de manzana-. ¡A ver si te has vuelto una adicta a la manzana y al delito! -miró a Sydney cuando escuchó su propuesta, guardó el cómic de Batman en su mochila y se la colgó en su hombro. ¿Por qué no? Además, le iba a invitar-. Justo acabo de pasar por la pastelería y me ha entrado un hambre... Así que no puedo decirte que no. Pero, ¿no le robarás a Savannah y Rebecca, no? -rió por aquella ocurrencia suya-. A veces pienso en toda la fortuna que habrás cosechado en tu trabajo, y mientras yo... con mi pobre sueldo que no me da para comer... -soltó por último en un tono bromista.

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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Mar Jul 03, 2012 2:45 am

- Pues ya va siendo hora de que los pruebe, ¿no crees? – Le preguntó alzando ligeramente una ceja antes de volver a sonreír. – ¿Cómo no me habías dicho antes que sabías hacer pastel de manzana? – Estaba sorprendida de saber aquello ahora y que no se lo hubiese contado antes… Era algo curioso, sobretodo porque sabía que a su amigo se le quemaban la mayoría de platos que intentaba hacer, aunque también era verdad que en todas las cosas de la vida había alguna excepción. – Además, tengo que corroborar eso de que son los mejores…

Más sorprendida se quedó cuando le oyó decir eso de inflarla a dulces. Abrió los ojos de una forma desmesurada y se quedó durante unos segundo totalmente estática para después soltar una carcajada – ¿Sinceramente? Preferiría que me inflaras tu a dulces, que comerme la comida que dan allí… - Solo pensarlo se le revolvía el estómago entero. Porque al menos por lo que mostraban en las películas no parecía estar demasiado apetitosa. – Es más..., piensa que en la celda también se puede hacer ejercicio. Seguiría teniendo mi cuerpo por mucho que me inflases a dulces – Le guiñó un ojo a su amigo divertida, demostrándole que no le había molestado aquello por mucho que él hubiese querido evadir el tema con ese “Olvida lo que he dicho”.

Sí, si que era cierto aquello que comentaban los rumores de las manzanas de la alcaldesa eran lo mejorcito de todo Storybrooke. Lo había comprobado, lo que aún no lograba entender como la mujer había conseguido aquello. Después de todo no se la imaginaba a ella cuidando personalmente de aquel árbol, así que a fin de cuentas sería alguien del personal. Frunció el ceño ligeramente ante ese pensamiento como si en todo aquello hubiese algo que la molestase. – Ahora que lo dices, sí. Estaba deliciosa. Me pregunto cómo lo hará... – Se mantuvo pensativa durante unos momentos antes de volver a levantar el rostro divertida ante lo que había dicho Everett – ¡No! Soy una persona decente que no se mete nunca en problemas con la justicia.

Podía ser que nunca pensase en las consecuencias cuando hacia según qué cosas, pero una cosa era eso y otra muy diferente meterse en problemas con la justicia – Cuánto menos tenga que ver a Monroe mejor para mí. ¡Siempre tiene cara de enfado! – Y era cierto. Parecía como si no pudiera cambiar de expresión o algo. – ¡Perfecto, entonces! – Exclamó al comentario del joven mientras se levantaba del banco y se colocaba bien el bolso al hombro – ¡No! ¡No les robaré! Ya te digo..., no quiero tener problemas con la justicia. – Comentó al tiempo que empezaba a caminar. Suerte tenía Everett en esos momento de que perderse no fuese algo que le pasara a Sydney. Estuvo a punto de gastarle una broma cuando llegaron al final de la plaza, pero no era tan cruel – ¿Fortuna? Tampoco gano tanto... Lo justo. ¡Reclámale a la alcaldesa! – Soltó divertida al tiempo que cruzaba la calle e iba a parar en la acera de enfrente para enfilar hacia la pastelería.

Fue entonces cuando le dio por mirar en su reloj de pulsera que hora era y no pudo evitar soltar un bufido... – Espero que no esté muy llena. Es hora punta. Sino... habrá que esperar. Aunque bueno..., esperar en buena compañía siempre hace que no se te haga tan sumamente pesado, al menos a mí – Comentó encogiéndose de hombros a pocos metros de la pastelería.
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Miér Jul 04, 2012 7:26 am

Abrió los ojos de sorpresa al escuchar el comentario de Sydney. ¿Las manzanas de la alcaldesa eran deliciosas? Cosa rara, muy rara... Había leído una vez que las plantas crecían si se encontraban en un buen ambiente, cálido, y la alcaldesa por muy cordial que se portase externamente, Everett podía percibir el halo de frialdad que le rodeaba. ¿Cómo, cómo? Se rascó la cabeza algo extrañado por aquella desconfianza que sentía hacia la señora Mills. Quizás fuera por el bajo salario que recibían los funcionarios, o quizás fuera por su manera de comportarse, pero sentía que debía respetarla y dejarle el camino libre. Rió y le dio un par de palmadas en el hombro.

-Para nada eres una mujer conflictiva... Que va, solamente tratas a ese tipo de personas. Esperemos que no se te pegue nada -estalló en una corta carcajada y continuó caminando-. ¡Qué dices de Savannah! No tiene cara de enfado, ¿o sí? A mí me parece una mujer muy agradable, ¡una de las pocas que me puede aguantar! Ella me ayuda con las recetas y me da unos consejos para que me salga mejor a la hora de cocinarlo... Con esto que Matthew es carnívoro me las tengo que ingeniar para cocinar... ¡Un momento! Soy como la mujer en casa -puse cara horrorizada mientras colocaba cada mano en una mejilla y lancé un pequeño grito ahogado y de sorpresa -dejó su paripé para después ya que no quería volver a perderse. Y entonces se dio cuenta de que no iba solo a la pastelería, cosa buena, bastante buena-. Sí, debería reclamarle a la alcaldesa... Pero a lo mejor me lanza una mirada de esas que te congelan o yo que sé... Me hace olvidar que gano poco dinero, ¿te imaginas? Como en los cómics -volvió a reír por lo absurdo de la situación, pero todo con Everett era así. Mejor aceptarlo en un principio, puesto que sino sería la perdición.

Se giró hacia Sydney cuando ésta soltó un bufido, como si estuviera cansada. Entonces mostró su duda sobre la hora punta de la pastelería. Y era cierto, aunque Everett pocas veces se interesaba por las horas que eran. Incluso cuando trabajaba, se metía tanto en los proyectos que sus alumnos tenían que decirle que la clase había acabado. Everett sonrió ante aquel halago por parte de su amiga, asintiendo varias veces. Le pasó el brazo por detrás de los hombros para instarle a entrar a la pastelería. Aquel acto en Everett lo utilizaba con sus más allegados, con los que mejor conocía, quizás le interesase Sydney, pero aquella acción no se podría interpretar de aquella manera. Le abrió la puerta y dejó que ella pasara primero. Entonces, se encontraron con una inmensa cola que abrumó al joven.

-¿Desde cuándo vive tanta gente en Storybrooke?

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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Sáb Jul 07, 2012 3:36 am

¿Desde cuándo vivía tanta gente en Storybrooke? Sydney entró del todo en la pastelería después de que Everett le abriera la puerta y se volvió hacía él divertida cuando hizo aquella pregunta – No creo que el problema sea la cantidad de gente que vive en Storybrooke, sino más bien que aquí todo está delicioso y todo el mundo acude antes de quedarse sin nada – Que se lo dijeran a ella, que algunos días por tener que pasar consulta toda la mañana, cuando llegaba a la pastelería ya no quedaba de nada. En días normales no le importaba, pero en aquellos días en los que tenía antojo de algo en concreto le molestaba que no hubiese justo lo que ella quería y aún más si del resto de productos aún restaban en la tienda.

A veces mandaba a Nate, pero claro, había que pillar al muchacho de buen humor que sino…

- Bueno, pues… Nos tocará esperar, esa es la mala noticia. ¿La buena? Que valdrá la pena la espera – En aquel local la espera era algo que siempre valía realmente la pena. Sydney había llegado a pensar que Savannah y Rebecca eran las hadas madrinas de Storybrooke, pues era imposible que todo les saliera tan divino sin ayuda de magia. Claro que si le decía aquello a Everett seguro que le saldría con un montón de explicaciones científicas, físicas y quién sabe que más que a medida que aumentaban no harían más que marearla y hacer que se perdiera entre aquel aluvión de palabras sin sentido para ella. Ella era pura de letras todo lo contrario del profesor, sólo había que mirar el puesto que ocupaba en el colegio.

- ¿Ves cómo al final no ha sido para tanto? – Le dio un codazo divertida cuando les tocó después de esperar cerca de veinte minutos. La mala noticia fue que solo quedaba un trozo del pastel de manzana que habían dicho tomar – ¡Pues nada, compartimos! – Espontaneidad al cien por cien. Ni tan siquiera había pensado antes de hablar, ¿para qué? A veces ponerse a pensar los pros y contras de algo era tan desquiciante... – ¿Te parece bien? – Eso sí que no estaba de más preguntarlo.

Una cosa era ser espontánea y otra no tener en cuenta la opinión de la gente que la rodeaba – A mí me da igual – Aunque eso ya era obvio. ¿Sino por qué lo habría propuesto? – Ah... Savannah, pone un capuchino también. – Sí, porque tomar solo algo de pastelería no era lo suyo, sobretodo porque en gran cantidad se le hacía incluso un tanto empalagoso. Aún así, eso no era el único motivo por el que lo pedía, era algo así como una manía tomar siempre un café (de cualquier tipo) o una infusión del sabor que fuera para acompañar aquellos manjares que tomaba de vez en cuando entre horas. Se quedó unos segundos en silencio antes de volver los ojos marrones hacía su amigo – Si quieres algo para beber, adelante. Puedes aprovecharte de mí hoy.
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Sáb Jul 07, 2012 4:37 am

Ciertas eran las palabras de Sydney y aquello le daba más rabia a Everett, puesto que a él comer muchos dulces le acababan sentando fatal, no sabía por qué. A lo mejor el joven tendría que acudir al médico para encontrar esa respuesta... Se colocaron en la fila y le sonrió a su amiga. Ahí también tenía razón, no podía quitársela. Metió las manos en sus bolsillos y silbó un par de canciones moviditas para que la espera no se le hiciera larga. Él se consideraba un chico bastante paciente, no le importaba esperar, incluso si veía a alguien en un apuro le colaba para que la otra persona llegara antes. Así era Everett de feliz, con razón se perdiera en un pueblo en el que había vivido... ¿cuánto tiempo? ¿Toda su vida? Sí, seguramente sí. Everett nunca le había dado importancia a aquellas lagunas de memoria que tenía, ya que después de todo él era un despistado que ni siquiera sabía en que día se encontraba (se lo tenían que recordar sus alumnos, ¡hasta los días de los exámenes!).

Pasaron veinte minutos y Savannah les anunció que solamente quedaba un trozo de tarta de manzana. Sydney dijo de compartir, a lo que Everett asintió cuando le preguntó. Al igual que no le importaba esperar, no le importaba compartir. Mejor aún cuando se compartía comida sabía mejor (dependiendo claro de la compañía). Su amiga a su vez pidió un capuccino a lo que Everett añadió:

-A mí ponme un botella de agua, así los trozos de manzana no se quedarán atrancados en mi garganta -rió divertido. Sí, Everett no era el típico caballero que siempre, siempre invitaba a las chicas. Vivían en una sociedad moderna y si Sydney se había ofrecido a invitarla, ¿por qué hacerle el feo? Era más, ella misma sabía o podía suponer que cualquier otro día Everett la invitaría, quizás a una comida en el Granny's o en cualquier otro sitio. Savannah les puso el trozo en un plato y los cubiertos para compartir, después les dio una botella de agua y la taza del capuccino. Everett cogió el plato y la taza de café y escogió un sitio libre, que había quedado libre en ese justo momento. ¡Perfecto! Era junto a la ventana. Colocó el plato en medio de la mesa y la taza de café en frente suya-. ¡Venga! ¡Venga! No puedo esperar... Tiene muy buena pinta... -dejó la mochila a su lado y esperó a Sydney.

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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Sydney J. Watson el Lun Jul 09, 2012 1:54 am

Y Sydney que creía fervientemente que Everett era una persona paciente…

- ¡No seas impaciente! – Exclamó divertida dándole un golpe cariñoso en el antebrazo con una de sus manos. Sonrió unos segundos a Savannah en el momento en que sus miradas se cruzaron y después barrió el lugar. Estaba prácticamente abarrotado, algo nada extraño a esas horas, pero se le hacía curioso pensar que parecía que a según que horas toda Storybrooke se juntaba en el mismo sitio. Se volvió de nuevo hacia su amigo, pero casi como si lo hiciera adrede, tomó la taza entre sus manos y se la llevo a los labios con calma para darle un sorbo.

Sonrió al profesor al tiempo que dejaba la taza sobre la mesa y tomaba el tenedor jugueteado con él durante unos segundos. Ella era muy tranquila y bastante paciente, además le gustaba tomarse su tiempo para hacer las cosas, al menos aquellas que tenía planeadas, porque las espontáneas, eran de aquel tipo de situaciones y acciones en las que no pensaba en las consecuencias hasta que las tenía delante de sus propias narices. Lo más irónico era precisamente que para las decisiones más importantes, era cuando por normal general era menos precavida.

- ¿Cómo van las clases? – Preguntó de súbito fijando sus oscuros ojos en los azules de su amigo. Normalmente siempre se preocupaba e interesaba por el trabajo del científico así que esa pregunta realmente no era tan extraña. Le hacía gracia además que tuviese tan poca memoria como para recordar la ubicación de su propia casa en Storybrooke y que al contrario, pudiese almacenar toda aquella cantidad de datos relaciones con las cosas científicas. La mente humana desde luego no dejaba de dar sorpresas. – ¿Te lo han hecho pasar mal hoy? – Preguntó divertida al tiempo que volvía a fijar su mirada en la tarta de manzana.

Sí, tal y como había dicho Everett tenía muy buena pinta, tanta que le daba hasta pena ir a comérsela en un momento – Tienes razón. Tiene una pinta deliciosa – Pero eso en aquella panadería realmente no era ninguna novedad y todos lo sabían. No recordaba haber comido allí nunca nada en mal estado o mal elaborado. Era magia, definitivamente.

Finalmente decidió que era hora de saciar la espera de Everett, clavando el tenedor en el trozo de tarta y cortándose un pedacito que se llevó a la boca. Lo saboreó durante unos segundos antes de ir tragándoselo poco a poco – No engaña a la vista. Delicioso como siempre – Fue lo único que dijo mientras le hacía un gesto a Everett de que tomase un trozo.
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Re: Manzanas robadas

Mensaje por Everett N. O'Connor el Lun Jul 09, 2012 9:31 am

Aquel golpe lo único que consiguió era que Everett instara aun más a Sydney para que sentara y probara ella primero el pastel. No era porque pensara que pudiera estar malo o envenenado, sino porque ya que era la que había pagado, le "cedía" el honor a tomar el primer bocado. Eran rasgos de la educación de Everett. Claro que él era paciente, había que serlo en un trabajo como el suyo donde su paciencia era puesta a prueba día a día, pero al ver el pastel le había entrado el hambre y las ganas infinitas de tomárselo de un bocado. Por suerte, se sabía controlar. Sydney decidió tomarse su tiempo para poner a prueba la paciencia del profesor, Everett aceptó el reto sin decir nada, solamente con mirarla y sonrió ante su pregunta.

-¿Las clases? Fantásticas, como siempre. Justo hoy hemos terminado un proyecto de tecnología. Los alumnos han construido un robot que con un sensor hace que nunca choque con las paredes oscuras, por lo que siempre está dando vueltas si lo colocas en una caja con las paredes pintadas de negro. Era un proyecto que les ha ayudado a entender el mundo de la robótica, que es fascinante -explicó con voz emocionada. La verdad es que a él el mundo de las ciencias le encantaba, lo conocía lo mejor que podía y se sentía muy satisfecho cuando sus alumnos comprendían perfectamente aquellos conocimientos que él les transmitía. Alzó una ceja divertido y rió-. Que va, que va. Ellos suelen portarse bien, menos cuando intentan confundirme con las fechas de los exámenes... ¿Te puedes creer que nunca me acuerdo? -negó con la cabeza y se rascó la barba pensativo-. Soy digno de investigación, quizás debería investigarme a mí mismo a ver lo que saco... -comenzó a desvariar, a hablar con él mismo y olvidándose de que estaba compartiendo mesa con su amiga.

Siguió pensado, maquinando más bien, y su atención solamente fue llamada cuando Sydney al fin probó la tarta de manzana. Los ojos curiosos de Everett se posaron en el trozo y después en su amiga, escrutándola, intentando saber antes de que le respondiese si la tarta estaba deliciosa o hiper deliciosa. Sonrió cuando sus sospechas fueron confirmadas. Cogió su tenedor y cogió un trozo de manzana. Riquísimo, como siempre. A él le salían aquellas tartas de distinta manera pero estaban igual de buenas (menos mal).

-¿Y sabes qué? Tengo pensado una serie de proyectos para la siguiente semana... -y así pasaron la tarde los dos jóvenes, hablando de sus cosas, de su trabajo, de cosas que compartían, de bromas que se les ocurrían.

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