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Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

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Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Dom Ago 12, 2012 8:43 am

Apenas han pasado cuatro dias desde el terrible ataque de los patos, y aunque suene triste decirlo, habia pasado el primero de esos dias en la cama, sintiendome humillada por unos tristes patos que no dejaron de atormentarme en las peores de todas mis pesadillas. Era patético. Me sentía patética. Así que lo mejor era volver al mundo real.

Decido levantarme de la cama y tras desayunar uno de mis cafes bien cargados junto con algunas galletas, hago lo propio de todas las mañanas, ducha, tirarme un rato en el sofa a ver las noticias, y poco más. Apenas puedo escribir en el ordenador, estoy nula de creatividad. No suelo escribir en la tranquilidad de la casa, yo necesito una cafeteria con gente que hable, con el aroma del cafe flotando en el aire, con el ruido, el bullicio y todo el jaleo. No sé porqué, normalmente es al reves, pero es lo que necesito. Me he dado cuenta de que las mayores oleadas de inspiración me llegan en los momentos más revueltos, en pleno concierto, en una cafetería o restaurante, donde haya mucha gente, como si la creatividad y la imaginación vivieran acompañadas de la gente. Cuanto más gente, mejor. Desenchufo el mp3 del cargador, sonriendo al ver que tiene la bateria totalmente cargada y, como siempre, me coloco los auriculares y me sumerjo en mi musica, en mi mundo de ruido, de tonos graves, de gritos y de solos de guitarra.

Me cruzo con gente por la calle, gente que conozco de vista, gente con la que de vez en cuando hablo... Pero con la que ahora no me paro a hablar. Mis pasos me llevan hacia la más ruidosa y bulliciosa de las cafeterias de Storybrooke y sonrio al ver que la terraza está prácticamente llena. La gente viene aqui a tomar el café, o a comer en el receso del mediodía. Yo vengo por la gente, porque el café es aqui fuerte, amargo y espeso, y cuanto más cargado más me pone las pilas.

Por suerte para mi hay una mesita libre en la terraza, así que me siento ahí, evitando que alguien me la pueda quitar y dejo mi bolsa allí, guardandome la mesa para entrar a pedir un café con leche condensada y una bolsa de patatas. Una vez fuera, saco una pequeña libreta con casi todas las páginas escritas y muerdo el capuchón del boligrafo, mientras las palabras me llegan a la mente y las transcribo al papel. Apenas cinco minutos más tarde me sirven el café y la bola de patatas y aparto el cuaderno un poco para que no se manchen las hojas y cojo una patata, untandola en el cafe con leche condensada, removiendolo y comiendomelo. La gente me mira con las cejas alzadas, pero en ese sentido, no me importa, me gusta hacer mezclas raras y añadirle patatas fritas a casi cualquier cosa, desde un bocadillo a una tortilla, o un café, o una sopa. Vuelvo a centrar mi atención en el papel durante unos minutos hasta que algo me despista unos segundos, haciendo que levante la mirada hacia un hombre alto y con el pelo de un llamativo pelirrojo oscuro que entra en el café.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Dom Ago 12, 2012 4:13 pm

Se aburría, se aburría mucho. Ya no sabía ni para qué se molestaba en levantarse temprano para ir a trabajar, lo único que hacía era pasarse el tiempo paseando de un lado a otro en la sala de autopsias. Le angustiaba ver todas las mesas vacías, impecables, sin restos de pequeñas gotas de sangre y con un cuerpo abierto acostado sobre ellas. Terriblemente angustioso para él, que amaba su trabajo, aunque este se encontrara en el sótano y apenas viera la luz del sol. Oh, si, eso le molestaba terriblemente, más que cualquier otra cosa. Lo habían "tirado" al sótano cual perro, en la última planta del hospital como si él no mereciera algo mejor. No le gustaba la humedad ahí abajo, no le gustaba el eco de sus pies de un lado a otro. Sentado con los pies sobre la mesa, un cigarrillo en la boca y un libro en una mano. Dejó el libro sobre sus pies, boca abajo abierto por la página por la que iba. Se frotó los ojos, que le dolían tras pasarse tanto tiempo con la mirada fija en aquellas diminutas letras. Mientras daba otra calada al cigarrillo se fijó en el esqueleto de plástico en la esquina de la sala. Volvió a coger el libro, puso el marcador de páginas y lo dejó sobre el escritorio después de levantarse del cómodo sillón. Apagó el cigarrillo en el cenicero sobre la mesa. Avanzó hasta el esqueleto con el entrecejo arrugado. Tomó entonces su mano y se la estrechó, como si se tratara de una persona normal.

-Buenos días…-miró la pelvis del esqueleto, reconociendo la pelvis característicamente masculina-…señor. ¿Todo bien? Se le ve un poco delgado, ¿está comiendo usted bien? ¿Le apetece una partida de ajedrez?-.

Hablaba solo, como siempre. Y casi prefería hablar solo, creer que un triste esqueleto tenía vida y hablaba con él que hablar con otra persona. A no ser que esa persona le hablara para decir que lo odiaba. O que le tenía miedo, que algo le molestaba de él, que le dedicara un insulto. Cosas malas, casi siempre, que eran música para sus oídos. Descolgó el esqueleto de su soporte planeando sentarlo en una de las sillas frente a su escritorio para echar una "animada" partida de un juego que adoraba: el ajedrez. Mientras se dirigía al escritorio a colocar la silla, tropezó con una de las piernas del esqueleto y cayó al suelo sin poderlo evitar. Aún en el suelo, golpeó el suelo con el puño cerrado, enfadado. Se levanto con agilidad y miró al esqueleto. Se le había descolocado la mandíbula y parecía que se reía de él. Sonrió siniestramente antes de zarandear el esqueleto a un lado y a otro mientras lo agarraba por el cuello. Hasta el cabrón del esqueleto se había aliado con los otros idiotas para hacerle la vida imposible. Lo echó a un lado, molesto. Le daba igual que se rompiera, le importaba una mierda todo.

Cogió su abrigo de la percha y salió de la sala dándole una patada a la puerta. Por el pasillo trataron de detenerlo un par de enfermeras, pidiéndole que rellenara no sabe qué papeles, porque no les prestó atención, pasó de ellas, ni siquiera las miró. Necesitaba recuperar el buen humor, regodearse sobre algo. Se fijó antes de salir del hospital en el enfermero que se había reído de él y que había pagado con unos pequeños insectos en su cama. Entonces sonrió. Se pasaría por Granny's a regodearse un poco, a preguntar como iban las labores de exterminio o si habían conseguido atrapar todas y cada una de las cucarachas que había liberado en una de las habitaciones. Y puso rumbo al hostal sin pensárselo mucho. Una vez frente al hostal, pensó que podía aprovechar para tomar algo. Se metió en la cafetería con en entrecejo arrugado, pensando en qué pedir. Pidió finalmente un café muy fuerte y muy caliente. Le gustaba la comida y la bebida muy caliente. Las mesas en el interior estaban llenas. Estúpidos que decidían llenar las mesas justo cuando iba él. Salió entonces a la terraza. Recordó que no había tachado de su libreta el nombre del enfermerucho. Agarró el bolígrafo con la boca, sacó su pequeña libreta negra y la agarró con la misma mano con la que agarraba el café. Y empezó a escribir. No se dio cuenta que iba derramando el café por el camino, al haber girado la taza. Tampoco se dio cuenta que caía sobre una joven rubia hasta que fue a dar un sorbo a la taza de café y comprobó que no había nada de líquido dentro. Se dio la vuelta y miró a la joven mojada de café con una ceja alzada. Ella se había metido en su camino, le debía un café y así mismo se lo dijo.


-Mi café. Me debes un café.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Dom Ago 12, 2012 11:35 pm

En apenas quince minutos que llevo en el cafe tengo escritas, como mínimo, tres hojas y media de la libreta, con sus tachonee sus borrones, con sus anotaciones a los bordes, sin haber dejado tan apenas espacioa en blanco. Las pulcras y limpias hojas estan hora cubiertas en su totalidad de una fina y alargada letra. De esa caligrafía que la gente considera d médico porque es caai ilegible, aunque para mi, se entiende perfectamente. Es mi letra al fin y al cabo. Mal me iria si no entendiese mi propia letra...
Vuelvo a acercar el bolígrafo a la libreta cuando noto algo caliente, más que caliente, que me quema el brazo izquierdo. Doy un respingo, sobresaltada, cuando de nuevo vuelvo a notar que algo semejante a lava hirviendo se desliza por mi hombro. Tengo que decir que odio. odio, odio cualquier cosa extremadamente caliente. El café pasa porque pasa, pero la comida caliente, los dias de verano, calurosos, en los que el sol es capaz de derretir hasta la tinta del boligrafo... se me hacen insoportables. Una tortura más cruel que si estuviera en el mismisimo invierno. Yo prefiero el frio, desde siempre, no recuerdo el porqué, pero ha sido así.Siento el liquido resbalarse por mi piel, haciendo que la camiseta se me pegue al cuerpo, pero me arde de una forma dolorosa. No-soporto-el-calor

Me giro sobre mi asiento, buscando a esa persona molesta que me ha derramado el café y veo pasar por mi lado al mismo hombre de cabello pelirrojo que hace unos minutos he visto entrar. Va escribiendo vete a saber qué en una libreta, despistado, con la taza en la mano, derramada. Es obvio que el café que me mancha la camiseta y me quema es de esa taza. ¿Es que la gente no puede tener un poco más de cuidado?
Bufo para mis adentros y me giro de nuevo, con la intención de dejarlo pasar, centrandome de nuevo en la libreta, la cual por desgracia para mi, tambien ha sido manchada con algo de café. Y eso me hace rabiar, más que el hecho de estar cubierta de café, más que nada, porque hay varias frases completamente borradas por el liquido, casi media página entre gotitas aqui y allá, y es un completo desastre, porque tendré que volver a reescribirlo y todo buen escritor sabe que nunca, nunca jamás, un segundo escrito va a ser tan bueno como el primero, aunque esté calcado letra a letra, porque el segundo será una mera copia del primero, porque no habrá puesto el mismo sentimiento en cada palabra, solo habrá plasmado la amargura de tener que repetirlo porque un idiota le ha borrado el primer escrito con café.
Casi puedo notar como el siseo amenazante de una serpiente cascabel resuena por dentro. Esa vocecita interna de dice "peligro, peligro".
Vuelvo a darme la vuelta, esta vez sí, con la intención de darle un buen sermón a ese tipo cuando veo que también él se gira contra mi, con un rostro serio a la par que tranquilo y con un cierto aire de despistado. Y cuando abre la boca para hablar, casi tengo que aguantarme la risa. ¿Me esta... Me está exigiendo un café? Ni siquiera me lo pide de forma educada. Habría estado bien un "Disculpe, iba distraido y se me ha caido el café, ¿podría invitarme a otro, por favor?" eso no me habría molestado, es más, se me habría pasado el enfado y probablemente se lo hubiera pagado, o una simple disculpa, sin pedirme un café, pero no. Nada de disculpa. Solo una axigencia. Que yo le debía un café.. Sin duda el tipo que tengo delante es un tipo altivo, orgulloso, serio, mandón y muy maleducado. ¿Cómo puede venirme con exigencias de ese tipo cuando es más que evidente que la culpa ha sido suya? Ni que yo me hubiera movido en la silla y le hubiera hecho tropezar.. Tomo aire, tratando de calmarme y miro la taza d emi café, todavía a medias, con migas de patatas en el liquido oscuro de tanto mojar en él las patatas fritas.
-¿Disculpe...? Estás de broma ¿Verdad?
no puedo evitar hablarte en tono jocoso y de burla. Debe de estar de broma. Es demasiado inverosimil. ¿Que yo te debo un cafe? En todo caso, tu me deberías a mi una libreta y una camiseta, y no te lo he exigido, pero lo mínimo en tu caso es una disculpa, y no una exigencia... cruzo los brazos a la altura del pecho, frunciendo el entrecejo y apretando los labios, pero por momentos, el enfado crece en mi interior, por su descaro y su arrogancia de venir exigiendo. Vuelvo a mirar mi café unos segundos y ladeo la cabeza. -¿Sabe qué...? Tiene razón... le debo un café... le dedico la mejor de las sonrisas que puedo ofrecerle, esa sonrisa de chica buena que pide disculpas y me giro sobre mis talones y cojo mi bolso de encima de la mesa, entrando de nuevo en la cafetería, dejándole plantado allí. Pido un café solo, pero bien caliente, de esos que es tomarlo y se te quema la lengua y cuando me lo sirven, pago y salgo con la taza en las manos, sin importarme quemarme las yemas sosteniendo la taza. Vuelvo a plantarme ante el chico, con la misma sonrisa en los labios.
-Su café... señor. Y sin esperar a que diga nada, cojo la taza y la derramo sobre su hombro, de la misma manera que el ha derramado la suya sobre mi. Dejo la taza vacía sobre mi mesa y vuelvo a cuzarme de brazos ante él, sin cambiar mi sonrisa de los labios. -Ahora me debes tú un café. Y una libreta nueva.. añado para mis adentros, pero me callo. Yo y mis arrebatos. No debería haberlo hecho, y lo sé, pero ahora ya es tarde para pensarlo.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Lun Ago 13, 2012 3:25 am

Hoy todo el mundo se metía en su camino. Hasta los objetos inanimados eran capaces de amargarle un día en el que se había levantado más o menos de buen humor. Eso hasta tener que saber que pasaría otro día agobiado entre cuatro paredes, sin hacer nada. ¿Por qué cojones no se moría nadie en el apestoso pueblo? Eran idiotas para todo menos para morirse. Quizás debía apuntarlos a todos y cada uno de ellos en mi libreta o meterme en cada establecimiento y casa de Storybrooke ideando una venganza especial para cada uno de ellos. Tenía mucha imaginación si, pero sólo cuando se trataba de cosas malas, de hacer sufrir. Y lo único que hacían bien aquellos payasos era molestarse, caer en sus trampas y, sobre todo, amargarle la existencia.

James mira a la chica de cabellera subía aún con la ceja alzada. Por supuesto que espera un nuevo café entre sus manos igual de caliente que el que había pedido en un principio. Un café que era exactamente como él: amargo y oscuro. Y lo quería ya. Cerró la pequeña libreta negra y la guardó en el bolsillo trasero de su pantalón, mientras que el bolígrafo aún lo mantenía en sus manos, sin apartar la mirada de ella, desconfiado y exigiendo su café. No pensaba marcharse con las manos vacías. Ella se había metido en su camino, él no tenía la culpa de que el café le hubiera caído encima. Que se hubiera apartado. ¿Pedir disculpas? Jamás. Las disculpas no entraban dentro de sus planes nunca, las palabras "por favor", "perdón", "lo siento" y demás no entraban dentro de su vocabulario a no ser que su uso fuera meramente irónico y con fines macabros, tales como dejar en ridículo a alguien. Golpeó con una pierna el suelo, a ritmo constante, exigiendo que levantara su enorme culo de la silla y fuera a por una nueva taza. Ya. La quería ya. Se echó a reía a carcajadas visiblemente falsas mientras la chica hablaba, dándole a entender que le importaba más bien poco lo que ella pensara, que ni pensaba darle un café, ni una libreta, ni una camiseta. Volvió a ponerse serio con la misma rapidez con la que se había carcajeado, visiblemente molesto.

-Es tú culpa por meterte en mi camino. Por supuesto que no te daré nada, a no ser que quieras un nuevo cerebro, que estoy seguro que te hace más falta que otra cosa-. Le dijo llamándola tonta, poco inteligente, de una forma encubierta. Un nuevo nombre que se sumaría a la larga lista que ocupaba ya su libreta. Solo tendría que pensar delicadamente qué hacer, investigar un poco por aquí y por allá, permanecer hablando con ella el tiempo suficiente para descubrir una de sus debilidades, cosa que s ele daba bastante bien.

¡Ja! ¡Se había salido con la suya! Fue lo que pensó cuando aceptó. Por fin alguien en el jodido pueblo aceptaba que él tenía siempre la razón, que él mandaba sobre los demás y era alguien superior. Porque por supuesto que lo era. Y no era adecuado buscarle las cosquillas. Jamás. Por su acto de obediencia, James eliminaría la venganza contra ella. Bueno, no, la atrasaría unas semanas, pero al final acabaría aburriéndose y haciendo cabrear a la rubia. Le encantaba, adoraba ver a los demás molestos por su culpa. Los insultos eran música para él. Y dar miedo lo que más. Esperó tranquilamente, jugueteando con el bolígrafo entre sus manos a que regresara, mirando como partía, analizando su caminar.Lo cierto es que no estaba mal. Extiende la mano para agarrar la taza, pero el café cae sobre él, sobre su hombro. Apenas se inmuta, pero una mueca aparece en su cara. Adoraba el calor, adoraba el fuego y otras de las cosas que hacía en el trabajo era matar el tiempo jugando con uno de sus múltiples mecheros. Aún así escocía, aunque el calor en su piel se le antojara familiar. Muy astuta, una chica que lo encaraba al fin y eso lo valoraba hasta cierto punto.


-¿Está segura de querer jugar a este juego conmigo, señorita?-. Habló con una sonrisa siniestra, que presagiaba lo peor mientras sacudía su brazo de café. Buena forma de desperdiciar un líquido tan sabroso. Miró su camisa de botones manchada, costaría sacar el café. Y era de sus camisetas favoritas, aunque fuera simple. Empezó a reír lentamente, ocultando su enfado, las ganas de matar que sentía. Aún así su risa no dejaba de parecer forzada, muy molesta. Se dio la vuelta lentamente, como si planeara alejarse de la joven, marcharse de allí. Cogió entonces, de la mesa de al lado, donde una pareja comía tranquilamente lo que parecía ser sopa de pescado, uno de los platos aún prácticamente lleno y se lo echó por encima a la rubia, con una sonrisa. James dio la vuelta para esa vez si largarse del local, pero se detuvo-. Oh, una cosa-. Se acercó de nuevo a ella y le acareó la cabeza con una mano. Acercó la otra, en la que aún tenía el bolígrafo a su cara y escribió sobre ella con caligrafía dudosa, dado que aún se esforzaba en mantener la cabeza de la otra inmóvil-. Soy estúpida-. Dijo a medida que escribía. Soltó a la joven y se olió las manos, haciendo una mueca por el olor del pescado y luego admiró su obra, sonriendo levemente. Para que se lo pensara dos veces antes de retarlo a él.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Lun Ago 13, 2012 8:43 am

Observo la mueca que se forma en su rostro con una satisfacción interior casi maquiavelica. No soy esa clase de chicas que va haciendo esto por ahi, lo reconozco, pero tampoco me dejo avasallar por la gente, ni pisotear, ni mucho menos dejo que un descarado como este me mangonee. Vamos que no...
-Yo no lo considero un juego... respondo secamente a su pregunta. Para mi es mucho más, una cuestión de honor, mi honor, el cual ha quedado manchado con el mismo café oscuro de mi camisa. Por unos segundos me parece atisbar en los ojos azules del hombre un brillo, tan efimero y fugaz que se esfuma en menos de un pestañeo. Un brilo extraño, como si ese acto de echarle el cafe por encima le pareciera divertido..
Le veo darse la vuelta y por un pequeño instante saboreo interiormente el placer superior de haber vencido, pero ese pensamiento se esfuma en cuanto le veo inclinarse a coger entre sus manos un plato de sopa de una pareja que come tan tranquilamente. ¡¡No será capaz!! Abro los ojos, alarmada unos segundos y veo que se acerca con el plato de sopa hacia mi.
Instintiamente me hecho hacia atras pero está la mesa, y cuando quiero darme cuenta, siento el calor de la sopa resbalarme por parte del pelo y por toda la ropa. Quema, y está espesa y en parte gelatinosa. Arrugo la nariz en un ligero gesto de asco y vuelvo a sentir en mi interior la vibración amenazante de una serpiente cascabel. Mi yo interiór está enfadado y se ha transformado en uno de esos diablos rojos que llevas en el hombro y que te tientan con las cosas malas. Y ahora mismo me dice que me cargue a este idiota. Tan enfrascada estoy en mi mente, en escuchar lo que mi yo maniaco y enfadado me grita en mi interior que no me entero hasta que le tengo encima de que me está escribiendo algo. Le tengo casi pegado a mi, escribiendome algo en la cara. Observo por unos segundos, paralizada, esos ojos, azules, frios, peligrosos. Son de un azul frio como el hielo, pero no es el color lo que los hace frios precisamente, sino lo que ofrecen, lo que dejan ver que es. Y nada más mirandole se que es alguien controlador, tal vez un incomprendido de la vida que odia a todo el mundo...
Aparto mi rostro con un gesto brusco de sus manos y niego con la cabeza esbozando una sonrisa de esas que muestras cuando estas cabreada, a punto de soltar un guantazo. Pero no. Eso seria demasiado poco. Me giro hacia la misma pareja a quienes les ha quitado el plato de sopa y cojo uno de los platos que tienen alli, con un bistec en salsa. -¿Me lo prestan, por favor? Les prometo que la siguiente comida se la pago yo, no me importa... doy media vuelta con el plato en las manos y me acerco al hombre.
-Y no, no necesito un nuevo cerebro, yo ya tengo uno y te puedo asegurar que me va perfecto, pero tú sí, un cerebro que te enseñe a usar tus modales...
hundo el dedo en la salsa y lo acerco, escribiendo la palabra modales en su frente. Que te enseñe el respeto a las personas.. vuelvo a mancharme el dedo con la salsa y escribo la otra palabra, respeto, en una de sus mejillas. -Y educación... que te falta un poco no, mucho, de todo eso.. añado la otra palabra a la otra mejilla. Le dedico una sonrisa y me alejo un paso ladeando el plato de forma que toda la salsa le resbale por la camisa y los pantalones y que el bistec le caiga sobre uno de los zapatos con un ruido similar a un "chof" y dejo el plato en la mesa, dando dos pasos hacia atras, cruzandome de brazos, observando el panorama del chico. Toda la cafetería ha girado la cabeza para mirarnos, y ahora que nos miro a ambos, no puedo contener la risa, echandome a reir a carcajada limpia. ¡¡Esto... esto es patetico.. hahahahaha!!! me agarro el abdomen, doblandome, casi llorando de la risa.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Miér Ago 15, 2012 6:54 am

Le gustaban los retos, disfrutar del esfuerzo que conllevaba molestar a alguien. Había gente que con unas simples palabras, un insulto tal vez, le daban lo que él quería, ese sentimiento de triunfo al ver su obra, al lograr molestar a alguien, atormentar. Le gustaba saber que pequeños pensamientos de odio, insultos y más iban destinados a él por lo que había hecho, por lo que planeaba hacer o simplemente porque era el capullo de turno. Cierto era que la fama no le satisfacía, pero sentir que los demás hablaban de él por lo que hacía, ganarse críticas, que hablaran de él y de lo que hacía le satisfacía. Y de nuevo se había ganado otra enemiga, aunque el castigo hubiera sido muy pobre. Pero era lo primero que se le había venido a la cabeza, actuando impulsiva y vengativamente. Quería molestar y vaya que si lo había logrado. Comprueba la molestia en su rostro, las muecas desagradables y se queda mirándola, expectante, preparado para deleitarse con insultos hacia su persona. Insultos que no llegaron. Miró a la rubia con una ceja alzada. Levantó las manos en señal de paz cuando empezó a acercarse a él, temiéndose lo que ya venía y no quería que su ropa acabara perjudicada, no más de lo que ya lo estaba. Como se atreviera a tocar tan sólo con una gota de esa asquerosa salsa su camiseta blanca, se la haría limpiar con la lengua.

Encima osaba hablarle de modales a él. ¡A él! A una persona como él que era un perfecto caballero siempre que no lo sacaran de sus casillas, como había ocurrido. Vale, no abría las puertas a las damas para que pasaran primero, tampoco ofrecía su ayuda ante todo. Vale, no hacía nada bueno, solo molestaba. Pero hablaba con respeto, ocultando eso sí pequeñas burlas y usando la ironía en sus frases, y solo faltaba, insultando, cuando le hacía enfadar. Lo cual solía ocurrir siempre o ya buscaba él solo un motivo para acabar cabreado con todo el mundo. Vale, realmente no tenía lo que se decían modales, ya que tampoco llegaba puntual a sus citas. Pero claro, siempre era culpa externa, él no tenía nada que ver. Ve acercar su dedo a su cara, pero aún así no se mueve. Le gusta esto, le encanta el extraño "juego" que se traen entre manos. Sonríe calculador mientras escribe en su frente y sus mejillas. Y sonríe más ampliamente cuando la salsa mancha su camiseta, sus pantalones y sus zapatos. Pequeñas gotas también caen en su mano, así que la levanta y se lame los dedos sin apartar su mirada maligna de ella. Ha sido una buena jugada, eso no puede negarlo. Se distrae un momento para dedicar una mirada cargada del más sincero odio a todos los que se han girado para mirarlos. Y parece que funciona, porque algunos vuelven a lo suyo. Siente que todos se ríen de él.


-Vale, genial, todo muy bonito. Cuida tus espaldas cuando vayas por ahí, no sea que acabes antes de tiempo en mi mesa de autopsias -amenaza sutilmente-. Reconozco que ha sido lo más interesante que me ha pasado hoy, reconozco también que ha sido un placer "jugar" contigo. Es lo más interesante que me ha pasado en días, semanas. Y no niego que es entretenido descubrir a alguien que al fin sea capaz de plantarme cara-. Se le contagia un poco de su risa, pero en cuando se da cuenta vuelve a ponerse serio. Se sacude las manos, lanzando pequeñas gotas de salsa en todas las direcciones-. Sólo por eso te mereces un nuevo café. Te lo pagaré.

Hace un leve gesto con la cabeza y abandona la terraza para adentrarse en la cafetería. Pide un café, caliente y exige que no le echen nada de azúcar. Disimuladamente, sin que nadie sea capaz de verlo, coge el bote de sal, le quita la tapa y mete una buena cantidad en el café. Remueve durante un rato y vuelve junto a la chica rubia. Le tiende la taza, con gesto serio. Se le da bien disimular mientras en su mente se siente eufórico, especulando contra todos y todas. Espera que se lo beba de golpe y acabe vomitando por alguna esquina.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Miér Ago 15, 2012 10:52 am

Aunque lo intento, me es imposible contener la risa y durante un unos minutos me carcajeo sin poder parar, sorprendiéndome al descubrirle, durante un breve instante y muy corto espacio de tiempo, sonriendo. Creo que ha sido la primera y única sonrisa sincera que le he visto mostrar en todo el rato que lleva aquí. Le veo dedicar también una mirada a todos los presentes que han volteado la cabeza de sus conversaciones o de sus platos, ofreciéndoles a todos ellos una mirada  que fijo que es capaz de asesinar. Esa mirada seguro que tiene un radio de asesinato de cien metros.

Escucho su amenaza y lejos de asustarme vuelvo a soltar una risotada. 
-Lo siento por ti, pero tengo planeado vivir más tiempo, todavía me quedan demasiadas cosas por probar.... Tus amenazas no me dan miedo... añado tras unos segundos completamente convencida. ¿Porqué iba a darme miedo? Sé de sobras que no va a cumplir su amenaza.¿Qué va a hacerme, apuñalarme? Há.... Bueno, al menos me ha servido para saber algo más sobre él, un tipo curioso y sin modal alguno, pero que tengo que reconocer sinceramente que en el momento en que se le ha escapado esa sonrisa sincera, me he sentido bien, y se me han ido del cuerpo los pocos remordimientos que sentía por haberle tirado el café y la carne por encima, aunque tengo un no sé qué por dentro que me dice que a él no le ha pasado lo mismo...

También se me hace interesante para mí toparme con alguien como tú...  le dedico otra de esas sonrisas, cargadas de menos ironías y de más sinceridad que las otras. Prefiero no especificar el "tú" porque realmente por lo que he podido conocerlo estos minutos, tengo ya un montón de maneras de definirlo en mi cabeza. Borde, consentido, calculador, frío, insensible, maleducado.... Y así mil y un adjetivos, pocos buenos.

Casi me sorprende cuando me indica que me debe un café. Digo casi porque en realidad si me paro a pensar el no me ha tirado mi propio café, sino el suyo, por lo tanto no me lo debe. Estoy a punto de decírselo cuando se va hacia adentro de la cafetería y regresa al cabo de cinco minutos con un café humeante que me tiende. Lo cojo de sus manos, sosteniéndole la mirada en todo segundo. Gracias, pero no tiene porqué... Mi café todavía sigue intacto...   le indico señalando la taza de café que aun esta por la mitad, junto a mi libreta manchada, pero aun así me llevo la taza a los labios observando su expresión. Se calar a la gente, y poco tardo en darme cuenta de que le ha echado algo al café, porque mira con un rostro demasiado serio, como esperando que suceda algo. Se me da bien reconocer a la gente... Que le voy a hacer. Aunque por un momento pienso en darle una pequeña satisfacción personal y le pego un leve y diminuto sorbo al café. Enseguida el amargo y horripilante sabor del café con sal me envuelve la boca, dejándome un sabor horrible. Aun así, sonrio. ¿Sabe? Me he confundido tantas mañanas por ir despistada y dormida cuando me preparo el café que ya me he hecho inmune al café con sal... es cierto en parte, pues me confundo muchas mañanas, pero aun así tampoco es que me agrade el café con azúcar. Sin embargo, le vuelvo a sonreír, mirando directamente esos profundos ojos azules y me bebo el asqueroso café de un par de tragos, con el gesto incluso de estar disfrutando y le tiendo la taza cuando acabas junto con una gran sonrisa de satisfacción. -Gracias por el café que me debía.. Muy amable. finalizo con una sonrisa interior por haber tomado cierta ventaja sobre él.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Miér Ago 15, 2012 12:08 pm

No deja de lanzar pequeñas miradas a su ropa, asqueado. No sabía si echarla en la lavadora nada más llegar a su casa o tirarla directamente a la basura. Las manchas serían difíciles de quitar, no le cabía duda. La salsa en su cara le picaba, así que aprovechando que la camisa ya estaba sucia, cerró el puño agarrando la tela y se lo pasó por la frente y las mejillas, eliminando la salsa y de paso rascándose. Vuelve a centrarse en ella mientras sigue estregando su mejilla, con fuerza. Seguramente se le quedaría roja del tacto, pero no le importaba. Valiente. Esa es la primera palabra que se le viene a la mente, sin embargo luego rectifica. Temeraria sería una mejor opción. ¿Por qué? Porque la chica no sabía con quién se estaba metiendo, porque si se lo proponía James podría reducir su vida a la nada, podría hacerla sentir miserable, que se odiara a sí misma, que los odiara a todos. Siempre y cuando no tropezara con algo y sus planes acabaran mal, que era lo que solía pasar. Sin embargo, quería deleitarse, no todos los días encontraba a alguien lo suficientemente idiota para mantenerle la mirada e incluso reírse de él cara a cara.

-No son mis amenazas lo que debes temer, sino al hombre que tienes delante- le advierte tranquilamente. Hace una mueca y suelta una mezcla entre una risa y un jadeo, agachando levemente la cabeza para luego mirarla, de nuevo serio. Cambiaba con tal facilidad de expresiones faciales que creía ser bipolar o tener algún trastorno-. Di más bien que ha sido una suerte toparte con alguien como yo. O mala suerte, según cómo se mire.

Espera expectante a que la joven decida llevarse la taza a la boca y beba de aquel café más que amargo, agrio. Quiere sonreír y alzar la cabeza con superioridad, demostrar que había ganado una pequeña batalla. Sin embargo, aún no toma un sorbo y empieza a desesperarse. Incluso se le pasa por la cabeza obligarla a que se lo tome, pero así el plan perdería su gracia, todo perdería su gracia. Mejor esperar pacientemente. Cuando habla, llega a pensar que dejará el café a un lado, que no se atreverá a tocarlo y siente que fracasa. Y finalmente lo hace, pero sonríe. ¿Qué cojones hace sonriendo? Quiere verla con una mueca de asco en su cara, quiere que deteste el sabor, que le pida suplicante un vaso de agua. Pero no obtiene nada de eso. Le devuelve la mirada con los ojos entrecerrados. Y sigue bebiendo, se lo bebe todo. Y vuelve a sonreír y no le gusta. Está sonriendo demasiado hoy y no le gusta sonreír, detesta que su normalmente mueca de molestia se vea sustituida, pero no puede olvidarlo. Es cuando James se da cuenta que ha dado, podría denominarse, con su talón de Aquiles. ¿Por qué? Porque no logra hacerle daño y eso le desespera, pero hace que sus ganas de descubrir el punto débil de la joven aumenten. Quiere profundizar más.


-Está bien, me rindo por hoy. No más bromas, no más molestias- dice finalmente, porque tiene mucho tiempo suficiente en el aburrido sótano del hospital para pensar una venganza mayor, porque la joven no se librará tan fácilmente aunque le ha caído mejor que el resto de estúpidos que viven en el pueblucho. Pero necesita un nombre, así que decide presentarse primero-. Por cierto, James Downey. Recuerda bien ese nombre, querida-. Le dice inclinando levemente la cabeza en un gesto educado, propio de un caballero como lo era él.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Miér Ago 15, 2012 12:57 pm

Observo con una satisfacción interior como el rostro del hombre se crispa durante un nanosegundo, con la duda en la cabeza, me supongo, de porque no he vomitado el café. Sinceramente ahora mismo sería capaz de arrodillarme y lamer el mismisimo asfalto de la calle con tal de eliminar ese asqueroso sabor de mi boca, pero ni por asomo pienso darle una ligera ventaja.
Sí es cierto que me ha amargado el hecho de que me haya tirado el cafe por encima, aunque lo siento más por mi libreta que más que por mi misma. Pero ni por esas me va a amargar el día. Creo que a dia de hoy, tras toda mi larga vida, mo he conocido a una persona que llegue a amargarme. Pueden pasarme cosas, hechos, que me arruinen un buen día. Pero una persona.. Eso es algo que todavía está por ver.

-Así que James... El forense de Storybrooke, James Downey...
digo casi mas para mis adentros que en voz alta, contemplandole un segundo, de arriba a abajo. Observo las manchas rojas que se le han quedado en la cara y en las mejillas por haberse frotado para limpiarse de la salsa y suspiro interiormente ofreciendole una servilleta que tengo en la mesa. -Aún tiene algo de salsa en las mejillas, señor Downey.. clavo mis ojos en los suyos unos segundos y borro mi sonrisa apenas un instante, acortando un paso la distancia que hay entre nosotros, elevando un poco la barbilla para mirarle mejor a los ojos. - No tengo miedo a sus amenazas... Ni mucho menos a su propia persona.. Puede ser lo que quiera y ocultarlo todo bajo esa sonrisa cruel y superficial que tiene... Pero a mi no va a conseguir asustarme.. le explico con un sencillo encogimiento de hombros. Mantengo la voz clara y firme, pero en ningun momento pretendo que lo que digo suene a amenaza, lo digo más bien como un hecho, que es lo que es al fin y al cabo. Vuelvo a sonreirle más ampliamente que antes, que parece que eso es lo que mas me molesta de mi. Tengo cosas mas importantes que hacer que tenerle miedo... será todo lo malo que quiera pero no sera capaz de llevar a cabo algo que me lleve a au mesa de autopsias...
Le debo un nombre, pues el al menos ha tenido la cortesía de hacerme saber el suyo, cosa que he de reconocer que me ha sorprendido. En estos momentos es cuanto más me alegro de tener un nombre falso bajo el que cobijarme, mi pseudonimo de escritora bajo el que publico los libros. Un nombre que no tiene dirección que rastrear, ni telefono al que llamar... Nada, solo una cuenta de correo y un numero de cuenta bancaria donde me ingresan el dinero de los libros, una cuenta bancaria imposible de identificar conmigo tampoco. Bendito pseudonimo ¿de cuantas me has salvado ya? Lindsay O'Connell le tiendo una mano, aunque en realidad no se porquélo hago, porque se con certeza que no va a estrecharmela.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Dom Ago 19, 2012 4:02 am

Un mínimo de respeto. Eso es lo que James da a los demás cuando está de buen humor. Cierto es que cuando está de mal humor, normalmente es todos los días, sigue presentándose a los demás con respeto, aunque la pequeña reverencia o el leve gesto de inclinar la cabeza los hace con burla y desprecio, regodeándose y burlándose de los demás. Sin embargo esta vez es diferente, porque considera a la mujer frente a él digna de merecer el pequeño gesto respetuoso. ¿Por qué? Por ser capaz de sacarlo de sus casillas más de lo normal, por desesperarlo al ser incapaz de molestar a la joven. Y es que hiciera lo que hiciera, ella siempre le salía con otra cosa que lo sorprendía y le dejaba confuso, sin saber exactamente qué hacer. Necesitaba planear algo bien, cuidadosamente. Y para ello necesitaba algo de tiempo. La venganza es un plato que se sirve frío, decían. Y James había comprobado que era así, y que daba mayor satisfacción cuando los demás se confiaban y creían que él no iba a mover ficha. Aguardaría tranquilamente al momento adecuado. Vuelve a prestarle atención cuando habla, alzando una ceja. No se creía lo suficientemente interesante como para ser conocido por los demás. Vale que era un pueblo pequeño en el que la mayoría se conocían, pero le pilló por sorpresa. Él llevaba bastante tiempo en el pueblo, prácticamente desde siempre, no lo sabía, y aún así era incapaz de conocer a todas las personas. Puede que fuera porque le importaba más bien poco su vida, a no ser que se metieran con él. Porque entonces sí que no olvidaría su rostro.

-¿Soy famoso o algo así?- Pregunta curioso. Le gusta saberlo todo, tener explicación para todo. En el caso de que alguien le hubiera hablado a la joven de él, querría saber quién había sido. Le arrebata la servilleta de la mano, con brusquedad, algo mosqueado. Detesta recibir ayuda de los demás, sobre todo cuando son ellos los que tienen la culpa de lo que le pasa. Fue ella la que lo había manchado y ahora pretendía ayudarlo dándole una servilleta. Suelta un sonido molesto, aún así empieza a limpiarse y le devuelve la mirada, agachando un poco la cabeza, pero manteniendo esa sensación de superioridad. Acerca más su cara a la de ella, intimidante-. No hable antes de tiempo, señorita. Consigo lo que me propongo. Siempre. No se preocupe de todos modos, puede que no acabe inerte en mi mesa de autopsias, pero acabará en ella de igual modo-. Responde, retándola, con una leve sonrisa que oculta mucho más de lo que dice, plantada en su cara. Termina de frotarse la cara con la servilleta, continuando con el cuello y las manos. Se la pasa también por la camisa y los pantalones, pero es inútil. Las manchas no saldrán, no así. Pero la humedad de la ropa le molesta. Le recuerda a la lluvia y detesta la jodida lluvia. Prefiere oler a salsa toda su vida antes de que empiece a llover milagrosamente y limpiarse. Lo da por perdido, así que le devuelve la servilleta a la rubia, tirándosela a la cara-. Que mierda de nombre-. Dice secamente y mira la mano impasible, pensando si estrecharla o no. No quiere ensuciarse, pero teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra, poco le importa ya. Le estrecha la mano, con fuerza, haciendo daño-. No diré que es un placer, no me gusta mentir.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Dom Ago 19, 2012 11:31 am

Contemplo su rostro un largo rato en silencio, tratando de descifrar sus expresiones completamente cambiantes, que cada segundo parecen ser diferentes. ¿Qué le debe estar pasando por la cabeza para que su rostro cambie ahora sì y ahora también?
Analizo en mi cabeza la situación de todo lo que ha pasado, repasando mentalmente cada una de sus palabras, cada una de sus amenazas escondidas bajo esas palabras y esas sonrosas frías, con la ira brillando en sus ojos. Sé que quiere hacerme daño, porque en su mente yo soy la mala que le ha retado, que se ha reído en su cara y la que le ha hecho enfadar.

A decir verdad, no he hecho todo lo que hecho por querer enfadarle, sino porque, mi orgullo me impide perder ante James, mi orgullo de chica "rebelde y luchadora" me dice que no baje la cabeza y que no aparte la mirada de esos fríos aunque interesantes, y muy a mi pesar, cautivadores ojos azules.
¿Famoso...tú? me aguanto unos segundos la risa, porque se que eso hará que se enfade más, y creo que estoy empezando a cogerle el gusto a esto de cabrearle. Por lo único que podrías ser famoso es por tu falta de educación y tus inexistentes modales... Pero ni por eso te ganas fama... Parece que contigo no va ese dicho de "no importa que hablen mal de ti, lo importante es que hablen.." Al menos nadie de los que yo conozcl me ha hablado de ti.... respondo con una sonrisa de niña buena en los labios.

Me quita la servilleta de la mano, de nuevo volviendo a hacer uso de sus malos modales y no puedo evitar sentir una oleada de pequeña satisfacción interior, inundándome como agua de mar y llenando cada rincón de mi orgulloso ser. -Vaya.. Fíjate que por un momento creía que eras una persona de lo mas orgullosa... Te has dejado una mancha en la camisa, por cierto.. debería dejar de picarle y morderme la lengua, pero no puedo evitar contestarle. Yo ni siquiera he llegado a limpiarme su café ni la sopa de pescado, eso si, ire directa a la ducha de cabeza con ropa incluida.

Le noto acercarse más a mí y elevo la mirada hasta clavarla en la suya, con la sonrisa en los labios, esa que tanto parece molestarle y escucho sus palabras, soltando una pequeña y breve carcajada. Preferiría entonces la opción de estar inerte sobre tu mesa... De la otra manera no sabrías ni cómo empezar.. suelto con burla en la voz. Si no fueras tan borde ni tan prepotente, sería un placer acabar en tu mesa con otro propósito.. Susurra en mi cabeza esa pequeña yo sobrehormonada que no hace más que pensar en perversiones, pero no le hago caso, como la mayoría de las veces.
Mantengo su mirada hasta que me tira la servilleta a la cara, alegando que mi nombre es una mierda. Al menos por su expresión sé que no sabe quién soy y que no se ha leído ninguno de mis libros. Mejor para mi, menos posibilidades de que conozca a mí autentica yo.
Finalmente y para mi sorpresa, me estrecha la mano, pero de tal manera que acaba haciéndome daño, y vuelvo a fijar mis ojos en los suyos. -¿Está tratando de hacerme daño, Sr. Downey? Y yo que creía que era de los que se guardaban todo el odio y el rencor y planeaban una venganza en el oscuro y frío depósito de cadáveres del pueblo... Veo que me equivoco de nuevo con usted, ni tan orgulloso ni tan interesante como pensaba. Una verdadera lástima… Además, no tiene porqué sentirse ofendido si usted lo considera un juego, tal y como ha dicho.. estrecho mi mirada, saboreando el placer de conseguir molestarle, porque sé sin duda alguna que se va a ir molesto hoy. Me duele la mano, porque me hace daño, pero no la retiro de forma brusca, ni nada. Si acaba haciéndome daño de verdad no le quedará otra que darme la razón. Y creo que eso es algo que jamás haría.-Tampoco ha sido para mi un placer conocerle.. pero ha sido entretenido, como poco. .

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Dom Ago 19, 2012 3:17 pm

Empieza a creer, más bien está seguro, de que dejar ver a la otra cómo se siente o cuanto le afectan sus palabras o sus muecas, no hace más que perjudicarlo. Tiene que mantener la calma, sabe que cobrará la venganza de su camisa favorita y sus pantalones en algún momento, por lo que no hay prisa. Las cosas bien planeadas y hechas en frío traen más beneficios que aquellas hechas con prisas y en caliente, donde las cosas se le podían ir de las manos. Había encontrado una nueva diversión en el odioso pueblo, algo que le haría más llevaderas las mañanas encerradas en el húmedo y solitario sótano del hospital. Así que siguiendo su "nueva táctica", en lugar de enfadarse, sonríe con sus palabras. No tiene anda que ver con su cambio de actitud que le haga gracia que le restriegue por la cara su falta de educación y modales, porque eso le encanta. Le encantan sus defectos, que se los echen en cara. Porque gracias a esos defectos es capaz de vivir como lo hace actualmente, de complicarle la vida a los demás. Adora ser cómo es (quitando un poco de torpeza, eso sí).

-¿Eso quiere decir acaso que hablas con desconocidos para saber cosas sobre mí?- pregunta burlón-. Hay muchas más cosas por las que llamar la atención en un pueblo.Y siendo yo, sería muy complicado destacar por una sola cosa como es mi falta de modales o educación. Todo yo atrae miradas, es imposible escoger algo exacto-. Ensancha su sonrisa aún más. Si a James tuvieran que pagarle todo su ego en oro, el pobre habría quedado rato atrás sepultado en toneladas y toneladas. Tampoco es que se lo creyera tanto, simplemente reconocía ser medianamente atractivo, lo normal. Y destacaba a por su altura, por supuesto. Pero tampoco es que tuviera algo especial. Él no se sentía en especial en ese aspecto, puesto que lo que más le gustaba de sí mismo era su propia personalidad, esa sed de venganza y esa facilidad para hacer sentir mal a los demás y luego no sentirse mínimamente culpable-. No creo que tenga una excesiva estima a mí mismo. Tengo lo que es correcto, lo que merezco, lo oportuno- replica devolviéndole la sonrisa, por supuesto falsa, como todas las anteriores. Se mira la camisa y se encoge de hombros, restándole importancia, sin picar-. Ah, por supuesto que sabría por donde empezar- suelta insinuante.

Se da cuenta entonces, cuando empieza a hablar, que el agarre de su mano con la de ella se hace cada vez más fuerte. Se detiene entonces, afloja el agarre pero no suelta su mano, la mantiene mientras sigue hablando. No entraba en sus planes hacerle "tanto" daño deliberadamente, porque es algo que no le gusta. A no ser que le saquen mucho de sus casillas. Pero no iba con él hacer daño de ese modo, mucho menos a mujeres. Las respetaba (aunque pareciera todo lo contrario) y nunca se atrevería a golpear a alguna, pero lo que soltaba por la boca era otra cosa. No se contenía para nada, soltaba todo lo que podía haciendo sentir culpable, hiriendo, buscando dar donde más doliera. La satisfacción de la confusión y el dolor en las miradas ajenas, le encantaba. Puede que por eso le gustaran tanto las películas de zombis, porque en todas ellas no había más que sufrimiento, porque había muerte, porque el miedo estaba siempre presente en cada uno de los personajes. Genial, ¿no? A veces, cuando llega algún cadáver, no puede evitar pensar que se alzará e intentará acabar con él, comérselo vivo. Y no es miedo lo que le recorre el cuerpo, sino excitación y expectación.

-Mientes de pena. Me adoras y no me ofendes ni mucho menos con comentarios de ese tipo. Sé cómo soy y pocas palabras son capaces de describirme de lo complejo que soy. Admito haber bajado la guardia ahora, porque hay cosas que me distraen como es el olor de la comida- la mira con los ojos entrecerrados y suelta su mano poco a poco-. La venganza es un plato que se sirve frío, desde luego. Como si tengo que esperar dieciocho años. Era mi camiseta favorita-. Lanza una mirada a la mesa, donde se encuentra una libreta por la que a joven había resultado bastante preocupada cuando le cayó el café. La coge sin pensárselo dos veces y la ojea, ocultándola después tras su espalda, para que la joven no la coja.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Dom Ago 19, 2012 9:12 pm

De nuevo, James vuelve a sonreir, con esa sonrisa tan superficial y congelada en sus labios, fría y borde, tánto como lo es él mismo. Sus cambios de humor son tan radicales de un segundo para otro que realmente llega a cruzar por mi cabeza la idea de que sea bipolar, o algo, o incluso tripolar. Quien sabe lo que pasará por esa cabeza... Es un tipo curioso, pues de toda la gente con la que podría haberme topado esta mañana, de todos los habitantes del pueblo que podían haber ido a tirarme un café, ha sido él, una persona curiosa que probablemente, aunque no quiera, le de un giro a mi vida en el pueblo. Al menos ahora estaré más entretenida, tratando de esquivar sus ataques y demás. O eso espero, hay dias en el pueblo que se me hacen de lo más insoportables, aburridos, aunque salga a probar algo nuevo, pero son aburridos. Vuelve a hablar, y alzo las cejas de nuevo. ¿Qué pasa, es que no me escucha cuando hablo o directamente me ignora y se imagina lo que he dicho?
Sr Downey, use un poco ese cerebro, va, que seguro que puede. Si no le he conocido hasta hoy... ¿cómo voy a hablar con desconocidos para saber cosas de usted? Es un poco extraño, ¿no cree? respondo imitando en mi voz el mismo tono burlón que él usa en la suya. Me alegro de que atraiga miradas.. seguro que tiene una larga cola de admiradoras... la gente se muere literalmente por verle... Respondo, dedicandole un vistazo largo de arriba a abajo, contemplando su porte. Podría haber pasado casi por uno de esos antiguos Dandis de la sociedad.. pero sus modales y la forma de comportarse lo alejan de ese modelo de hombre, lo alejan por completo. -Pues yo creo que si tiene excesiva estima... usted es lo único que le importa, solo usted, y los demás no son más que meros seres molestos que existen para hacerle la vida imposible... Dese cuenta de que sin la gente que vive a su alrededor, usted no sería nadie. Abosultamente nadie. Añado sin apartar el contacto visual ni un solo segundo de James, de sus ojos, como queriendo ganar otra batalla, mentalmente, sobre quien aguanta más la mirada del otro. Si que es cierto que sus ojos intimidan en realidad, pero tampoco me dan miedo. No tengo porqué huirle. Sonrio cuando habla insinuante, con la voz algo más baja. -Pero no estaría a la altura, se lo aseguro.. respondo con sencillez, notando como segundos más tarde el agarre de su mano se hace menos doloroso y más flojo. Al menos en ese sentido si que ha reconocido tener cierto toque de tacto. -No veo en qué debería mentirle... Por supuesto que no le adoro, pero reconozco que me produce cierto interes y curiosidad toparme con alguien tan... complejo, si es que lo eres, que en realidad creo que debajo de toda esa capa que quiere mostrar a los demás hay muy poco que ocultar, es de lo más sencillo... Es un hombre amargado, aburrido de la vida, frio, calculador, manipulador tal vez, que le molesta absolutamente todo de todos... y vengativo, mucho, rencoroso, y orgulloso... ¿Y sabe qué?En ese sentido coincidimos más de lo que usted cree... dejo caer mi mano a uno de mis costados y observo como mira mi libreta y se acerca a mi mesa, cogiendo la libreta y ojeandola, escondiendola tras su espalda. De repente y sin previo aviso en mi cabeza vuelve a sonar ese ruido peligroso de la cola de una serpiente cascabel. ¡¡Mi libreta no!!.
Tanteo la posibilidad en mi cabeza. Si me molesto porque la coja, él habrá ganado este tanto. Si no me molesto tal vez tenga la posibilidad de volver a sacarle ventaja. El caso es que ahí está escrito el último capítulo del libro. Me lo sé de memoría, sí, pero eso no significa que pueda permitirme el lujo de perder la libreta, o peor aún, de que pueda dejar que me la robe. -Me gustan las cosas frias.. de hecho no soporto el calor... Y le agradecería que dejara mi libreta donde está. Si no tiene dinero suficiente para proporcionarse una, puedo incluso regalarle una de mis libretas nuevas sin usar... pero si hay algo que no soporto.. doy un par de pasos hacia James, plantandome ante él más cerca de lo que hemos estado en ningún momento, sin borrar la sonrisa de mi cara, eso sí. -Es que gente agena a mi vida meta sus narices donde no le incumben.. como está haciendo ahora mismo.. Así que si no quiere saber de verdad quien soy, le exijo que me la devuelva... añado con rostro serio y relajado aunque por dentro ya se me ha empezado a acelerar el corazón.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Lun Ago 20, 2012 6:52 am

Por más que lo intenta empieza a perder la paciencia de verdad. Nunca ha sido muy paciente, más bien demasiado impaciente. No le gusta que se rían de él, que le vuelvan las cosas en su contra. Ha hecho un esfuerzo enorme tratando de contenerse porque este tira y afloja que mantiene con ella le gusta y le satisface, aún así no puede evitar que las palabras de ella le molestes. Se detesta a sí mismo por permitir que le hable así, por quedarse impasible, completamente quieto mientras ella juega con él, se burla de él. Lo insulta. Y no tolera que insulten su forma de ser porque se adora a sí mismo, porque está cansado de risas hacia su persona por fallar en casi todo lo que hace, por ser un torpe. No quiere quedar peor de lo que ya lo ha hecho, y sabe que cualquier respuesta molesta equivaldría a un punto para ella. Pero no puede más, no puede. Le ha tolerado más de lo que debería, de lo que le toleraría a cualquier otra persona. Se ofendió con un enfermero del hospital sólo porque insultó su comida (decir que las lentejas con ketchup son malas es no tener buen sentido del gusto ni de la comida), y se vengó de la forma correcta, afectando a su vida diaria, porque se había enterado de que el forastero había tenido que cambiarse de habitación y que las empleadas del hostal habían quedado bastante en ridículo. Bien, había matado dos pájaros de un tiro.

-La rubia eres tú, no yo. Y está claro que la estupidez se pega, será mejor que mantengamos las distancias. Extraña es la mentira, querida-. Replica desconfiando y un tanto cansado de ser tomado por idiota. Sabe que cae de lleno, pero no puede evitarlo. Su paciencia se ha esfumado, la poca que tiene ha desaparecido y parece que no tiene intención de volver. Lo peor es que le gusta, que está disfrutando. Joder, es incapaz de entenderse a sí mismo-. Me reiría, pero sólo me va el humor inteligente.

Sonríe levemente, porque ella tiene razón. Salvo en una cosa. Es cierto que se adora más que a nada, que lo único que le importa es él mismo y su bienestar, su felicidad. Y es obvio que todos los demás son molestias, no hacen más que complicarle la vida, reírse de él, echarle cosas en cara y molestarlo. Lo son, los detesta, llega hasta envidiarlos a veces. ¿Pero qué no envidia él? Sin embargo prefiere quedarse como está, ser él mismo que vivir en una de sus patéticas vidas, engañándose a sí mimos. Todos están cargados de odio, de sed de venganza, de envidia sólo que es él el único que lo reconoce abiertamente, que habla con sinceridad y se deja de florituras para caer bien. Es simplemente él, al natural. No tiene que fingir algo que no es, no quiere vivir en el mundo falso en el que se han metido todos. Pero sabe que viviría mejor sin todos ellos. Se aburriría, puede que si, pero estaría más tranquilo.

-¿Y qué serían ellos sin mí? Las personas se muestran tal y como son frente a mí, señorita. Dejan de fingir y mentir por un momento. ¿No es refrescante? Tú deberías saberlo-. Le aguanta la mirada, no tiene miedo, no se siente avergonzado. La reta, quiere que vuelva a responderle-. Tengo altura de sobra-. Replica haciendo más palpable la diferencia de altura. Sabe que no se refiere a eso, pero prefiere dejar pasar ese tema en concreto de la conversación. No se inmuta, no hace ninguna mueca, no se deja ver. A vuelto a ponerse la máscara en la que no deja ver nada, que nada le afecte. Simplemente escucha-. Creo que nunca me habían descrito tan bien. Pero hay más, mucho más. Reconozco que nadie antes había logrado sacarme tanto de mis casillas-. Sonríe calculador, con una sonrisa siniestra.

No piensa devolverle la libreta. Se ha dado cuenta de que es algo importante para ella y no piensa devolvérsela, no por ahora. Quiere molestarla y sabe que lo está logrando, por mucho que se moleste en sonreír. Pasa la libreta de una mano a otra tras su espalda, pensando qué hacer con ella. Romperla sería demasiado, el valor que tiene se perdería y no le conviene. Secuestrarla parece la mejor opción, pero primero tiene que ocultarla y sacarla del lugar para dejarla a salvo en su casa. Le interesa leerla, puede que descubra algo interesante y que le aporte beneficios. Es capaz de hacer cualquier cosa por una estúpida y diminuta venganza. Quiere devolvérselas, quiere cobrársela y que se arrepienta de haber hablado con tanta soltura con él, dejándolo en ridículo. Y piensa lograrlo como sea.


-Se lo dije, que las personas se muestran tal y como son frente a mí. Me interesa saber quién eres realmente y me encanta verte tan desesperada por recuperar unas cuantas hojas de papel. Por supuesto, la libreta se queda conmigo-. Se la pone frente a la cara apenas un segundo y luego la vuelve a colocar a su espalda, para que no la coja, guardándola es su bolsillo trasero, junto a su propia libreta-. Pague su rescate o a cada hora que pase le será enviada una hoja de papel en trozos diminutos ilegibles-. Dice con burla, regodeándose- Divertido, ¿no cree?

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Lun Ago 20, 2012 7:19 am

Sonrio cuando su rostro se contrae en una mueca de casi desesperación, tan apenas unos segundos, una mueca que me dice que le estoy sacando una gran ventaja, pese a que mi libreta está presa en sus manos, y ha conseguido aventajarse un tanto, ahora mismo sigue en desventaja, y lo sé porque se le nota en el rostro. Me encojo de hombros cuando vuelve a hablar, con un tono de cansado en la voz, no aburrido. Sé que esto no le aburre. Si le aburriersa, se habría largado, tan sencillo como eso. No creo que sea la clase de hombre que se queda en un lugar si no le interesa o si se aburre.

-¿Y usted es el inteligente por creer en esos refranes...? Yo también me sé muchos de esos, pero sí, tiene razón, su estupidez empieza a ser contagiosa...
me aparto un paso de él, con un gesto como si me asqueara que me pegase su estupidez. -Dudo que realmente entienda lo que es el humor inteligente.. Pero si quieres seguir creyendo una mentira, adelante.

Observo con una satisfacción interna como se queda mudo, y me encantaría poder ver a traves de su piel, de sus huesos y contemplar como en su no muy cualificado cerebro, los engranajes de los comentarios ingeniosos dan vueltas, echando humo, con la intención de buscar algo con lo que herirme. Pero en el fondo, tanto él como yo sabemos que no va a conseguirlo. Él no tiene paciencia, está claro y él mismo me lo está mostrando, y yo de eso tengo de sobras, para regalarle toda la que quiera.

-Yo me muestro tal y como soy en todo momento... Bueno, si es cierto que he mentido con el nombre, pero el nombre no conlleva una personalidad, y respecto a como soy por dentro, no le he mentido. -Mira, yo sé otro refran, igual contigo si confirma la regla.. se llama la regla de la L.. ¿la conoces..? hago una ele con el dedo indice extendido hacia arriba y el pulgar de lado. -Cuanto más alto.. señalo el dedo pulgar guiñandole un ojo. -Menos dotado.. concluyo apoyando la cadera y las manos en el borde de mi mesa esperando su reacción. Si quieres hundir a un hombre por completo y bailar sobre su hombría, metete con su masculinidad. Aunque tratandose de como es él, no me sorprenderia que eso no le molestase. -Y yo reconzoco que ha sido muy facil ficharle, pensé que me lo pondría más dificil... En cambio usted no sabe nada de mí.. y por mucho que lea y relea esa libreta no descubrirá mucho vuelvo a encogerme de hombros de nuevo, observando con detenimiento el cuadernito que va de una de sus manos a otra. Escucho atentamente las reglas de su secuestro y casi tengo que aguantarme la risa. Se cree que soy tonta o algo.. De verdad se lo cree. Qué equivocado está. -Divertido e infantil, si me permite opinar.. Si tantas ganas quiere quedarse la libreta, adelante, quédesela.. No pienso pagar un rescate, que no sé ni lo que es.. El que sale perdiendo es usted. Yo me sé palabra por palabra lo que hay escrito... Romapala, quémela... Cómasela y atragantese con ella.. lo que prefiera.. me incorporo un poco, pasando por su lado, observando donde se ha guardado la libreta, junto a la suya que iba escribiendo antes, tanteando la posibilidad de quitarsela, pero sé que no me va a dejar, y eso le dará otro punto a su favor, y no estoy dispuesta a eso. -Me honra que quiera saber quien soy realmente... al menos he conseguido despertar su muerto interes... Puedo considerarme a tu nivel.. o a uno superior, puesto que yo sé como eres realmente y tú no... estrecho la mirada, dedicandole una sonrisa que podría haberse sacado de la peor de las brujas de una serie televisiva.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Lun Ago 20, 2012 8:53 am

Resopla, no puede hacer otra cosa. Golpea el suelo con el pie, impaciente, dejando entrever que pierde un poco de paciencia a cada una de sus palabras. Pero aguanta, aguanta y se niega a marcharse porque le daría la victoria y no lo admitiría. Jamás se marcharía él primero estando en pleno auge de la conversación, significaría la derrota total, aunque la guerra no había hecho más que empezar. Se contiene, no hace ningún comentario porque sabe que no es idiota, que es listo, aunque su inteligencia no será deslumbrante. Tendría que buscar algo mejor para molestarlo. Se cruza de brazos y espera a que siga hablando, tratando de derrumbar finalmente su paciencia. Le haría falta algo realmente fuerte para dejarlo completamente descolocado frente a ella. Alza las cejas entonces, interesado en ese nuevo refrán y es imposible que una sonrisa de medio lado aparezca en su rostro. ¿En serio iba a atacarlo con eso?

-Uh, si yo soy tonto por creer en el otro refrán, ¿qué eres tú creyendo en ese?- Da un paso hacia ella, luego otro hasta quedar muy cerca-. Primero de todo, esa regla la inventó un enano, cuyo complejo con su altura le hizo inventarse semejante cosa para quedar bien con algo. Segundo, ¿de verdad has estado con algún hombre alguna vez o solo has estado con enanos? Si es lo segundo, no sabes lo que te has estado perdiendo. Quizás es que no puedes aspirar a más- hace una pequeña pausa- Puedo asegurarte que esa pequeña regla es falsa- se mira los pantalones y luego vuelve a mirarla a ella a los ojos-. Me animaría a demostrártelo-.

Da dos pasos atrás, alejándose de ella, con calma. Por un momento sintió su orgullo herido, después de todo a ningún hombre le gusta que discutan su hombría, pero ya que no es realmente una ofensa para él, estando seguro de que se equivoca, se siente más tranquilo. Piensa incluso en nombrarle la regla de los pies, pero no lo hace porque significaría caer en su mismo juego y ya ha tenido bastante. Sin embargo, ha cometido un pequeño fallo que podría hundirlo aún más, pero ha hablado sin pensar, solo espera que pase por alto esa "sutil invitación".

-¿Realmente salgo perdiendo? Consigo algo gratis por la cara y tú pierdes algo sin ningún tipo de compensación. Hablas como si no te importara nada, como si su pérdida no te afectara, pero aún así observas cada uno de mis movimientos con ella. Todo tiene un valor, por muy pequeño que sea. Pero en lugar de comerla, que se ve apetecible con tanto café encima, prefiero guardarla y deleitarme con lo que haya dentro escrito. Soy un hombre con mucho tiempo libre. Pero…¿Realmente yo quiero saber cómo eres o simplemente cumplo tú deseo de que lo intente descubrir?- La ve sonreír y no se inmuta. Deja que el silencio se instale entre ambos y pasados unos minutos vuelve a hablar-. Tienes un trozo de comida aquí -señala sus propios dientes. Es mentira, pero ella no tiene por qué saberlo.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Lun Ago 20, 2012 9:47 am

Rio para mis adentros al contemplar su orgullo herido. No lo demuestra por fuera, como harían la mayoría de los hombres, pero claro, él no es como la mayoría de los hombres... para nada. Es muy, muy diferente.. y eso despierta, me guste o no, una curiosidad en mi que jamás he sentido antes. Una intensa curiosidad de saber más de lo que ya sé de él.
Observo como se acerca más todavía a mí, más cerca de lo que hemos estado, más de lo que él se ha atrevido a acercarse, y puedo sentir el aliento en mi rostro cuando vuelve a hablar, casi rozando mi nariz con la suya. Aún así no me permito apartar la mirada, aunque en este momento sí que está siendo intimidante. -Yo no he dicho que crea en ese refran... solo lo he dicho, como has dicho tú el otro refran de que las rubias somos tontas... cosa que como puedes comprobar, no es cierta. respondo a cada una de sus palabras, con la mirada fija en el pozo azul que son sus ojos, frios y profundos, pero siniestros a la vez que cautivadores. No deberias dejar que un chiflado te cautive, Evy.. digo en mi cabeza una y otra vez, esbozando una amplia sonrisa cuando sigue hablando, y me quedo completamente flipando cuando, durante dos segundos, sus ojos se desvian a su pantalón. -Podría replicarte con el refrán de quien se pica, ajos come. En fin suspiro largamente, como decepcionada-... pasaré por alto el "detalle" de mirarte tus pantalones y lo que hay en ellos para corroborar que estas bien dotado... Optaré por cerrar la boca... y aunque la invitación hay que reconocer que se hace tentadora, no quiero llevarme una decepción... Los enanos me satisfacen mucho, si probase con gigantes y me defraudasen no podría soportarlo.. finalizo con un tono dramático y burlón en la voz, pero antes de que se separe me acerco un poco más, un ultimo paso. -Si tantas ganas tienes, tendrás que currartelo más... añado dejando que se separe de mi, alegando lo que yo he perdido. Vale, sí, me ha robado la libreta, pero si no ha leido el libro ni nada, que no lo ha podido leer porque aún no lo he publicado, no puede saber de que se trata. Es más, lo más probable es que piense que es alguna historia tonta que he escrito y le reste importancia... Mejor para mí, en todo caso.

Vuelvo a apoyar la cadera en la mesa, cruzando los brazos a la altura del pecho, sin quitarle ojo de encima.-¿Mi propio deseo de que descubras quien soy? Eres tú el que no deja de decir que soy interesante y que quieres saber quien soy realmente... ¿Tanto interes he despertado en ti? Vuelvo a sonreir y trata de hacerme molestar diciendome que tengo algo en los dientes, así que me encojo de hombros y cojo la taza de café, ya frio, que hay sobre mi mesa y me lo tomo de un par de sorbos, volviendo a mirarle. -Y tu tienes un paquete poco dotado y nadie te dice que te lo rellenes con calcetines.. que no te iria mal, la verdad, esos pantalones estaban hechos para llenarlos un poco más... No te sientan mal del todo, pero se ven demasiado vacios.. respono dejando la taza en la mesa. -Te habría invitado a tomar algo de mi cafe, pero estaba frio... y me parecía descortes ofrecerte un café frio. contemplo mi bolso en el asiento, asegurandome con un vistazo rápido que no falta nada. Este tio puede tener las manos largas.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Lun Ago 20, 2012 2:26 pm

Se siente cada vez más arrinconado. A cada palabra que sale de su boca se siente más al descubierto y no puede remediarlo porque su carácter se lo impide. Porque cuando alguien se mete con él, su respuesta involuntaria es soltar comentarios desagradables. Hasta ahora había dado resultado, asustando a los demás, intimidando y logrando que lo dejaran en paz. Pero ella no se rendía, cosa que lo animaba a impedir que su brazo se diera a torcer. Se callaba y le daba ventaja, hablaba y pasaba lo mismo. Así que ya prácticamente daba igual, mejor no callarse, porque no podía. Reventaría si se guardaba lo que pensaba, porque era una persona que no estaba acostumbrada a eso. Muchas veces soltaba las cosas antes de pensarlas y por eso acababa metido en problemas que le encantaban porque le ofrecían diversión. Ya daba igual, mejor plantarse, abrir la boca y escupir palabras que quedarse a un lado, simplemente escuchando hasta que ella se cansara de ridiculizarlo.

-Vale, hemos llegado a la conclusión de que todos los refranes son falsos. Deja de darle tantas vueltas, que pareces más idiota de lo que ya lo eres-. Ya ni medía sus palabras, simplemente lo que saliera. Al diablo con todo-. No puedes pasar por alto algo así. Es como si te digo que pienses en patos, es obvio que acabarás pensando en patos. No lo puedes pasar por alto y si cierras la boca es porque no se te ocurre algo bueno con lo que picarme. ¿Se te acaban las ideas? Bueno, siempre puedes preguntar por ahí como es el forense de este pueblucho en la cama. Pero puede que para entonces haya cambiado de idea y la invitación haya caducado-. Responde, con el entrecejo arrugado. Vuelve a disfrutar con esto, se nota por la pequeña sonrisa que asoma tímidamente en la comisura de sus labios. Sonríe interiormente por el atrevimiento de la rubia, pero no hace ningún otro comentario.

Está claro que la chica le ha sorprendido gratamente, que aunque haga que casi se tire de los pelos disfruta hablando con ella, porque está a su altura y es capaz de devolvérselas una a una. Un reto que tenía ante él. De vez en cuando eran retos lo que necesitaba para seguir adelante y renovar energías. Le interesa, más bien le conviene, descubrir más cosas, sobre todo sus puntos débiles porque no se le ha olvidado su futura venganza, porque su mente ha empezado a trazar un pequeño plan, pero para llevarlo a cabo necesita más y más datos. Tiene que indagar más. No puede dejar que las cosas acaben así, porque James nunca admite una derrota, por mínima que sea. Siempre volverá, dispuesto a cobrárselas a todos aquellos que alguna vez se rieron de él.

-Puede decirse que sí-. No miente, no tiene por qué hacerlo. Resopla-. No sé si quieres que acabe bajándome los pantalones delante de toda esta gente o que te agarre la mano y te la obligue a poner ahí. De igual modo, no tientes porque te puedes llevar una sorpresa. No quería tu café de todos modos, podrías haberlo envenenado. Sin embargo, aún me debes un café que sigo esperando. Y no me marcharé de aquí sin él. Así que ya puedes ir a buscarlo. Anda, camina. Entiendo que te pese el culo, pero haz un esfuerzo.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Lun Ago 20, 2012 2:51 pm

Busco acomodarme un poco más en la mesa, simplemente apoyada allí mientras James parece más desesperado a cada segundo que pasa. Se está poniendo nervioso, y eso me gusta, porque sé de sobras que no es su situación normal... que a él le gusta controlar la situación, ser el superior en todos los sentidos y aspectos, y ahora mismo, esto se le está yendo por completo de las manos, lo vé, lo sabe y hace lo único que queda por hacer. Soltarlo todo, soltar esa amargura que lleva dentro, lo primero que se le ocurre, lo que trate de herirme, sea lo que sea. Pero sonrio con satisfacción ante lo que dice, porque ya seguro que no es capaz de pensar con claridad lo que dice, ni es tan hiriente como al principio. Por un momento sin embargo, si que consigue, no herirme, pero si asustarme con la sola mención de los patos.
¿Qué narices pintan los patos aqui? ¿Lo sabe?¿Cómo lo sabe?¿Quién le ha dicho de mi incontrolable temor a los patos..? No.. seguro que lo ha dicho por decir... Me muerdo el labio, tonta de mi, dejandole ver sin querer una de mis debilidades, aunque está tan nervioso ahora que puede que no se haya percatado.

-¿Algo bueno con lo que picarte..? Llevamos como quince minutos así y creo, aunque no lo reconozcas en la vida, que he conseguido picarte. Ah.. no, que ya has reconocido que te he sacado de tus casillas... Pobre.. debes estar perdido en esta situación,, acorralado sin saber ya qué decir o hacer para molestarme... me incorporo de la mesa, con los brazos cruzados a la altura del pecho y me acerco un par de pasos hacia él, como atraida a su persona por un imán gigante. -¿Porqué deberia preguntar como eres en la cama? Eso podría averiguarlo yo y juzgar por mi misma... porque me parece que con tanta invitación estas deseando que ocurra.. le espeto con una sonrisa amplia y los ojos entrecerrados, con la barbilla alzada a su rostro, en actitud orgullosa, tanto o más que él. Cuando vuelve a hablar, no puedo evitar echarme a reir con un par de carcajadas, no ironicas, sinceras, porque de verdad se me hace tan gracioso verle recurrir a los insultos bastos... -Oh, no, por favor.. no montemos más espectáculo del que ya hemos orgnizado.. Dejemos las exhibiciones para un lugar más intimo... quizá para tu mesa de autopsias... ladeo la cabeza, enroscando un mechon de mi pelo con los dedos, de forma distraida, ya que no tengo nada entre manos, tranquilamente. No lo hago por estar nerviosa, sino porque necesito tener algo entre manos. ¿Sabes qué? Cada vez que abres más la boca me estas enseñando que de caballero solo tienes el aspecto, y ahora, ni eso, porque estas perdiendo la poca compostura y los minimos modales que te quedan... Si quieres marcharte, hazlo, el café que te debía está en tu camisa, no pienso pagarte ningun otro, y ten en cuenta que si lo hiciera, volvería a derramartelo en la camisa, creo que aún quedan partes sin manchar... Aunque si quieres tambien, podemos dejar de lado este ridiculo asunto, comportarnos como personas civilizadas que somos, vamos, yo al menos lo soy, no sé tú... Y almolzar tranquilamente. Aqui, en otra cafetería... O en mi casa si tantas ganas tienes de exhibirte... la verdad es que si no fuera por todo lo que hemos organizado, habría ido corriendo a casa al menos a quitarme la camiseta y este asqueroso olor a pescado que llevo. Además..todavía llevo la frente pintada.. Y eso, tampoco lo pienso olvidar.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por James H. Downey el Mar Ago 21, 2012 5:21 am

Ella está disfrutando con esto, puede que más de lo que él lo está haciendo. Una parte de su mente por supuesto que está encantado y quiere más, porque descubrir que hay gente capaz de agobiarlo y hundirlo de ese modo le atrae y le gusta, pero la otra parte desea acabar con todo eso, porque es suficiente humillación para él. Tiene una pequeña discusión mental entre las dos partes dentro de sí, pero ambas concuerdan en que no darán un solo paso para abandonar el lugar sin haber conseguido una pequeña ventaja, cualquier cosa vale. No pasa desapercibido para él la pequeña mueca de miedo que se cuela en su cara cuando menciona los patos. Dijo un animal al azar, los patos fueron los primeros al venirle a la mente porque había tenido un altercado con ellos, los cuales le habían robado su pan mientras leí en un banco del parque y desde entonces planeaba una venganza contra los bichos. Pero sin duda había dado en el clavo. Ya tenía algo, por muy pequeño que fuera. Y por ahí podría comenzar su pequeña venganza. Podría unir ambas, la de los patos y la dirigida a ella, mataría dos pájaros de un tiro y nunca mejor dicho.

-Paciencia, querida, ya llegará el momento en el que las tornas cambien. No tengo prisa, no ahora-. La observa acercarse y se cruza también de brazos, imitándola-. La pobre niña está tan desesperada porque ocurra algo que empieza a ver cosas que no son. Mis gustos sobre mujeres son diferentes y tú necesitas ponerte calcetines- le señala el pecho con un dedo-. Lo normal es huir de la mesa de autopsias, pero tus ganas de acostarte en ella parecen grandes. Puede arreglarse, empieza por saltar de un edificio. Puedo empujarte, si lo necesitas-. Agarra la camisa sucia con dos dedos y la sacude, despegándola de su cuerpo. Empieza a hacerse insoportable para él estar tan sucio, mantener una ropa asquerosa puesta. Adora la comida, sí, pero comérsela no tenerla por encima. La mira con una ceja alzada, los ataques hacia su educación no le molestan, los deja pasar por alto. Pero no puede dejar pasar por alto esa invitación. Ha dado su brazo a torcer en cierto modo y ha admitido completamente que quiere volver a verlo. Interesante, desde luego-. No tengo educación, no soy un caballero, no tengo modales, no soy civilizado y aún así tienes ganas de seguir viéndome. ¿No hay algo extraño aquí? Pero está bien, estoy de acuerdo. Te concederé esa suerte de volver a verme.

Está cansado de que le dirijan miradas confusas, de personas a punto de echarse a reír por su aspecto. Necesita largarse, irse a casa y darse una ducha, tomar un café de verdad, hacer algo. Resulta tentadora la idea de volver a la sala de autopsias a machacar el jodido esqueleto. Y, sobre todo, necesita pensar. Sacar su libreta y pensar en patos y en la rubia. En ambas cosas juntas, en una venganza.

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Re: Un dulce café y un extraño -pero atractivo- pelirrojo [James H. Downey]

Mensaje por Evelynn Stratford el Mar Ago 21, 2012 9:07 am

Se cruza de brazos frente a mi, adoptando la misma postura que yo, a modo de defensa, sin apartar la mirada el uno del otro. Maldita sea...¿Porque tienes que ser tan cabronazo? escucho sus palabras, con una sonrisa en los labios, sabiendo que está disfrutando de esto, que le gusta... Y en el fondo, y no tan hondo, a mi tambien me gusta esto, este "jueguecito" como el lo llama, de tira y afloja que nos traemos entre nosotros desde hace un rato. Me echo a reir cuando habla, porque se ve que ya nos estamos quedando ambos, yo tambien, con menos recursos a los que recurrir para ofender al otro. Contemplo sus manos cuando me señala el pecho, grandes y de dedos largos y finos, unas manos duras, con las venas marcadas bajo la piel. Me gustan ese tipo de manos... son atractivas. ¿Para que engañarnos en realidad? Todo é es atractivo...
-Me alegro de que me lo diga.. eso significa que al menos se ha fijado en mi..
respondo con una sonrisa de satisfacción pura y dura en el rostro, sin apartar la mirada, sin apartarme de él, sin retroceder, sin ceder terreno. No pienso perder...

-Se me ocurren maneras mejores de morir... si voy a morir joven al menos que sea disfrutando.. Ya me dirá que tiene de excitante morir tirandose de un edificio... ruedo los ojos
Rio por lo bajo cuando le veo despegarse la camisa y mirarse la ropa con un gesto de asco en el rostro. Está claro que le molesta estar asi, sucio, pegajoso, con olor a carne y a salsa de... a saber que lleva. Le molesta, pero tampoco quiere irse, tampoco quiere ceder terreno. Tan orgulloso como yo, o yo como él...
No, no tienes educación, no eres un caballero, no tienes modales, no eres civilizado y aún así tengo ganas de volver a verte por el hecho de que consigo hacerte rabiar, y porque estoy cambiando de idea... Es un placer conocer a una persona tan diferente pero que se atreve a decir las cosas como son. Y que se pica con tanta facilidad... Vaya... Voy a sentirme más honrada si me permites el placer de tu compañía... ¿Puedo preguntar a qué se debe..? me acerco a mi mesa, cogiendo el bolso con la intención de ir marchandome de allí, porque la verdad es que el olor a pescado con esta calor me está hasta mareando y todo... -Pensaba que su tiempo era demasiado importante como para malgastarlo con alguien tan insignificante como yo... comento mientras salgo de la terraza y de la zona de mesas.

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