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Call me a sinner, call me a saint [Michael]

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Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Jue Ago 16, 2012 8:43 am

Sentir el frío en la cara logró saltarme un par de lágrimas que tuve que esperar a cobijarme bajo el marco de la puerta para secarme. Me volvía a encontrar en la casa de los vecinos de mis padres, cuyo dueño era amigo de trabajo de mi padre. Mi padre y él tenían que celebrar que acababan de realizar una fusión o algo extraño entre no sé qué empresas... cosas de oficinas. La cuestión es que mi madre, ansiosa por hablar sobre sus nuevos casos ganados en su trabajo de abogada, había planeado una fiesta en el vecindario con la mujer del amigo de mi padre.
Y yo, como excelentisimo hijo de Damian y Rose, no podía faltar a ella. Tampoco es que contara con muchos amigos con los que salir aquella noche, pero por ello mismo, mis padres me obligaron a asistir a la cena. Nada más llegar y ver la casa vacía, mentí comentando que había olvidado algo en casa, y me di un paseo que duró una hora.

Volvía ahora a estar frente a la puerta azul barnizada con los detalles en dorado de la casa. Era igual que la mía, un par de casas abajo. Todas las del vecindario lo eran. Respiré agobiado, me estiro y vuelvo a mi habitual seriedad humana. Odio todo lo relacionado con los protocolos de educación que me veo obligado a usar por la edad.

Empujo la puerta entreabierta y escucho las risas. Deben de haber terminado de cenar y estarán todos en la sala de estar. Encajo tras de mi y me asomo. No hay mucha gente, a lo sumo diez personas en la sala. Mi padre conversa con un grupo de cinco hombres entre risas, la voz de mi madre llega desde la cocina junto con otro par de risas.

Entro sin hacer mucho ruido y voy a una mesa donde hay servidas varias bebidas. No lo dudo y agarro una botella de ron, me echo medio vaso y me lo bebo a palo seco. El ardor es insoportable, y casi vuelven las lagrimas, pero lo trago y me recompongo con un escalofrío. No soy de beber, pero la situación me supera.
-Buen provecho, Leo...-me digo en voz baja contemplando las botellas y escuchando a todos aquellos tipos hablando de empresas.

Agarro de nuevo el vaso y pienso si echarme solo algo de beber o seguir con el alcohol. Si me emborracho, a mis padres les hará cero gracias. Pero es que invitarme a una fiesta en la que solo van oficinistas y señoras de estos no es un buen plan... demasiado superficial todo.

Continuo mirando la elección que tengo en la mesa y mi mano comienza a caminar sobre dos dedos en dirección a la botella de ron...


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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Jue Ago 16, 2012 9:33 am

Siempre que tenía algún plan, parecía que el hospital se ponía en mi contra y se esforzaba por aguármelo. Si bien era cierto que había escogido esa profesión por vocación, y que no me importaba hacer horas extras si aquello significaba salvar una vida... A veces si que me surgía la duda de: ¿por qué estas cosas no ocurren cuando tengo toda la tarde libre y estoy solo en casa?.

Habiendo tenido que resignarme, había colaborado con mi adjunto en la cirugía urgente que justo había entrado 5 minutos antes de que hubiese acabado mi turno y que, debido a la complicación, nos había llevado parte de la tarde hasta la noche. Ni tiempo para comer habíamos tenido. Como agradecimiento, ya que me habían ofrecido marcharme pero había optado por quedarme, me recompensaron permitiéndome realizar todo el procedimiento como el cirujano principal, hecho que no se repetía demasiadas veces.

Cuando salí de la sala del quirófano y me percaté de la hora, me di cuenta de que en ese momento debería estar empezando la cena a la que los señores Dáscolli me habían invitado tan amablemente. Desde que se habían muerto mis padres, se habían portado muy bien conmigo. al fin y al cabo, habían sido mejores amigos y vecinos toda la vida. Por ello, pese a que a la idea no me atraía demasiado, sobre todo teniendo en cuenta la hora a la que había salido, no me atraía demasiado. Lo único que me consolaba es que al día siguiente libraba, por lo que podría dormir toda la mañana como premio.

Tras conducir en mi coche hasta mi casa, y percatarme que no había nadie en ese momento, subí de dos en dos las escaleras hasta llegar a mi cuarto. Mientras caminaba hacia mi baño, me fui sacando la ropa que había llevado al trabajo y me metí directo en la ducha para asearme tras el largo día que había pasado. Después de vestirme con un traje negro y liso, camisa blanca, y una corbata de cuadros escoceses que ya había dejado estratégicamente sobre la cama por la mañana para no tener que pensar la ropa, salí hacia la casa de mis vecinos para la velada tras haber cogido un par de regalos para los organizadores.

Entre por la puerta principal sin timbrar: no por mala educación, sino porque ya había tanta confianza entre nosotros que tanto ellos como yo solíamos hacer ese tipo de cosas. Me encaminé directamente hacia la cocina, donde se hallaba Rose con lo que parecían un grupo más de señoras que vivían en nuestra misma calle. Le dirigí una mirada suplicando su perdón, y vi como en su rostro se dibujaba una sonrisa - Lo siento señora Dáscolli. El trabajo hoy me retuvo más de lo que yo pretendía. siento haberlos importunado de esta forma. Pero mis más sinceras disculpas - Dije educadamente. Noté como la mirada de todas se clavaban en mi y, tuve que reconocer, que durante unos segundos me puse algo nervioso. Ese clima se rompió ante las palabras de Rose, que me dijo que no era necesaria esa parafernalia y que no se habían enfadado en absoluto. Es más, que se alegraban de que hubiese llegado aunque tarde. Le ofrecí a Rose una botella de Chardonnay que había comprado la tarde anterior, y sentí la mirada y la sonrisa de aprobación de las mujeres que la acompañaban, que parecían deseosas de degustar el vino.

Me despedí de ellas con una sonrisa y me dirigí al salón. Allí lo primeor que vi fue, junto a la chimenea, a Damian junto con su grupo de amigos. Iba a disculparme también con él, después de que reclamara su atención ante mi llegada pero me corto con un gesto de la mano. Yo no pude evitar sonreir. - Gracias señor Dáscolli. Pero surgió una operación importante en el hospital, me pidieron si me podía quedar... Y no pude decir que no. Además de que me dejaron ser a mi el cirujano principal, y ese es un honor del que no disfrutamos demasiado. - Suspiré, apesumbrado por mis palabras finales. Era una lástima que fuese así porque aprendíamos menos, pero comprendía el miedo de los médicos ya que si hacíamos algo mal, la culpa recaería sobre nosotros. Damian me repitió, como siempre que lo llamaba señor Dáscolli, que lo llamase Damian y que además no me preocupase ya que Leo también había llegado tarde, así que decidí no añadir nada para no discutir. Me limité a asentir y esbozar una sonrisa cortés. Sus amigos me miraron interesados, hasta que uno dijo que, si mi padre siguiera vivo, estaría orgulloso de mí. Tuve que reprimir una mueca, ya que ese era el tipo de comentarios que no soportaba. En cambio en mi cara se mostró una sonrisa. - Gracias, es algo que me llena de satisfacción. solamente hago lo que el querría - añadí cortésmente. Sabía perfectamente tratar con la gente de ese estilo, por mis padre y la educación que había recibido y por el ambiente hospitalario y el trato con los pacientes. Les ofrecí una botella de Brandy como regalo y, tras eso, me distancié un poco de ellos dirigiéndome hacia la mesa donde se hallaban las bebidas con la esperanza de que hubiese algo de comer puesto que estaba hambriendo.

Al lado de la mesa de las bebidas, me fijé en una figura que me resultaba familiar y que vi como se bebía de penalti medio vaso de un líquido que, presuntuosamente, semejaba ron. Arqueé las cejas ligeramente impresionado a la par que asqueado por aquella proeza y, de refilón, pude ver de perfil que se trataba de Leo. Suspiré profundamente y encaminé mis pasos hacia él. Había pasado muchos años cuidándolo cuando era pequeño, y jamás había podido llegar a entender como había pasado de ser un niño tan dulce y cariñoso a alguien tan frío e impasible. A veces, me gustaría saber que era lo que pasaba por su cabeza.

Una vez estuve a su altura, pude fijarme en como sus dedos se dirigían hacia la botella de ron. Coloqué mi brazo derecho justo en su camino, dificultándole el acceso y colocándome justo delante suya. Clavé mis ojos sobre los suyos, de una tonalidad miel-verdosa, según la luz. Mi rostro estaba serio y ladeé la cabeza sin perder el contacto visual - ¿En serio, Leo? - dije medio en tono de reprimenda, aunque realmente lo que reflejaba era preocupación por el muchacho - Por que no te lo tomas un poco con calma, ¿sí? No creo que dar un espectáculo aquí sea lo más inteligente que hayas pensado. Al menos, yo te consideraba bastante más listo. - Fruncí el ceño. Al menos esperaba que recapacitase y pensase que así, lo único que lograría sería que sus padres se sintieran incómodos y quedasen mal, y ningún beneficio para él.

Me aparté un poco, para coger un vaso para mi y servirme una copa de vino blanco. no quería tomar nada de alcohol fuerte ya que todavía no había ingerido nada de alimento, y podría significar mi muerte. Mientras le daba un sorbo, volví a mirar fijamente hacia el muchacho. - No te voy a decir que tienes o no que hacer... Obviamente eres mayor para tomar tus decisiones, pero por favor... Y es la única que te he pedido siempre: piénsalo no dos, sino tres veces antes de hacerlo, ¿de acuerdo? - esta vez mii voz no había sonado dura, sino amable para que intentase introducirse en su cabeza y me prestase atención. Justo en ese momento, mis tripas fue como si se manifestasen y comenzaron a gruñir, hambrientas. Sentí como me ponía ligeramente colorado y bajé la mirada hacia el suelo - Uy, lo siento... Es que llevo como 17 horas sin ingerir nada, pero ¿quién las cuenta? - Bromeé.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Jue Ago 16, 2012 10:30 am

Toc, toc, toc, toc... mis dedos caminaban lentamente haciendo giros extraños sobre la mesa, con toda mi atención puesta en mi mano cuando un infranqueable muro se poso frente a mi mano y me hizo reaccionar abriendo los ojos y mirando que había pasado.

Un brazo bloqueaba el acceso a la botella. Sigo con la mirada al interceptor a punto de soltarle una borderia cuando me doy cuenta de que no se trata de ninguno de los amigos de mi padre, ni de las pijas señoras de mi madre. Al final del brazo encuentro una cara, que aparte de la de mis padres, es de las más conocidas que he tenido nunca. En una primera instancia, toda mi sequedad y mi frialdad se aguan rápidamente y desaparecen. Me quedo con la boca abierta de la sorpresa analizando a quien tengo delante.

No sé qué decirle, son demasiados los recuerdos. Pero pronto habla él, y no tardo en notar como sube la frialdad. Cierro la boca para no parecer estúpido, apoyo el peso en la pierna izquierda y separo mi mano de la mesa para cruzarme de brazos.
-Tengo bastante más experiencia que un simple vaso, Michael, no voy a darles un espectaculo.-recapacito un segundo.-Ya lo estoy dando al no estar hablando de oficinas y...-suspira agobiado.-yo que sé.

Michael. Mike, mi... canguro. Se trataba de un vecino, hijo de los mejores amigos de mi padre. En más de una ocasión coincidimos por mis padres. Pero yo era demasiado pequeño. Llegó un punto en el que se convirtió en mi canguro, mis padres le pedían si podía venir a echarme un vistazo mientras ellos... ellos hacían lo que querían. Trabajar o salir juntos a cenas importantes, siempre lo más importante. Y claro, por aquél entonces Mike era solo un adolescente. Venía y me echaba el ojo. Siete ojos. Era bastante sobreprotector y yo no era más que una seria responsabilidad a la que él tenía que cuidar por mi bien, por el suyo y por el de la relación de nuestros padres. Recuerdo una de las últimas veces que vino a vigilarme. Nos llevamos casi siete años, y yo tenía por entonces no sé si eran 11... o 12. No lo recuerdo. Quizás menos. Ya desde entonces me obligaba a tener cuidado en todo lo que hacía, como no comer demasiadas cosas dulces o pasarme jugando a los videojuegos. Si... eran buenos ratos. Sin embargo, llegó un momento en el que esa relación de canguro-niño dejó de existir. Yo entré en el instituto, él salía para estudiar Medicina... los dos adolescentes... en mí se creo un sentimiento de gratitud sin pagar, a la par que mantenía el respeto por que el era mayor y... yo qué sé... había más sentimientos. Pero era un crio, a los dieciseis, dejé de verlo siquiera por la calle, y oía hablar de él a mis padres. Alguna vez lo veia por la calle, escasamente, y casi siempre llevaba capucha, por lo cual debía de costarle reconocerme.

Y allí está. Tendrá ahora unos veinticinco... veintiséis años. Por mi madre y sus típicas frases de "Mike ya es..." que llevan enseñándome su recorrido toda la vida sabía que ahora era cirujano o algo relacionado con ello en el hospital. Me dispongo a continuar respondiendole cuando estabiliza contacto visual entre ambos.

Algo en mí rugió cual león hambriento y no pude hacer nada más que quedarme quieto, en silencio y contemplando como se preparaba algo para beber mientras me reprochaba. Si... ese sentimiento. Era el mismo que empecé a tener poco antes de que dejara de ser mi canguro. Ese que hacía que me sintiera cómodo pero a la vez molesto en su presencia y que me empujaba a hablar con tartamudeos y nervios. Por suerte, solo lo sabía yo, y no me resultaría complicado esconderlo. Demasiados años siendo una persona distante.

"Piensalo, no dos, sino tres veces..." No aparté la mirada ni cuando miró hacía la mesa para agarrar su vaso. No pude menos que por su último tono de voz empleado mostrarme lo más cordial posible y respondí como si fuera ese crio de diez años.-Si, Mike. Seré bueno y me portaré bien.-dije la frase tal cual la decía de pequeño, cuando me obligaba a hablarle así. Sentí interiormente un fastidio. Sabía reconocer lo que era, pero no me gustaba echarle cuenta.

Las voces de las mujeres se aproximaron y entraron en la estancia las señoras encabezadas por mi madre. Se acercó a mi para regañarme por haber estado fuera
hasta perderme la cena y me ruboricé un poco por la presencia de Mike delante de aquella situación. Las mujeres se acercaron hacía sus maridos. Tocaba ronda de recuerdos, chistes y alcohol. Viva.

Entonces el rugido del estomago de Mike me hizo volver a mirarlo y esta vez, inexplicablemente, se me escapó una sonrisa. Buscando una escusa para huir, le hablé algo más bajo para que no me oyeran.

-Los entrantes y la comida que ha sobrado está en la cocina. Te acompaño si quieres.-era más una escusa para salir yo de allí que para otra cosa.-Mamá, voy a...-pero ella ya estaba enzarzada en la primera ronda de chistes con sus copas de vino y sentados junto al fuego.

Agarro la botella de ron, mi vaso y salgo por la puerta, esperando que Mike me siguiera y así tener escusa para salir de allí. Ya luego le dejaría volver a la fiesta mientras yo me iba al jardín o algo para no oírlos hablar de superficialidades, oficinas, hijos médicos, abogados y oficinistas y demás protocolo.

Sin saber si me ha seguido, en la encimera central de la cocina comienzo a destapar los platos. Hay de todo, canapés, entrantes, una bandeja con buenas raciones de carne, y hasta una enorme bandeja de tarta. Eso hace acordarme de que yo tampoco he cenado.

-Yo voy a echarme tarta.-Tarta con ron, que rico. O que asqueroso, desde mi punto de vista. Me sirvo un buen pedazo de tarta y me dirijo a la encimera de la izquierda y me subo a ella dejando colgar los pies mientras empiezo con la tarta de chocolate.-Sirvete lo que quieras. Mañana lo tirarán.-comento resignado por la comida. Me cuesta entablar conversación con él. ¿Por qué? Estoy algo nervioso e intimidado. Bien camuflado con mi frialdad, al menos.

Supongo que querrá comer. Dejo que sea él el que entable conversación, o que se sacie, o que coja lo que quiera y vuelva a la fiesta. Cosas de mayores.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Jue Ago 16, 2012 12:17 pm

Por como me había dirigido su mirada, y la expresión de su rostro, no era difícil de adivinar la sorpresa de Leo de verme en aquel lugar. Mi gesto se había relajado un poco, al fin y al cabo no es que estuviese enfadado con él. De hecho, a veces creía que me era imposible estarlo. Si que había de reconocer, sin embargo, que me hería el hecho de que a veces se comportase de esa forma tan fría y distante conmigo después de todos aquellos momentos que habíamos vivido juntos. Quizás yo lo viera de distinta forma por ser el mayor, aunque tampoco era muy normal que lograse hacerme "daño" con tanta facilidad. Lo que más me extrañaba era precisamente ese comportamiento suyo, a través del cual siempre intentaba acceder para volver a recordar a aquel joven con el que había pasado tardes y noches; sin embargo, un muro infranqueable me impedía el acceso y era lo que más rabia me daba.

Me fijé en la postura que había adoptado, cruzando los brazos, y una parte de mi subconsciente ya se preparó para los comentarios que vendrían a continuación. No habían sido tan duros como a los que me tenía acostumbrado, pero no pude evitar emitir un suspiro mientras continuaba mirándolo fijamente. Podía llegar a ser tan fácil perderse en aquellos ojos. Carraspeé para sacarme a mi mismo de mis cavilaciones, reclamando mi atención para responderle. - Ya lo sé, Leo. Sé que tienes aguante, pero también que no siempre sube de la misma forma. Y no te lo digo porque me guste sermonearte, porque créeme que no... Pero no querría que pasase algo y después tus padres te echaran una reprimenda - dije sinceramente, y eso era algo que me caracterizaba. El único motivo porque el que decía todo aquello era porque me preocupaba por él. Sino, ya no le diría absolutamente nada y no le pasaría la mayoría de las borderías que me podía llegar a decir. Era muy permisivo con él. Fruncí los labios cuando mencionó que ya no lo estaba dando al no estar hablando con ellos. Yo me limite a encogerme de hombros. - ¿Ves que yo lo esté haciendo? con que al comenzar la velada digas un par de cosas, te puedo asegurar que es más que suficiente. Ellos no esperan que hables con ellos sobre empresas, saben que no tenemos ni idea así que si nos preguntan es mas protocolo que otra cosa. Cuando veo que las conversaciones toman ese cariz, tampoco es que suela agradarme demasiado conversar. - Y en eso nuevamente no mentía. solía emplear una excusa como: mañana madrugo o estoy muy cansado. Pero esa noche no podía permitirme hacerlo, ya que ya había llegado más tarde. Además, suponía que sino Leo se sentiría muy solo... Y pese a que estaba seguro de que no reconocería que agradecía que estuviese allí, no me marcharía hasta que él no se fuese. -¿por qué no te imaginas que son unas prácticas? Al fin y al cabo, estás estudiando interpretación, ¿no? Es al menos lo que me dijeron tus padres las veces que les pregunto por ti. - Se me ocurrió decirle. Quizás si lo veía como algo que le pudiese servir para el futuro, lo tomaría de una forma diferente. al fin y al cabo, yo lo entendía perfectamente cuando decía aquello pero simplemente.. yo había aprendido a resignarme- Y por cierto, prefería que me llamases Mike o Chris; Michael sabes que no me gusta demasiado. - añadí, acordándome del estremecimiento que me había provocado el escuchar mi nombre completo salir de sus labios.

Cuando miraba hacia Leo, tenía que admitir que ya no veía a aquel chico al que había cuidado en tantas ocasiones cuando era pequeño. No solo por su cambio de carácter, sino porque había crecido y no podía negar que se había convertido en un chico muy guapo. Era en estos momentos, y cuando les preguntaba a sus padres por cómo estaba cuando recordaba el tiempo que había pasado con él. Tenía que reconocer que la primera vez que me habían mandado ir, había sido a regañadientes. La idea de hacer de canguro jamás me había llamado demasiado la atención aunque, como me lo habían pedido mis padres y los padres de Leo, había acabado dando mi brazo a torcer. Finalmente, me lo acabé pasando mejor de lo que había esperado. Hasta el punto de comenzar a hacerlo más frecuentemente, sin aceptar ningún tipo de paga obviamente. De pequeño había sido un niño adorable y, según sus padres era una buena influencia para él. Yo me divertía jugando con él jugando, ayudándole a hacer sus deberes... Tenía que reconocer que siempre había sido muy sobreprotector con él aunque era así normalmente, quizás hasta más que normalmente. Pero había que admitir que Leo de pequeño se hacía de querer; recuerdo que le había cogido mucho cariño con una facilidad espasmódica. Lo malo había sido, cuando comencé la universidad y mi estudio se había intensificado. Además, a mayores el había comenzado el instituto y sus padres consideraban que ya era lo suficientemente mayor como para poder depender por el mismo sin necesidad de que nadie lo vigilase. Y, a partir de ahí, nuestros lazos se habían roto por completo. No había vuelto a ver, salvo contadas ocasiones en las que había descubierto su nueva faceta fría y distante, al menos respecto a mi, tras la muerte de mis padres. Aquel periodo en el que los Dáscolli habían estado tan pendientes por mí pese a que no se lo hubiese pedido, algo que les agradeceré eternamente. Algún día, le preguntaría a Leo que había ocurrido para que terminase así. Me abstendría de hacerlo hoy, puesto que era una pregunta bastante personal con la que asaltarlo hoy.

Tras pedirle que se comportase, escuché como confirmaba que lo haría en un tono que me resultaba muy familiar. La frase que tanto le había repetido de pequeño parecía que se le hubiese grabado a fuego. No pude evitar sonreír mientras negaba con la cabeza - ¿aún te acuerdas? - volví a fijar mi mirada en el, de la misma forma que él lo hacía. - Ahora es diferente, ya tienes más cabeza, eres más mayor. Haz lo que tu veas conveniente, yo simplemente quiero que no te pase nada. No voy a estar como antes diciéndote lo que debes o no debes hacer. ¿Aconsejarte? Puede. Pero tuya es la decisión... y la responsabilidad - Arqueé las cejas al pronunciar aquella última palabra. Aquello que pesaba sobre los hombros de todos. La responsabilidad de nuestros actos era una carga que pretendía hacerle más liviana para que no la sufriese en carnes. Aunque ya estaba en la universidad y había que admitir que todos habíamos cometido nuestros errores y de ellos se aprende.

En ese momento, ambos giramos nuestro rostro al escuchar las voces y risas de las mujeres haciendo su entrada triunfal en el salón. Me fijé en como Rose se acercaba a nosotros, en especial a Leo y lo regañaba por haberse perdido la cena. Lo miré fugazmente, frunciendo el ceño y pude observar como se ruborizaba ligeramente. Algo en mi interior, un impulso, me obligó a responder por él - Siento inmiscuirme señora Dáscolli, pero creo que eso ha sido más culpa mía que suya. Cuando llegué del trabajo en el coche, lo vi saliendo de su casa y le pedí si me ayudaba a meter en casa unas bolsas de la compra y a guardarlas en la nevera. Siento mucho si les he causado alguna molestia, no era mi intención - improvisé rápidamente. Jamás me había gustado que mis padres me echasen reprimendas en situaciones así y, simplemente, no pude quedarme callado. Pese a lo que les agradecía el haber estado ahí tras la muerte de mis padres, no podía negar que sentía más cariño por Leo que por ellos, y mi instinto sobreprotector había aflorado nuevamente. Pese a que no me gustaba especialmente mentir, esta era una situación especial.

Las mujeres se alejaron y, tras la llamada de atención de mi estómago que pareció divertir a Leo, me ofreció ir a la cocina a por algo de comer. Asentí simplemente ante su idea y fuimos a comunicárselo a sus padres. Aún así, ellos estaban demasiado inmersos en su conversación así que finalmente no los interrumpimos y fuimos directamente hacia allí. Me fijé como antes de dejar la estancia Leo cogía la botella de ron y seguía mis pasos. rodeé los ojos, sin decir nada y suspiré. En mi interior algo me decía que la velada no terminaría bien, pero ya no iba a repetírselo más veces.

Al llegar, el se sirvió un pedazo de tarta de chocolate y se sentó sobre una encimera. Yo me acerqué hacia una bandeja con diferentes canapés y cogí uno. al darle un mordisco sentí como mi estómago agradecía el que estuviese introduciéndole comida después de la larga espera. cogí la bandeja y la deposité sobre una mesa, sentándome en una de las sillas quedando de frente a Leo y observando como comía la tarta. No pude evitar reírme ante su combinación - ¿tarta de chocolate y ron? No se como tu estómago puede asimilarlo sin haberle metido algo de comida de verdad antes - comenté, no como reprimenda sino como anécdota. Simplemente me llamaba la atención. Me quedé en silencio unos segundos, mientras devoraba, literalmente, otro canapé y le daba vueltas a lo que había dicho su madre. - ¿Puedo preguntar... porque llegaste tarde a la cena? Obviamente, no es de mi incumbencia - comenté mientras escogía otro canapé de la bandeja y volvía a comerlo como si no hubiese mañana. Una vez lo hube tragado, clavé mi vista en el con una sonrisa socarrona - ¿quizás es que quedaste con alguien y no querías que tus padres se enterasen? - arqueé las cejas, claramente divertido ante la pregunta. Sentía curiosidad por escuchar la respuesta que me daba y ver la cara que se le quedaba.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Jue Ago 16, 2012 1:48 pm

Sentado y arrasando con el enorme pedazo de tarta, acabé sumiendome en mis pensamientos despedazando el chocolate y la galleta con la cuchara. Ahora si tenía problemas. Para empezar, como si nada hubiera cambiado, Mike le ha metido a mi madre hace escasos minutos una de esas trolas que le metía cuando yo hacía alguna trastada como romper algún cuadro de casa o algo por el estilo.

Se dedicaba a tratarme como si continuara siendo un crio. Y no lo era. Ya no. Había tenido que aprender a valerme por mí mismo. Sin padres, sin amigos, sin él. Era suficientemente mayor para saber dónde estaban mis límites y mis posibilidades. Y ninguna de las dos incluía a Mike, que quizás fue mi problema y no me di cuenta hasta ese momento. Pero eso era una tonteria. Jamás me había dado por fijarme ni en tios ni en tias. Y Mike solo había sido el típico canguro que hacía las de hermano mayor con el que me habia criado y al que le tenía un gran respeto y cariño... ¿no?...

Suspiré agotado por mantener mi frialdad y dejé que se me bajaran los humos. No me apetecía estar así aquella noche. Proximamente me sentaría a tocar la armónica, o si podía, la guitarra, que reposaba en mi armario en la habitación.

-Nunca me han sentado mal las mezclas.-dije. Sin embargo, algo en mi interior se clavaba y me hacía daño. Me decía que alejara la botella. Que cada segundo que la tenía al lado, no era más que hacer el ridículo y el estúpido. Seguí comiendo tarta, ignorando por el momento la botella de ron.-No sirve que intente mantener conversaciones civilizadas con ellos...-comento en voz baja para que no me oigan.-Son demasiado superficiales.-Recordé un fragmento de El Principito. Los adultos se preocupan por temas superficiales y para poder imaginar, hay que hablarles de medidas, valor... mientras que yo me basto con que me digan colores, textura, detalles... era tan infantil. Pero por supuesto, eso a Mike no le importaba.

Recordé que me había pedido que le llamara Mike, o Chris. Chris era de esos pocos nombres que no usaba mucha gente. Alguna vez lo había llamado así... en sueños. Por lo general Mike, o cuando me enfuruñaba, le decía Michael para molestarlo. Como en esta ocasión, que ignoré su petición y continué llamándole Michael. Lo cierto es que cuando no era frío y despiadado, era bromista, pero un mal bromista pesado.

-Venga ya, Michael, no preguntes cosas que no te interesan saber.-le regañé con el tono que él siempre empleaba para hablarme. Decidí asustarle. Me puse serio y lo miré a los ojos. Rápidamente aparté la vista ya que no podría seguir con la broma si le miraba fijamente. Intimidaba.-Había quedado con mi proveedor de droga. Y de paso nos lo montamos en su coche. Venía con unos amigos.-comenté dandole un tono de seriedad. Luego rodé los ojos y volví a mirarle. No pude retener las risas y rompí a reír. No debía de haberse creído nada.

Luego, antes de responderle, pensé en su pregunta. Más quisiera haber quedado con alguien, pero no habia nadie que quisiera haber quedado conmigo... soy un tanto asocial. No sabía si darle esa información a Mike.-No, no quedé con nadie. Simplemente no sabia quien vendría y preferí alargar el máximo tiempo posible mi ausencia en la fiesta. Son fiestas tan aburridas...-dije apesadumbrado.

Terminé la tarta y lo miré ladeado como se entretenía con los canapés. Normal que las chicas de la calle lo miraran a él, me dije. Nadie se fijaría en un chico de 10 al lado de él con 16... ¿era eso lo que me cabreaba? seguro, ¿no? Me dejé caer en la pared, me volví a cruzar de brazos, y pensativo, me quedé mirandolo a los ojos... sumido en mis pensamientos.




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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Vie Ago 17, 2012 1:23 am

Si había algo que no me gustaba demasiado de las personas, era el no saber que pensaban. Y para mí, Leo era como un libro cerrado al que ya no podía acceder. Eso me ponía nervioso. Me daban ganas de meterme en su cabeza y ver que se le pasaba por ella. Yo solía ser una persona que decía lo que pensaba sin tapujos, salvo que la ocasión requiriese educación como podía ser en aquella velada o en el ámbito de mi trabajo; pero por lo general, no me gustaba guardarme las cosas ya que por norma general no solían conllevar nada positivo. Pero el castaño... era infranqueable. La expresión "a penny for your thoughts" le venía como anillo al dedo: aunque creo que me iba a quedar con las ganas. Daba pena ver como podían cambiar las personas y de qué forma se podían llegar a destruir relaciones como la que habíamos tenido. Si bien se había basado al principio en una mera relación canguro- crío, al final creo que había llegado a más; al menos desde mi punto de vista.

Pero volvíamos a lo de siempre, habían crecido, ambos habíamos cambiado, y ahí volvíamos a estar.. Juntos, mientras que sus padres celebraban una fiesta. Solo que las circunstancias habían cambiado bastante, ya que no recordaba que ninguna de nuestras tardes y noches hubiese incluido una botella de ron en la velada.

Mientras continuaba atacando a la bandeja de los canapés, me dijo que jamás le habían sentado mal las mezclas. Tras tragar lo que tenía en la boca, la abrí para responderle con un "Eso no significa que ahora no pueda hacerlo..." Pero me limité a chascar la lengua y sacudir con la cabeza. No me compensaba discutir en ese momento, tenía demasiada hambre y sabía que no serviría de nada ya que haría lo que le saliese de dentro sin hacerme caso; me ahorraría saliva y esfuerzos. - Eso no te lo voy a discutir. Aunque con eso interpreto que no crees que yo lo sea, ¿no? - Arqueé las cejas y sonreí, claramente divertido. Sí, me estaba metiendo con él, intentando hacer que se abriera un poco - A ti como hay que sacarte las cosas con pinzas, pues tengo que preguntar.

No pude evitar fruncirle el ceño cuando respondió a mi pregunta. No por su contestación en si, ya que eso me resbalaba bastante. Sino por el hecho de que siguiese llamándome Michael. Sabía que no lo soportaba, y aún así seguía en sus trece. Se notaba que quería hacerme rabiar, y no entendía el motivo. Cada vez empezaba a ver más interesante la idea de que se emborrachase para que se le soltase la lengua y preguntarle que puto problema tenía. - Sino me interesase, no hubiese preguntado nada. Pero obviamente no tienes porqué hacerlo - Respondí secamente. Arqueé la ceja, claramente parecía molesto y no entendía demasiado el motivo. Tenía costumbre en tratar con gente así en el trabajo, pero de él me afectaba más. Poco a poco, según continuaba hablando mi ceño se fue frunciendo más y más. Por un momento, sentí el impulso de levantarle y darle una paliza por el tema de las drogas. ¿Estaba bromeando no? Pero su risa me indicó que así era. Relajé mi rostro y mi cuerpo dejó de estar tenso, así que disfruté de otro delicioso canapé. - Creo que eres más listo que eso como para dejarte seducir por ese mundillo...- dije refiriéndome, obviamente, a las drogas. - De hecho, te puedo asegurar que como te vea algún día con algo así... no respondo de mis actos - dije seriamente. Me daba igual que se lo tomase a amenaza, que se enfadase o que me mandara a tomar por culo. Lo decía muy en serio. Ver a acabados por las drogas era el pan de cada día en el hospital, y no permitiría que el acabase así le gustase o no.

Me quedé pensativo, sopesando lo que había dicho Leo. Según me habían comentado sus padres, preocupados por el cambio que había dado desde que era pequeño, me sentía algo responsable por el no haber estado ahí por si había pasado algo para que acabase de esa forma. O es que simplemente, era una fase de la adolescencia. Mientras comía un canapé sentí la mirada de Leo, aunque parecía que estaba en otro planeta en ese momento. No pude evitar reírme por el gesto que tenía, lo que provoca que casi me atragante. Comencé a toser y darme golpes en el pecho para que la comida bajase por donde tenía que bajar. Cuando lo logré, tomé aire profundamente - Lo siento, pero mala hierba nunca muere - Subí mi mirada hacia la suya y volví a emitir unas suaves carcajadas - Solo lo diré una vez, Leo. No voy a estar encima tuya. Si otra vez pasa eso, puedes acercarte hasta mi puerta y entrar. Nadie te va a comer. Y si no estoy, puedes estar un rato con mis compañeros, o estar en el salón, o donde quieras. Y sino me avisas y veré que puedo hacer. - Me levanté de mi asiento, una vez hube terminado de hablar y me acerqué hasta donde él estaba - nos conocemos desde hace mucho, no creí que fuese necesaria la invitación para que lo hicieras - Me acerqué a él para coger la botella de ron y me dirigí hacia un armario para alcanzar un vaso y echarme un buen lingotazo. Mi estómago parecía que estaba satisfecho, y la idea de beber un par de copas se me antojaba apetecible.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Vie Ago 17, 2012 2:07 am

-A ti aún te queda algo de humanidad.-dije en toda respuesta al no incluirlo en el grupo de oficinistas serios que parloteaban sobre dominios en el salón. Continué mirándolo y levanté una ceja formando media sonrisa.-Nunca necesitaste pinzas para sacarme información. Te lo contaba todo...-con solo verme la cara, sabía si había hecho alguna trastada, aunque sucedía en escasas ocasiones.

Me bajé un momento de la encimera y pasé a su lado para pillar algo más de comida. Era una especie de bestia a la hora de comer. Y aquella noche, me sentía especialmente vacío. Agarré un par de canapés entre los dedos con una mano y volví a mi asiento. Volvía a estar de un humor aceptable cuando sus últimas palabras me tocaron. Me giré, apoyado en la encimera y lo miré, no fríamente como todos estaban acostumbrados. Sino algo dolido. Un dolor de los que sientes dentro.
-Si me ves algún día así, me dejas por que será mi elección. Hace mucho que dejaste de ser mi niñera. Y ya no soy un crio, no sé si lo has notado.-ironicé.-Ya no tienes para ninguna responsabilidad conmigo. Y sé cuidarme solo. Llevo haciéndolo muchos años. -no lo iba a pagar con él, pero no iba a dejar que me siguiese tratando igual. Por un lado, me encantaba que la relación pareciese la misma. Por otro, este trato solo limitaba la relación al "hijo pequeño de mis vecinos". Al menos que tuviera una opinión diferente.

Tras el silencio y quedarme pensativo, comenzó a toser. Se había ido a atragantar con uno de los canapés. Primero abrí los ojos alarmado. Luego ya se relajó el asunto y volví a apoyarme tranquilo, sin apartar la mirada de su cara. Opté por apartarla y mirar hacía un lado. Justo al hacerlo, un par de risas mal camufladas se me escaparon. Resultaba difícil enfadarse en ese contexto. Y menos con él ahogándose a mi lado. Entonces volvió a hablar y esta vez presté atención. Enfilé su mirada y la mantuve. Era algo que me costaba, pero en esta ocasión estaba dispuesto a aguantarla.

Un pequeño trozo de mi interior agradecía sus palabras, pero el alto resto porcentaje que quedaba se negaba. Opinaba que estando solo y sin ayudas de este tipo me iría mejor.-Lo siento, pero siempre he acudido a la música, y por lo pronto no tengo intención de dejar de acudir a ella.-¿Qué le importaba estar en mi vida? Había desaparecido de ella al igual que el resto, mis padres, mi mascota, mis amigos... ¿Por qué esa intención de mantenerme cerca y darme a entender que está ahí? Cuando miro hacía atrás, nadie está ahí para tenderme la mano si tropiezo. Las figuras se marcharon hace muchos años. "Nos conocemos hace mucho, no creí necesaria la invitación para que lo hicieras". Ya, claro... todo son formalismos. No voy a ser ese crío que corre a llorar cuando lo pasa mal.

Contemplé como agarraba la botella y cruzandome de brazos tras devorar los canapés, ladeé la cabeza y sonreí maliciosamente.-No pretenderás dar un numerito ¿no? Esa botella de ron era mia...-mantuve la sonrisa y mi vista puesta en su nuca. Esa nuca que tantas veces había visto marchar de casa.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Vie Ago 17, 2012 10:39 am

Al escuchar sus primeras palabras no pude parpadear varias veces y soltar unas carcajadas, perplejo. ¿en serio acababa de decir que todavía conservaba algo de humanidad? Creo que era uno de los ataques más gratuitos que me había lanzado alguien - ¿Algo? ¿Qué insinúas? - Arqueé la ceja izquierda y me crucé de brazos, haciéndome el ofendido aunque interiormente tenía que reconocer que me había hecho algo de gracia. No pude evitar, aún así, sonreír cuando el lo hizo. Más aún cuando escuché lo siguiente. - Y las que no me contabas, podía llegar a suponérmelas... -Clavé mis ojos en los suyos y me pareció ver por unos segundos al pequeño Leo. Mi sonrisa se ensanchó todavía más, acordándome de aquellos tiempos - Siendo sinceros, la primera vez que me pidieron tus padres si podía quedarme contigo... Me pareció el coñazo más insufrible del mundo y, de hecho, tuvieron que convencerme mis padres porque no me llamaba lo más mínimo - Me recosté sobre mi asiento y me encogí de hombros - Después... no sé, me llevé una grata sorpresa. No era tan malo como lo había imaginado y, de hecho, hasta llegó a gustarme. - Estaba seguro que ni el sabía que jamás me habían pagado por hacer aquello salvo las primeras veces. Después, ya acudía por mi propia voluntad. Nunca había tenido hermanos y, la compañía tanto de Leo siempre me había gustado, lograba que me sintiese cómodo... Aunque bueno, más antes que ahora.

Mientras seguía a lo mío, como no, comiendo canapés (soyungordoyloséxD), Leo se levantó de encimera y lo perseguí con la mirada mientras observaba como cogía alguno. Interiormente me alegre de que lo hiciera y también me percaté de que había aminorado el consumo del ron. Si podía conseguir que estuviese a mi, era suficiente. No tenía ganas de que mañana sus padres le echasen una reprimenda. Me habían comentado que se había vuelto un joven muy frío y asocial y que no entendían el motivo; como ellos, estaba preocupado y no quería que nada llegase a empeorar esa situación.

Sus palabras nuevamente me cogieron por sorpresa. En parte me habían dolido, no podía negarlo, la frialdad y la dureza que se hacían patentes al soltar todo aquello de sus labios - Punto número uno, Leo. Sí el día de mañana tomas esa decisión y yo estoy delante, me va a dar igual. No te lo voy a permitir te pongas como te pongas. No te discuto que seas un crío, ni que no sepas cuidar de ti y, obviamente sé que no tengo ninguna responsabilidad sobre ti. Pero al igual que no se lo permitiría a nadie que apreciase, tú no serías la excepción, puedes estar seguro. Te guste o no te guste, soy así y no hay que hacerle. No voy a permitir que alguien que me importe tome las decisiones incorrectas aunque eso signifique que deje de hablarme - Estaba completamente serio y hablaba con completa honestidad. Quizás el creyese que solo lo hacía por un antiguo sentimiento de responsabilidad hacia él, pero no era así. Era importante para mí, se había logrado un puesto en mi vida con todo lo que aquello acarreaba.

Tras mi pequeño momento de asfixia momentáneo, pude observar como se le escapaba alguna carcajada. Ladeé la cabeza y esbocé una fugaz sonrisa. Si hubiese sido en otra situación lo habría mandado a la mierda, pero con lo que le costaba a aquel muchacho reír era imposible que me enfadase por aquello. Incluso sus palabras posteriores, tras haberle ofrecido amablemente mi casa, no me afectaron demasiado - No te estoy obligando a que lo hagas, Leo. simplemente te estoy diciendo que tienes las puertas de mi casa abiertas pase lo que pase. ahora ya, es decisión tuya. Lo que no voy a hacer es repetírtelo todos los días porque no me gusta ser tan insistente. Ahora que ya te lo he dicho, ya lo sabes y está en tu mano. - Comenté con los brazos bruzados sobre mi abdomen y aguantando su mirada. Obviamente eso había sido así desde que era pequeño, pero parecía que no lo había tenido claro hasta que se lo había dicho. Así que ahora que estaban las cosas claras, me quedaba bastante más tranquilo.

Tras servirme la copa, volví a acercarme a él para colocarla a su lado mientras sonreía. - Antes me has ofrecido que cogiese lo que quisiera, ¿no? Además... compartir es vivir. - Le eché la lengua, comportándome quizás un poco infantilmente pero esa clase de cosas me salían espontáneamente. Me quedé de pie, en el medio de la cocina y orientado hacia él mientras que con la mano derecha giraba el vaso, moviendo la bebida que contenía y ayudando a que el hielo la enfriase. Le di un corto trago, saboreándolo. - Y no, no pretendo dar un numerito. No quiero beber hasta emborracharme, no es la situación más indicada para hacerlo. Pero quizás para coger un pequeño puntillo... no te diría yo que no. Al fin y al cabo me da que no seremos los únicos en esta fiesta que acaben así.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Sáb Ago 18, 2012 1:11 am

Estuve en silencio algo indignado durante un rato. Me molesta que me digan esas cosas. Soy muy ingenuo, y me las creo. A pesar de que sé a ciencia cierta que nadie se entrega y preocupa tanto por los demás. No si ese alguien soy yo. Sus últimas palabras me hicieron girarme directamente hacía él sorprendido. Esas palabras me habrían encantado cinco o seis años atrás. Ahora... bueno.

-¿Llegó a gustarte el qué? ¿Tener que ir a casa de un crío a vigilar que no le pasara nada?-chasqueé la lengua recuperando mi sonrisa y frunciendo el ceño. Luego, fríamente, ante sus palabras sobre responsabilidad e impedirme hacer ese tipo de cosas, continúe igual de recto y puesto en mi lugar. Mi primera instancia fue soltarle un "Y si lo hago no te enterarás." Pero pensando en que acabaríamos discutiendo y lo que menos me apetecía era discutir con la única persona sociable por encima de oficinas en la fiesta. Y porque era Michael. Y él nunca había hecho nada para hacerme sentir mal. En parte le debía un favor así. Volví a calmar mi frialdad y traté de pasar de ese tema, no quería discutir.

Me imaginé a mi en la puerta de Michael y resultó una extraña imagen. A no ser que fuera borracho o colocado o una necesidad urgente, dudo que nunca acudiera a su puerta a pedir algo de compasión. Entonces caí en una cosa. Estaba manteniendo una conversación y controlando un poco mi interior. Desde aquél instante de fuego que había tenido por el ron. Disimuladamente me pillé otro vaso y me coloqué a su lado.

-Venga, va. He comido bastante, no tendrás quejas. Mientras no me pase voy a estar bien.-Y recuperé la botella para servirme el vaso completo. Claro que lo bebería lentamente, pero así no tendría que depender continuamente del vaso. A sus comentarios tuve que reírme. Las risas ya se escuchaban en la habitación de al lado un tanto altas. Incluso molestaban los momentos en que se reían.-¿El puntillo? Vaya, no sé por qué pensaba que serías más de estar con mi padre a preferir beber cual jovencito de diecinueve años que no sabe que hace aquí.-Eran solo veintiséis años. Aún era joven para enzarzarse en esas conversaciones si prefería otras cosas. Hay gente de todo tipo.

Vuelvo a mi lugar y por la ventana veo mecerse suavemente los columpios del jardín. Están viejos y oxidados. Pero funcionan. Luego quizás salga. Cuando las voces no sean más que palabras inteligibles allí dentro. Doy un trago largo al vaso y rápidamente noto como baja ardiendo. Seguidamente, noto como la frialdad se oculta mientras sale a relucir un Leo algo más abierto. Me giro hacía Michael apoyandome en la encimera y me decido a ser sociable. Por una vez.

-Y bueno... ¿realmente hoy no tenías nada más interesante que hacer que estar aquí...?-comento divertido ante cual será su respuesta. Mike es un chico afable, divertido. Tiene muchas amistades, y es extraño no verle con alguien entre las manos. Por eso es extraño que gustandole tanto la fiesta venga a esta... fiesta de mis padres. Un yo joven habría querido que fuera por él. Un yo actual piensa, racionaliza y se ríe de sus sentimientos cuando era un crío. Con esa edad no se tienen sentimientos. Aunque yo no los tenga tampoco siete años después.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Sáb Ago 18, 2012 2:10 am

No pude evitar soltar un gran suspiro. Me daban ganas de agarrarle la cabeza y arrancársela, jugar al baloncesto con ella y luego prenderle fuego o clavarla en una estaca en las puertas de mi casa a lo juego de tronos. "Calma Mike, calma... piensa en blanco". - Cree lo que quieras, Leo. Pero sé que en el fondo yo no fui simplemente tu niñera, al mismo tiempo que yo ya no me lo tomaba como un trabajo - podría decirse que mis palabras habían sonado con un ligero tono de soberbia, pero al fin y al cabo a veces era lo que tenía la franqueza. El podría seguir escondiéndose tras aquel muro helado donde, seguramente se sintiese protegido, pero había pasado más tiempo con él del que lo habían pasado sus padres y consideraba que lo conocía mejor que ellos mismos. Y si no le gustaba escuchar las cosas tal y como eran, conmigo no estaría muy cómodo porque no pensaba cambiar mi forma de ser por él. No lo había hecho jamás y no pensaba empezar ahora.

Mentiría sino dijese que empezaba a crisparme un poco y, por un momento, estuve pensando en marcharme de allí y dejarlo en su rincón emo para que siguiese autolamentándose bajo aquella fría máscara, pero algo me obligaba a quedarme, como si me retuviese. Seguramente el cariño que sentía por aquel niño... Bueno, mejor dicho, chico. Como él había dicho, y no iba a negarlo, ya era más mayor. Eso era fácil verlo. Y desde luego, los años lo habían tratado bien. Había crecido bastante desde las últimas veces que lo había visto y, pese a que conservaba algunos rasgos de antaño, ahora se veían más marcados y firmes.

Agradecí interiormente que no siguiese discutiendo, pese a que se podía percibir en el ambiente una tensión propia de alguien que no había acabado de aportar sus argumentos. Aunque supuse que había pensado lo mismo que yo: que era suficiente y era mejor dejar de discutir ya que ambos éramos demasiado testarudos como para dejar de discutir. Decidí tampoco no añadir nada más a lo que había dicho, dándole algo de paz que ambos disfrutaríamos.

Me fijé en como se levantaba nuevamente y volví a seguir sus pasos con la mirada. Vino hacia mí y me fijé en como se servía un vaso con ron. No pude disimular unas carcajadas cuando dijo que ya había comido suficiente. - De acuerdo, de acuerdo... No voy a decir nada. Menos aún cuando yo estoy haciendo lo mismo. - Acerqué el vaso a mis labios y le di otro corto trago, volviendo a disfrutar el sabor del ron en mi paladar - Al fin y al cabo, no me considero una persona falsa en ese sentido ni exigente. Además he de reconocer que sería divertido verte a ti también un poco.. contentillo - Dije esto último con una sonrisa amplia en mis labios mientras lo miraba profundamente. Así, seguramente se abriese más y eso era exactamente lo que quería, disfrutar de unos buenos momentos con él como antes. Aunque era algo triste que para ello tuviesemos que recurrir al alcohol.

Al escuchar lo siguiente, volví a hacerme el indignado otra vez. Dejé el vaso sobre la mesa y me crucé de brazos y lo miré con el ceño fruncido - ¿Pero que te crees? Que tengo 40 años? Soy más mayor que tu pero no te llevo tantos... Obviamente me interesa más este plan, no tengo por costumbre acudir a cenas de este estilo. Soy más de salir un viernes por la noche a tomar algo y acabar cerrando todo lo que queda abierto en este pueblo. - emití un sonoró "JUM" al final, dejadno claro que había terminado de hablar y aumentando mi indignación.

Me preguntó si no tenía nada mejor que hacer hoy que haber acudido a aquella cena. Yo negué con la cabeza con suavidad mientras clavaba mis ojos en los suyos - No se trata de que tuviese algo mejor o no que hacer, Leo. Tus padres me invitaron.. y simplemente no les pude decir que no. Después de como se portaron conmigo tras el... accidente - no me gustaba demasiado hablar del accidente de coche de mis padres cuando habían fallecido, intentando ir a Boston a una convención de médicos - No puedo decirles que no. Además ya alguna vez tuve que dejarlos plantados por el trabajo y eso... No te creas que tengo demasiado tiempo libre. Como mucho los fines de semana, que los tengo libres y aprovecho los viernes para eso.. salir. - Agarré de nuevo mi vaso y acabé con su contenido de un solo trago. Tampoco es que me hubiese quedado demasiado. Empezaba a notar una ligera nube en mi cabeza, y los ojos algo más pesados. Beber ron solo, tenía aquel problema. También notaba mi lengua mucho más suelta de lo normal - Obviamente este tipo de celebraciones no van demasiado conmigo, pero tampoco me importa hacer ese esfuerzo alguna vez - Me encogí de hombros. Si que prefería estar en un bar, mismo con Leo tomando algo en lugar de allí, pero esas eran las circunstancias y no había nada que hacer - Y tu.. supongo que no pudiste poner ninguna buena excusa para saltártelo, ¿no es así? - Me reí. Se le había notado en la cara desde el momento 0 que lo había visto que detestaba estar allí.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Sáb Ago 18, 2012 2:46 am

Un último trago deja vacío el vaso y sonrío. Mike tenía la cara extraña. No era de las mejores. Parecía cansado, o como si el ron le hubiese subido algo. Eran mis miradas que atravesaban barreras físicas y llegaban a entrar tan hondo que podía imaginarme el estado anímico de los demás, y, casi siempre acertaba. Por un instante me causó ternura. Pero era libre de volver a su casa a dormir cuando quisiera. Sin contar claro que tenía todo el finde como él había dicho libre por delante para dormir y descansar.

Yo por mi parte, me encontraba mejor. Con mejor quería decir, volvía a sentir cosas. Quizás algo de melancolía, añoranza, tristeza, soledad... pero esos sentimientos lo único que hacían era volverme feliz. Feliz de ser capaz de derretir mi invierno interior para sentir cosas. Sentimientos que hacía años que no sentía. Que era incapaz de tener.

Volví a por la botella y al ver que él también había acabado su vaso, le serví primero para sentirme menos culpable. Luego me lleno el mio y esta vez opto por apoyarme en la encimera junto a la puerta que da al jardin y junto a él. Agarro el vaso con la izquierda y me lo pongo frente a la nariz. Apesta un poco... pero el olor es nada comparado con el fuego que entra al beberlo. Mi derecha jugueteaba con la armónica en el bolsillo mientras.

-La excusa de "Es el cumpleaños de..." quedó gastada hace mucho, cuando mis padres se dieron cuenta de que no soy mucho de tener amigos...-instantáneamente cerré los ojos arrepentido de haber dicho eso. Acababa de reconocer sutilmente por el tono de voz con que lo pronuncié que me equivocaba en mi forma de hacer las cosas. Estaba claro que quería tener amigos, ¿quién no? Pero me costaba confiar en alguien y brindarle apoyo como se suele hacer. Nadie tiene paciencia para aguantarme.-Y bueno, eso, me obligaron a quedarme aquí. Confían en que alguno de los de ahí me convenzan de estudiar algo que no sea inservible...-comento tristemente.

De pronto tengo mucho calor, y la situación me asfixia. Por lo general, al hablar todo lo hago con el mismo tono de voz. Y de buenas a primeras, mi voz se quiebra y rompo a hablar apesadumbrado, triste. Eso no mola. No si soy yo.

Me remuevo inquieto sin querer mirarlo a los ojos. Queda más de media botella de ron, así que suelto la armónica, la agarro y abro la puerta. Las risas ya molestan, sobretodo sabiendo que son producto de más alcohol en el cuerpo del que tenemos Mike y yo. Así que es hora de salir, tanto si quiere como si no. Necesito aire.

Doy otro trago y me giro en la penumbra.-¿Vienes? Voy a tomar algo de aire.-le guiño un ojo sonriendo y salgo. El aire fresco, no tan frío como al llegar, roza mi piel y sufro un escalofrío. Me dirijo hacía el columpio de la izquierda y tras asegurarme de que no se romperá, me siento y estiro las piernas, dando la espalda a la casa. Tantas veces me había sentado allí a mirar el horizonte, los árboles, el bosque... encontrar mi camino solo...

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Sáb Ago 18, 2012 11:04 am

El cansancio acumulado de toda la semana más el especial trajín que había experimentado hoy, junto al vaso de ron que me había servido, definitivamente comenzaban a hacer efecto en mí. Una parte de mi ser, quería pensar que se trataba de uno de los falsos avisos de que pronto comenzaría a subirme: ya me había pasado más de una vez que me subía un poco, después volvía a estar en un estado normal y después comenzaba a ser más palpable mi ebriedad. Tras haberle dicho aquello sobre el alcohol a Leo, esperaba que se tratase de lo segundo ya que sino quedaría un poco en una situación ridícula. Era increíble lo que el cansancio podía ayudar a que el efecto del alcohol se incrementase ya que, normalmente, solía tener bastante saque bebiendo. Supongo que sería la rutina de tantos años acompañado de vivir con Ian, una de las pocas personas a las que no hacía falta que insistiese para salir a beber un rato. A veces nuestro alcoholismo crónico llegaban a preocuparme, algo que solo llegaba a durar unos segundos.

Parpadeé varias veces, intentando regresar al mundo real puesto que me había quedado absorto en mis propias cavilaciones, justo para ver como Leo volvía a coger la botella de ron y se acercaba hacia mí. Primero me sirvió a mí, por lo que hice un ademán con mi mano derecha a modo de dar las gracias, y después se sirvió el. Olió la copa y pude ver una pequeña mueca en su rostro, probablemente por el mal olor que desprendía. - Te veo yo a ti muy valiente - Exclamé en ese momento. Acto seguido alcancé mi copa y, por un momento, casi sigo sus pasos. Aunque me lo pensé mejor y le di un sorbo sin pensármelo dos veces. El ron era una bebida que me gustaba, pero cuando la olfateaba perdía todo su encanto. Por ello solía beber casi siempre ginebra, cuyo olor y sabor me agradaban, aunque normalmente la tomase en gintonic.

Me quede mirándolo mientras hablaba. Sus palabras habían sonado en un tono triste, melancólico. No sabía si responderle o no, ya que no quería entrar otra vez en discusión, pero quedarme callado no era algo que supiera hacer. - Creo que podría decir que te conozco mejor que muchas personas, y añadiría que podrías tener tantos amigos como tu quisieras. Pero ese muro que has creado a tu alrededor... no te creas que lo favorece - Sí, definitivamente algo me había subido ya que mi lengua estaba más parlanchina que de costumbre - Aunque he de añadir que a mucha gente ese rollito de "lobo solitario", por llamarlo de alguna forma, le atrae. Estoy seguro que proposiciones no te faltan, de una cosa o de otra - Me refería, claramente al sexo. Atractivo no le faltaba, desde luego, y estaba seguro de que mucha gente del pueblo desearían estar con el si se abriese un poco más.

Leo y yo en ese aspecto éramos completamente antagónicos. Sabía que la mayoría de la gente me veía como el chico perfecto. Mis notas siempre habían sido sobresalientes, tanto en el colegio como en el instituto y en la facultad. Había optado por estudiar medicina: y pese a lo que todos pensaban, ya que mi padre había sido cirujano general antes de que yo hubiese obtenido la plaza, había sido por pura vocación. Solo aquellos más cercanos a mi sabían que desde pequeño ya había soñado con ser médico. Si a eso le añadíamos la educación que me habían dado, que había aprendido a tocar algún instrumento y mi gusto por el deporte... No había sido de extrañar que en el instituto hubiese sido de los más populares. El factor de ser capitán del equipo de rugby, hobby que dejé antes de entrar en la carrera cambiándolo por la natación, también había ayudado. Y mi relación con Grace, seguramente también hubiese sido un factor importante. Leo, al contrario y por lo que sabía, no solía acercarse demasiado a la gente. No entendía si era por miedo a que le hiciesen daño o porque simplemente le agradaba el estar solo.

Me mordí el labio mientras pensaba en todo eso, y sus palabras nuevamente me sacaron de mi ensimismamiento. Me levanté de mi silla y apoyé mi mano sobre su hombro, apretándoselo ligeramente - Que tus padres crean lo que quieran. Lo importante es lo que quieras tú, al fin y al cabo va a ser tu futuro y no el de ellos. Todo es importante y no hay nada que destaque sobre lo demás, solo que la gente no es capaz de verlo. Tu sigue con esto que además quiero poder ir a tu primera función y decir: a ese chico lo conozco yo. - Sonreí dulcemente y retiré la mano de su hombro. Di unos pasos hacia atrás, observando la cocina y girando suavemente mi vaso, para volver a beber un trago un poco más largo que el anterior. Como siguiese a ese ritmo, iba a acabar un poco perjudicado pero estaba en ese punto en el que me daba igual y simplemente me apetecía seguir bebiendo.

Leo me invitó a acompañarlo afuera y, sin pensármelo dos veces, seguí sus pasos. Sus padres y los amigos parecían estar pasando un buen rato ya que el tono de las risas y la conversación cada vez se incrementaba más. Seguramente el alcohol que les había llevado ya lo habían terminado y estaban con unas nuevas botellas. Al final creo que nadie se daría cuenta si nos acabábamos de emborrachar ya que estarían peor que nosotros. El hecho, es que ante su guiño no pude reprimir una nueva sonrisa. Comenzaba a pensar que parecía un poco estúpido sonriendo tanto. Pero eso había empezado a dejar de importarme desde hacía unos minutos.

Ya fuera, en la penumbra de la noche, él fue directo hacia el columpio junto a su botella. Comienzo a caminar lentamente hacia el, sentándome en el columpio de al lado. Nos quedamos unos minutos en silencio, observando el paisaje. Gracias a la luz de las farolas y de una gran luna que brillaba en el cielo, se podía observar la silueta y forma de los edificios de Storybrooke aunque tampoco de forma demasiado definida. Decidí ser yo el que rompiera ese silencio - Esto me trae muchos recuerdos... - Dije pensativo, acordándome de cuando éramos pequeños. Una sonrisa un tanto pícara se dibujó en mi rostro; miré hacia él - ¿Sabes? Si tanto te aburres aquí... ¿qué te parece si nos vamos a otro lugar? Después de todo, no creo que nos vayan a echar en falta. Podemos dar un paseo por las calles de Storybrooke o buscar algún bar abierto. - giré mi rostro nuevamente hacia el frente. Dejé el vaso a un lado del columpio, y comencé a balancearme suavemente, por miedo a que se rompiese - Aunque aquí también se está muy bien, lo dejo a tu elección

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Dom Ago 19, 2012 12:13 am

Cada palabra que pronunciaba me hacía sentir más y más cohibido. Se empeñaba en verle el lado bueno a todo, en sacar algo de lo que tirar de lo que yo convertía en mis enormes montañas nacidas de un minúsculo granito de arena. Y cada palabra hacía que diera otro trago, pequeño, pero trago. Y otro, y otro. No quería que siguiera, me hacía sentir incluso mal por pensar así. Pero mi mal humor se había ahogado esta noche con el ron y solo quedaba un yo un tanto tímido debajo de todo lo extrovertido que podía ser o solía ser.

Ya solo me quedaba el culo del vaso cuando por fin dejó de hablar sobre mi. Mucho más calmado y sin ninguna intención de ponerlo de mal humor, le reclamé el hecho de los amigos.-No me gusta tener amigos... no así. Casi todos suelen ser superficiales y traicioneros.-luego solté una risa chistosa mirando el suelo mientras mis pies hacían los movimientos para balancearme y continúe hablando.-Te sorprenderías lo que una personalidad fría logra que nadie quiera nada.-Por supuesto que no. Ni yo me había preocupado en diecinueve años en tener algo con alguien, ni nadie se había preocupado de tratar que yo supiera que alguien quería algo conmigo. Y no me importaba. Como decía, desde el instituto estaba acostumbrado a la soledad. Por descontado, Mike era lo contrario. Él estaba acostumbrado a que todo el mundo fuese su amigo, todos quisieran algo con él, y todos siempre lo tuvieran en alta estima. Aún años después de irse del instituto, seguían circulando palabras y recuerdos de Mike... mil y una forma de recordarme a él, podía decir. Y amigos, solo podía considerar amigos a la soledad, la música, a Sidney... y poco más, la verdad.

-¿Cuándo hemos estado tú y yo aquí de noche bebiendo?-bromeé con él cuando habló de que le traía recuerdos. Decidí abandonar los temas tristes en medida de lo posible y disfrutar de lo que quedara de ese momento. Parecía una pausa, una parada en lo que era mi ajetreada y horrible vida hacía el final. Y quería disfrutarla.-¿A dónde quieres ir? Jamás pensé que tú, Mike, me propondría ir a algún bar o algo. ¿Qué clase de cosas le enseñas al hijo de los Dáscolli?-sonreí sin poder evitarlo. Mirarlo suponía cada vez más ver a ese chico de dieciséis años que se perdía tardes enteras por venir a cuidarme y menos ese chico que era ahora. Pero en el fondo sabía que eran la misma persona, solo que me negaba a pensar que alguien de mi pasado volviera al presente de la misma forma que siempre.

Continué balanceándome un poco más y terminé por saltar. Logré hacer equilibrismo con el brazo y caer de pie sin derramar gota del culo del vaso que quedaba. Me giré y dejando el vaso a un lado, sonriendo con algo de malicia lo miré.-¿Nos vamos, entonces? Soy todo tuyo. A ver si consigues que me aburra menos que aquí con esos oficinistas.-le volví a guiñar el ojo y tiré del brazo para que se levantase. La proposición de salir de allí combinada con el ron habían hecho de mi un estado eufórica, y aunque un poco infantil, aún mantenía mi conciencia tranquila y lista para escapar de aquél sufrimiento.-Y recuerda, antes de las doce aquí. Y sano y salvo.-reí tras recordar esas palabras pronunciadas tantas veces antaño.

Recuperé la botella y me dispuse a dejarlas en la cocina. Para no hacer mucho ruido y molestar, abrí con cuidado y metí la mano para soltar la botella en la encimera. Me giré y a la oscuridad iluminada por la luna y por la luz de la cocina vislumbré la figura de Mike.

Recordé veces que solo me asomaba a la ventana y me sentaba a leer horas a esperar verle pasar... o incluso practicar con el skate frente a mi casa con tal de que cruzara y poderlo ver. Es lo que tiene uno de esos "amores platónicos" que tanto tenemos los críos. Realmente él había sido el único. Poco después de empezar a olvidarme de él, comencé a centrarme en los deportes. En la música. Y cuando quise darme cuenta, me había vuelto antisocial y alejado de la sociedad porque no quería tener que ver con la gente, siempre te depecionaba.

Mike era uno de los pocos que nunca me habían decepcionado. Pero al igual que el resto, había salido de mi vida. Y eso de tener a un amor platónico de cuando eras pequeño como amigo... nunca acaba bien. Eso me dicta la conciencia. Pero era solo un día, ¿no? Me cruzo de brazos y me apoyo en la pared a esperar que se levante y venga. Aún está a tiempo de dejarme allí. Solo tenía que decir que tenía una llamada, que era tarde... no sé, cualquier cosa. Esperaba con creces que me demostrara que era como el resto. Una persona capaz de decepcionarme. Mi sonrisa se torció en un extraño anhelo. Una mirada brillante que intenté disimular bostezando.-¡Venga, que me aburro!

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Dom Ago 19, 2012 5:14 am

Leo parecía haber escuchado cada una de mis palabras absorto en sus pensamientos y sin añadir nada sobre ellas. Volvía a tener aquella necesidad de saber lo que pasaba por su mente en ese momento aunque, obviamente, me quedaría con las ganas. Había bebido bastante rápido su copa y yo, para no quedarme atrás, bebí lo que me faltaba de un trago. Me consideraba una persona competitiva, incluso en temas de beber alcohol. No me gustaba que nadie me tomase la delantera y esa noche no sería una excepción. También había de reconocer que aquella costumbre era la que provocaba que el día siguiente quisiera morir. Los piques que teníamos Ian y yo a la hora de beber eran colosales y, al levantarnos, ambos considerábamos que teníamos que cambiar aquella fea manía... Aunque jamás ocurría.

Escuche con atención lo que me contaba sobre la amistad. Sus palabras sonaban duras y vacías, como desprovistas de emoción. No me gustaba generalizar algo ya que, como en todo, siempre había excepciones. Y, desde luego, no estaba para nada de acuerdo con sus palabras. Es cierto que no me había llevado bien con todo el mundo al que había conocido y que, alguna vez, había salido algo mal con alguna persona. Pero consideraba que aquellas cosas nos ayudaban a madurar, a crecer, y que no debíamos cerrarnos en nosotros mismos para evitar correr la misma suerte. Mi mente comenzó a figurarse que, probablemente, el resultado de la actual frialdad de Leo, tuviese que ver con algún amigo que lo hubiese traicionado. - No me parece justo que juzgues a todo el mundo por alguien en concreto, la gente no suele ser así, sino todo lo contrario. Hay mucha gente buena, fiel y simpática ahí fuera. Pero como en todo, es tu decisión. Obviamente no voy a obligarte a hacer amigos.. sería una estupidez - Dije mirando al frente, mientras escuchaba el ruido del columpio mientras Leo lo movía. - Simplemente.. reflexiona sobre ello. No sé. Hay gente que se preocupa por ti y a los que no les gusta verte así. - suspiré profundamente, recordando alguna vez las conversaciones que había tenido con sus padres, preocupados por el estado de sus hijos. Obviamente, no iba a defender su labor como sus progenitores, ya que siempre había considerado que habían sido un poco despreocupados con respecto a su hijo. Aún así, en el momento de la verdad si que notaban lo palpable de la situación actual. Y, no nos íbamos a engañar, yo también me había quedado bastante preocupado. Aún así, había prometido no decir nada de aquello y ya había abierto demasiado la boca. Para disimular, agarré la botella de ron y volví a llenar el vaso. Al menos, mantendría la boca cerrada antes de decir alguna otra estupidez.

Ante sus palabras no pude evitar emitir unas suaves carcajadas. - Que tonto eres... - Exclamé divertido. Obviamente me refería a cuando éramos más pequeños - Sabes perfectamente por qué lo decía, ahora no te vayas de listillo - Añadí en un tono socarrón, que se notaba que estaba bromeando. No tenía ganas de discutir más con él, ahora solo deseaba que pasásemos un buen rato juntos como antaño. Además, el que pareciese que se estuviese abriendo cada vez un poco más, me animaba a seguir en este buen rollo.

Me divirtió que a Leo le entusiasmase la idea de salir de allí para ir a algún local, lo cierto es que había pensado que lo rechazaría. Pero al ver su reacción, si ya tenía ganas de ir de fiesta, ahora habían aumentado. - ¿Hijo de los Dáscolli? Eres Leo, y ya eres mayorcito... ¿no? Además... por la cantidad de ron que queda en la botella, creo que no hace falta que te enseñe mucho. Estás más que aprendido - Volví a bromear. No podía negar que el chico tenía un buen saque. Tenía la sensación de que la noche sería larga y lo pasaríamos bien, y eso me animaba más y más - Además, para estar aquí y que ni se percaten de nuestra presencia, también podemos estar en un local escuchando buena música - Esbocé una sonrisa mientras lo observaba balanceándose. Después, dirigí mi mirada hacia el vaso y, sin dudarlo, me lo bebí de golpe. No pude evitar abrir los ojos bastante debido al pelotazo que sentí en la cabeza. Estaba siendo muy valiente a la hora de beber. Emití una risa apagada sin razón, lo que anunciaba que mi estado de embriaguez seguía avanzando sin control.

Leo saltó del columpio y, por un momento, ahogué una exclamación por miedo de que se cayese al suelo y se hiciese daño. Por suerte, el chico parecía ser bastante hábil en ello y salió bien parado. Suspiré, más tranquilo mientras el me hablaba. - ¿Me estás retando? Por que si lo estás haciendo, que sepas que esas son las palabras mágicas. Obviamente te lo vas a pasar mejor, de eso me encargaré yo. - Esbocé una sonrisa bastante traviesa. Podría llevarlo a los locales a donde iba siempre. Lo malo es que era menor, aunque con suerte al ser cliente habitual no habían demasiadas preguntas y hacían la vista gorda. - Si tus padres saben que estás conmigo, no creo que tengan problema porque llegues un poco más tarde. Al fin y al cabo, ser un chico responsable es lo bueno que tiene - Le saqué la lengua, comportándome un poco de forma infantil. Todo el mundo creía que era una de las personas más responsables que conocían y, por suerte, nadie que lo opinaba lo veía por las noches. Sino la percepción que tenían de él podría variar un poco.

Leo tiró de mi brazo y yo respondí ante su movimiento levantándome de aquel columpio. Me quedé esperando a que guardase en la cocina la botella y los vasos, mientras miraba hacia el cielo. Hacía una noche... ¿mágica? Si, aquella era la palabra. El cielo completamente despejado dejaba ver un manto de estrellas que cubría nuestras cabezas. Sentí su presencia a su lado mientras me insistía. Yo asentí y, comencé a caminar junto a él hacia la calle - Preeeegunta. ¿Andando o taxi? - dije mientras metía la mano e el bolsillo y extraía mi móvil. Pude ver que tenía algunas notificaciones de whatsapp y otras aplicaciones, pero con un dedo las hice desaparecer. Mañana sería otro día y ya me preocuparía por ellas. - No está demasiado lejos al bar que quiero que lleguemos, pero tampoco me importa si prefieres ir en coche. - Tenía los ojos ligeramente entrecerrados, a que la luz del móvil en la oscuridad me dañaba un poco la vista.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Dom Ago 19, 2012 10:13 pm

Le gustaba desmontarme los pensamientos. Todo lo que yo decía terminaba con una opinión y un consejo contrarios. Pero Mike siempre había sido tan positivo, siempre tan activo... yo por mi parte, parecía un viejo de cincuenta años ya. Siempre cascarrabias, enfadado, sin sentimientos, frío...

Una vez listos y de pie, para salir, me preguntó como prefería ir. El frío volvía a rondarme mis extremidades, pero íbamos medianamente abrigados. Media botella de ron entre pecho y espalda aguantaba bien el calor durante un rato. Así que echando a andar para salir por la portezuela del jardin que daba a la acera frente a la casa, en la calle, me decidí a ir andando.-Te voy a cansar un poco más y vamos a ir andando. Así me muevo algo, que acabaré oxidandome.

Ya en la acera y caminando para donde Mike me guiaba, podía contemplar el silencio de la calle. Nadie hablaba, no había nisiquiera perros o gatos en la calle. Solo nosotros dos en una noche estrellada y silenciosa. Storybrooke era un tanto silenciosa por lo general. Le daba vueltas a lo de los amigos. Es cierto que algunas personas no se mostraban así. Sidney me brindaba su confianza. No eramos amigos de fiesta, ni de privacidades... pero se preocupaba por mi bien, y siempre tenía cinco minutos cuando yo necesitaba hablar. Y Serena se había convertido en una chica que aunque con ese encuentro casual en el bosque, sentía algo de sinceridad en ella, cómo que solo se preocuparía por mi si me viese en necesidad. Era extraño. Algunas personas, aunque no fueran lo que se dice amigos, si que tenía. Pero por lo general eran encuentros esporádicos. Nadie me llamaba para salir, para quedar... esas cosas normales. Aunque yo no era normal.

-Desde los diecisiete no suelen preocuparse por mi hora de vuelta.-sonrío.-No es que salga mucho, lo poco que salí en estos dos años, he podido volver cuando he querido.-mis padres no echaban mucha cuenta. Buena conducta más notas aprobadas eran igual a responsabilidad, por eso me dejaban libre. Una paga de suma importancia todos los viernes en la mesa del salón y libertad. Ahora mismo, con lo que tenía ahorrado, podía escapar de Storybrooke si quisiera y vivir durante un año fuera. Eso sí, en un alquiler barato y alargando la comida que comprara. Pero no lo hacía, y no sabía por qué.

Decidido a intentar hacer que dejasemos de hablar sobre mi, intenté cambiar el tema tras una breve pausa.-Oye, ¿puedo saber a dónde me llevas?-le miré de perfil. Podía sentirme un poco más normal hoy. Es cierto eso de que mis estudios me van que ni pintados. Dramático a más no poder. Todo lo exageraba hasta limites insospechados. Sabía que era el efecto del ron, pero me apetecía ser sociable, hoy. Quizás mañana también bebiera ron y pudiera pasar sociable otro día. Pero aquella noche, era aquella noche.

No pude evitar sonreír ante el perfil de Mike pensando que cuantas veces me habría molado estar en la calle así. Un viernes noche, camino de algún lugar sin hora de recogida. Era un sentimiento parecido a lo que sentí en su día por Willow de pequeño, pero me negaba a revivirlo, porque me negaba a pensar que fuera cierto que alguno de los dos me hubiese llegado a gustar... me gustase. Yo era de los que pensaban que donde hubo fuego, cenizas quedan... y en mí, no son dificiles de reanimar. Cuando me dí cuenta de que me estaba cohibiendo pensando en tales cosas y notaba como me sonrojaba un mínimo, agradecí la oscuridad y traté de sacar algún tema que a Mike le diera para hablar y no se fijara en mi.-Y... esto... ¿te dan mucha tabarra en el hospital?-no era exactamente lo que me interesaba. Sobre las personas que conocía, me gustaba conocer sus gustos, sus manías, sus historias... no superficialidades como el trabajo, el empleo, cuanto ganaba, propósitos de futuro... no iba conmigo. Pero es que preguntarle esas cosas a Mike parecía tan forzado, tan... ¿desesperado? Yo me entendía, lo que no quería era que me entendiera él.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Mar Ago 21, 2012 11:58 am

Miré un poco desilusionado a Leo ya que, una parte de mi interior deseaba ir en taxi y esperaba que el quisiese lo mismo aunque, como se solía decir, mi gozo en un pozo. Suspiré resignado ante sus palabras, ya que si el deseaba caminar no iba a ser yo quien se lo fuese a discutir. - De acueeeeeerdo, iremos entonces andando - Volví a guardar mi móvil en el bolsillo, decidido a olvidarme de él hasta la hora de regresar porque entonces me daría igual lo que Leo dijese: llamaríamos a un taxi. No creo que ninguno de los dos, si seguíamos a este ritmo, tuviese muchas ansias de ir andando.

Mientras caminábamos, giré mi cabeza para mirarlo con una sonrisa. Me había hecho gracia lo de que se iba a oxidar. - ¿Y eso de que te vas a oxidar? No lo creo... al menos deporte haces, ¿no? Ahora no vas a negarlo porque tienes toda la pinta de hacerlo - el chico se notaba que no estaba simplemente delgado, sino que a mayores también tenía el músculo marcado. Y eso, así como así, no se tenía; había que ejercitarse regularmente para poder lograrlo. Algunas personas lo necesitarían más y otras menos, pero por gracia divina eso era incompatible - Puedes hacer como yo e ir a correr por las mañanas o por las noches, es muy relajante. De hecho.. ¿que te parece si echamos una carrera? - Dije bromeando, obviamente, y solté una risilla un poco estúpida. Seguramente que si lo hiciésemos, acabaría descoordinando ambas piernas y me acabaría cayendo el suelo y era un acto vergonzoso que no estaba dispuesto a pasar, menos ante Leo. En ese momento recordé a aquella chica a la que veía tanto en el hospital, a Lynn. Siempre tan patosa cuando intentaba realizar algún deporte. Era algo conocida en el hospital por sus frecuentes visitas. A mi me daba lástima, por lo que me había comprometido a acompañarla un día a hacer deporte junto a ella para ver si lo lograba sin salir dañada. Sería todo una misión imposible.

Seguimos caminando hacia el bar por las silenciosas calles de Storybrooke. Era increíble que no hubiese tan si quiera ni una luz encendida excluyendo la del porche de algunas casas y la de las farolas. Parecía un pueblo fantasma. El único resquicio de vida que había en aquel momento éramos nosotros dos. Por un momento se me cruzo que igual el bar estuviese cerrado, viendo el panorama, pero después recordé que aunque no hubiese nada abría igual, pese a que quizás cerrase antes. Por un momento estuve a punto de coger el móvil y llamar por si acaso, pero después lo pensé mejor: en caso de no estar abierto al menos daríamos un paseo.

PArecía que sus padres le daban mucha libertad, lo que en el fondo me aliviaba ya que suponía que lo hacían porque lo consideraban lo suficientemente responsable. Obviamente, no lo iba a juzgar porque ahora estuviese así porque yo estaba en su misma situación y, además, éramos jóvenes. Era el momento para cometer locuras, o ahora o nunca. - Eso significa que eres un niño bueno, ¿no? - Dije con cierta sorna, intentando meterme con él. En el fondo, me hacía gracia cuando se picaba. Su cara seria a veces podía ser divertida. - Eso de la confianza está bien.. abre muchas puertas y deja mucha mas libertad de actuación. Es algo positivo que sientan que pueden confiar en ti. Puede que hasta me pueda atribuir algo del mérito de que seas así - Dije bromeando mientras le daba una suave palmada en la espalda y lo miraba dulcemente. Había sido la persona con la que más tiempo había pasado de pequeño y, probablemente, en la que más se hubiese fijado. Pasar tantas horas juntas era lo que tenía.

Seguíamos caminando hacia nuestro destino, cada vez más cercano. Solo nos faltaban unos cuantos metros para llegar, cuando me preguntó hacia donde íbamos. Me quedé como pensativo, rascándome la barbilla - Creo.. que esperaré a que lo veas por ti mismo. Prefiero que sea una sorpresa, quiero ver la cara que pones - Le guiñé un ojo ya que pude discernir que me estaba mirando. Sabía que el lugar le gustaría. No es que fuese un sitio demasiado moderno ni a la última moda; tampoco era lo que yo buscaba. Pero tenía un par de cosas que o hacían único.

Lo miré extrañado unos segundos, sopesando la pregunta que me había hecho. No es que cuadrase demasiado con él, por lo menos teniendo en cuenta todo lo que había dicho antes de que no soportaba ese tipo de reuniones donde la gente hablaba de su trabajo y así - ¿En serio me estás preguntando eso? Me alegra que tengas interés en saberlo... Aunque me extraña que me hagas esa pregunta - Arqueé las cejas. Tenía el rostro completamente relajado. No se trataba de ningún reproche, sino simplemente se me había hecho raro escuchar aquello de él. - en el trabajo, bien. Soy lo que quería ser desde pequeño, aunque todo el mundo piense que lo hice siguiendo los pasos de mi padre... Sino me gustase te aseguro que no estaría en donde estoy, tengo principios. Así que se puede decir que estoy feliz de estar logrando mis metas. - Esbocé una sonrisa sincera. Mis palabras habían sido completamente honestas y suponía que él ya lo sabía. Antes había dicho que lo conocía, pero el estaba seguro de que también me conocía a mí. O al menos, esperaba que se acordase. - Siguiendo con la dinámica... ¿Tú que tal en tus clases de interpretación?

Tras escuchar su respuesta, comencé a escuchar música en la calle. El bar ya estaba a la vuelta de la esquina. Apresuré un poco el paso, esperando que me siguiera el ritmo, ya que tenía ganas de enseñarle el local. A lo lejos vi a Jackson en la puerta. Era el portero de aquel lugar. Vi como me sonreía una vez que nos estábamos acercando y yo hice lo mismo. choqué las cinco con él y le di un abrazo - ¡Eh, Jackson! ¿Cómo va todo? ¿Mucha gente? - El respondió que no había todavía nadie, que no parecia que hubiese mucho ambiente por la calle. Me alegré de que estuviese el local vacío, ya que lo tendríamos para nosotros. - Jack, este es Leo. Es un amigo mío - Me fijé como lo observaba, y después me volvía a mirar a mi. Me adelanté a sus palabras tras ver su mirada en el rostro - Tiene 21 años... no seas aguafiestas. ¿Cuándo te he fallado yo? - Le arqueé las cejas mientras ahogaba una risa y, después, negué con la cabeza - No sé si quiero escuchar la respuesta. En serio, no tendrás problemas. Me responsabilizo totalmente de todo.

Tras hablar con él, entramos en el local. Era un bar, aunque bastante grande, completamente normal. Enfrente de la puerta tenía la barra, con un futbolín al lado. en la barra se encontraba una jovencita que solía estar casi siempre que iba. Sin embargo, el motivo por el que quería llevarlo allí... - Ey, Leo... mira eso - dije mientras agarraba su brazo derecho con mi mano izquierda, intentando llamar su atención. Con la derecha le señalé el fondo del bar, hacia la derecha, donde se veía un pequeño escenario. Por las tarde-noches, a veces tenía algunas actuaciones. Y los días que no había nadie, se convertía en un karaoke. - Detrás del escenario hay algún instrumento. - Sabía que al chico le gustaba la música, y suponía que le haría ilusión estar en aquel lugar. Solo esperaba no haberme equivocado.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Jue Ago 23, 2012 10:05 am

Dejé escapar unas risotadas cuando mencionó aquello. ¿Se había fijado en mi físico? Supongo que solo en que estaba más grande que la última vez que pudo mirarme a la cara y de frente, porque dudaba que me hubiera mirado de otra forma. Pero aún así quedaba gracioso que mencionara aquello.-No, que va, yo soy de nadar, y en la asignatura de Expresión Corporal me mantienen en forma, pero poco más.-terminé por sonreirle escondiendo la duda un poco bajo mi cara.-Pero vamos, si te acepto la carrera, sabes que perderás.-Y aproveché para mirarle.

De pequeño, Mike no había necesitado nada para conseguir que hiciese lo que él quería. Se había convertido en un ídolo de estos de la infancia. Nunca había sido tanto su físico como su fuerte personalidad, que con solo verlo entrar por la puerta me inspiraba confianza para hacer lo que quisiese. No fue hasta la crisis de quinceañera alocada que tuve a los doce poco antes de que dejase de venir, cuando me pare a mirarle. Y resultó que el físico no decepcionaba. Pero no le hacía honor a su personalidad. O eso pensaba entonces. Y ahora, no sé porqué, no pienso distinto.

-Bueno... tampoco he tenido oportunidades de demostrar lo contrario.-luego, lo miré arqueando ambas cejas y sonriendo incrédulo.-Bueno, es cierto que yo no sería quién soy si no hubieras tenido que ver. Pero teniendo en cuenta cómo soy... ¿es motivo de orgullo para ti saber que has intervenido?-intenté que no sonara a malas, que no fuese una valoración hacía mi, sino una broma. Pero si que me infravaloraba de nuevo, si.

-Eso siempre lo he sabido.-lo miré levantando los hombros.-No sueles hacer nada que no te guste o quieras. Así que sé que te gusta.-Luego me sentí cohibido por el hecho de que me preguntara. Seguro que eran simples formalismos y no se interesaba en realidad.-Van bien. Ya sabes... aprobando. No tengo oportunidades de subirme a un escenario.-Y es que Stroybrooke era un lugar, pequeño, y escaso de intención cultural.

Saludé a su amigo serio y con las manos en los bolsillos. Vaya, engañando a los demás. Buen ejemplo, Mike. Siempre había hecho cosas así por mi, y me hacían cuestionarme que hacía yo para pagarle. Nada, era solo una molestia.

Una vez dentro, paseé por el lugar lentamente siguiendo los pasos de Mike. Contemplé el lugar vacío, a una chica cerca de la barra y Mike me señaló un lugar. Abrí los ojos de par en par, y me faltó poco para dejar la boca medianamente abierta. ¿Cómo lo sabía? No tuve más remedio que sorprenderme. No sabía que se hubiera fijado en lo más mínimo en mí y mi afición por la música. Eran detalles un tanto curiosos. Quizás solo fuera casualidad. Quizás. Pero suponer tonterias que eran mentiras no me ayudaría a mejorar.

-¿Tratas de recuperar mi amor y cariño de cuando era pequeño?-bromeé indirectamente acercándome al escenario. Caminé por un lado y por otro y me asomé casi sin girarme al camerino de atrás. Estaba repleto y contando con muchos instrumentos, entre ellos una guitarra. Al final de la noche acabaría tocando algo. Lo veía.

Me giré para ignorar el escenario y lo miré, esta vez sonriendo. Cada vez, notaba más y más como el Leo ese al que intentaba parecerme todos los días afloraba. El distraído y alegre. El que solo venía a causa de la música. Y que también saliera en su presencia no podía ser bueno. Para nada bueno.-¿Tomamos algo? O paso directamente a subirme...-comenté en broma. Prefería beber un poco más antes. Le guiñé un ojo y le agarré del brazo al pasar a su lado para acercarnos a la barra.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Sáb Ago 25, 2012 10:24 am

Le di un golpecito en el hombro con mi puño al escuchar sus palabras mientras lo observaba con una sonrisa. ¿Tan seguro estaba de sus posibilidades? Ahora mismo lo más probable es que si que me ganase, ya que mi embriaguez dificultaría mucho mi carrera y, además, había que añadir que en este estado era todo lo patoso que no era cuando estaba sobrio - ¿Eso es que aceptas? Solo que hoy no... mejor mañana - En ese momento se me ocurrió que mañana con la resaca igual tampoco sería muy apropiado. Pero ese sería un tema que trataría mañana - O mejor aún.. ya que te gusta la natación, si quieres vamos a la playa y te echo una carrera en el mar. Ahí te aseguro que no tendrías ninguna posibilidad contra mí. - dije con un tono en el que se podía adivinar un reto en el fondo. Tenía que reconocer que a veces me gustaba picar a la gente con esas cosas. - Yo soy más de gimnasio, con el poco tiempo que tengo así no me rallo la cabeza - Añadí refiriéndome a lo de las clases que había mencionado. Después coloqué mi mano sobre su hombro y sí que se notaba que estaba musculoso. No en exceso, pero la verdad es que eso tampoco es que me gustase demasiado. Aún así, para gustos colores. - Quizás debería mirar de apuntarme yo también a esas clases, parece que son útiles. - Dije como en tono de broma, aunque realmente pensaba que era cierto.

Verlo después de tantos años, tan diferente... Era confuso. Por una parte seguía viendo a aquel niño al que había estado cuidando pero a la vez, era completamente diferente. Se había convertido en todo un chico muy apuesto, estaba seguro de que tenía a muchas pretendientas... o pretendientes, dependiendo de lo que le gustase más. O quizás fuesen ambas.

El chico parecía algo receloso a creer que no se pudiese estar orgulloso por quién era aunque si había aceptado que yo había colaborado en que se convirtiese en la persona que era ahora. Sé que lo había dicho con un tono de broma, pero en lo que llevábamos de noche ya se había referido así mismo con un toque negativo que no me gustaba nada. Me limité a arquear una ceja y a mirar al frente, mientras le respondía tajantemente - Pues sí, estoy muy orgulloso. Pese a que la gente pueda verte como una persona fría, y no digo que no lo seas, sé que tienes un buen fondo y que jamás harías nada que pudiese lastimar a otros. Eso no lo puedo decir de muchas personas, pero por ti pondría la mano en el fuego. Te conozco desde que eras un bebé, sé de lo que hablo. Hay pocas cosas de las que esté tan seguro. - Sabía que esas palabras podrían desencadenar otra batalla campal entre nosotros, pero no me daba la gana de asentirle en todo lo que decía aunque mi opinión fuese diferente. No era así y pesase a quien le pesase, no era culpa mía.

Las últimas palabras sobre que no había tenido a subirse a un escenario, me hicieron pensar en el lugar al que lo estaba llevando y sonreí por inercia, imaginando la cara que pondría. En verdad esperaba que le gustase la sorpresita que le había reservado. No podía negar que hacía tiempo que no tenía ningún detalle con él y en verdad le tenía un cariño muy grande. Por eso me sentía algo culpable con respecto a él. Tenía que confesar que lo había dejado algo de lado todos estos años: entre la carrera, las competiciones, estudiar, la muerte de mis padres... Pero quería enmendar aquel error y lo iba a hacer. Quisiera o no.

No pude evitar sonreír abiertamente ante sus palabras. A este ritmo, mañana tendría agujetas en el rostro de tanto hacerlo. No dejaba de afirmar que lo conocía, pero estaba seguro que él también a mí. al fin y al cabo, el tiempo que habíamos pasado juntos era recíproco y aunque fuera pequeño, no era estúpido. - Me alegro de que te vaya bien, en serio. Siempre fuiste un chico muy listo. Aunque tampoco te agobies, tienes mucho tiempo para sacar las cosas sin que tengas que apurar tampoco... Sácale provecho a tus años como estudiante, que después la buena vida se acaba - Bromeé aunque en parte, era cierto.

Una vez entramos en aquel bar-karaoke, pude ver la cara de emoción de Leo y me sentí más que satisfecho. Verlo así de feliz hacía que hubiese merecido la pena el camino y haberlo colado. - Simplemente quiero que tengas una buena noche alternativa, ya que ponías en duda si podías pasártelo bien conmigo. Mi misión ha sido demostrarte que sí que podrías hacerlo. - Sí, tenía que admitir que aquella semilla de duda se había clavado como una espina en mi corazoncito y la llevaba arrastrando desde aquellas. Seguí con mi mirada cada uno de sus pasos alrededor del escenario, feliz porque le hubiese gustado. Esa sensación se intensificó cuando se giró hacia mí y me sonrió. Pese a que por la noche le había visto disimular alguna sonrisa, ninguna igual de amplia que aquella. Probablemente el alcohol que teníamos en sangre ayudase en ello pero eso no significaba que me gustaba verlo así de todas formas.

Parecía que se iba a subir al escenario pero al final se acercó a mí, agarrándome por el brazo para arrastrarme hasta la barra. - Pero... - Iba a decirle que actuase si quería, que no se preocupase por mí. Al fin y al cabo, sabía a lo que había venido. a Escucharlo y a que el disfrutase del momento. Aunque la idea de tomarse otra copa se le antojó demasiado irresistible - Está bien, si te pones así.. habrá que pedir una copa - Lo seguí hasta allí. La camarera me saludo, ya que nos conocía de ir por allí frecuentemente. - A mi.. lo de siempre. Bombay Saphire con sprite. Y para Leo... - giré la cabeza hacia él, esperando a que pidiese. Ya tenía la cartera en la mano dispuesto a pagar lo de ambos. Saqué un billete y se lo di a la camarera antes de que él hiciese nada - Yo trabajo y cobro, tu no.. Así que te voy a invitar yo, y no es algo en lo que puedas rebatirme y lograr hacerme ceder. Desiste porque eso no va a pasar. - Sentencié sin darle oportunidad a que me llevase la contraria.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Dom Ago 26, 2012 12:54 am

Le acepté la carrera y avisé de que en algún momento, se la tomaría en la playa. Llevaba demasiado en natación, tenía mis técnicas y no era muy lento. No podría superarme. Y más, si no iba a estar avergonzado por tener que llevar esos horribles bañadores de natación, sino que podría ponerme mis bañadores. El problema en Storybrooke era pillar un buen día para bañarse. El mar frío y el clima sin treguas de sol... Aunque sus últimas palabras volvieron a troncarme los pensamientos. ¿Había vuelto a alagar mi físico? ¿O solo...? Sabía que él había tenido algo con... ¿Grace? O no recuerdo bien, pero sé que lo había visto con novia. Lo cuál imposibilitaba que le gustasen los chicos. Bueno, yo no descartaba estar con una chica. La chica tenía que ser jodidamente especial y diferente al resto para que me molase, pero me gustaban. Y luego los tíos también tenían forma de ganarme... pero nunca había ganado nada con nadie, porque yo no había querido. Pero me extrañaba que en Michael... si hubiera algo así. Bah, dudas mías solo. Ojala hubiese sido cierto, o eso habría pensado con unos años menos.

Luego, mientras llegábamos, lo hicimos en silencio. No quise responder, pero sus palabras cada vez se clavaban más y más en mi interior y me hacía cohibirme. Siempre había sido alguien un tanto frío y del cuál se podría sospechar. Pero siempre que había tenido oportunidad había ayudado a todo el que había podido. Eran cientos de cosas ocultas pero que me hacían sentir bien al menos... Y él decía que podía creerme tal cual. ¿Cómo te creo? ¿Cómo sé que lo que dices es verdad? Volvían las dudas de como creer a alguien. Era difícil imaginarme que alguien me dedicase aquellas palabras y que encima fueran verdad. Todo parecía un guión hecho por el destino y decidido a hacer que me ilusionase para cuando estuviese en lo más alto, tirarme cuesta abajo. Por eso me dolía creer. Porque ya lo había vivido alguna vez.

Me pedí un simple vaso de ginebra con cola, más ginebra que cola y me senté dando la espalda a la barra y mirando de reojo al escenario. Había poca gente, así que mi oportunidad era en estos momentos que no hubiera mucha gente. Bebí un par de tragos y volví a mirarle. Había recuperado mi expresión normal en el rostro, bajo el que escondía algo de emoción. Una parte de mi cabeza luchaba por saber qué canción cantar. Tanto piano como guitarra. Y mi armónica en el bolsillo. Pero esa era para canciones y personas especiales, no para un escenario, así que finalmente decidí que guitarra.-Vale, te dejo invitar. Yo invito a la música.-bromeé dando un primer trago corto y notando el ardor interior. A momentos me sentía eufórico y a momentos volvía a ser yo pero sin vacío interior jodiendo por ninguna parte.

Me quedé mirándolo un rato con una media sonrisa, y acabé arqueando una ceja.-¿Por qué haces esto entonces... si no te sientes responsable?-en principio creí que era porque se sentía responsable de su crío de la infancia y necesitaba pagarmelo. Pero si ya me había dejado claro que no era por eso... pues me interesaba saber por qué. Efectos de no sentir mi vacío eran que volvía a ser el Leo simpático, divertido y... sincero. Y curioso, por qué no.

Tras hablar sobre ello, contemplé de nuevo el escenario. Dejando el vaso a poco menos de la mitad, me levanté, le guiñé un ojo y le indiqué el escenario. Me acerqué, y tras comentarlo con uno de los camareros, me dio acceso a subirme. No necesitaba ningún tipo de instrumental ni canción. Era más de a capella y con mi instrumento.

Agarré la guitarra de detrás del telón, afiné un poco las cuerdas y toqué un par de notas. Pillé un taburete y me puse frente al micro que me dispuso el camarero que tantas veces habría hecho aquello. Si acaso un par de parejas y un grupo de tíos que había por allí se percataron de mi presencia. El camarero me avisó de cuándo tenía el micro y, sonriendo, miré a Mike. Y lo primero que me inspiró fue esa canción que me ayudó un poco a superar su "ida".

Lo cierto es que yo gusto musical, ninguno. Me refiero a ninguno porque no me gusta ningún estilo concreto. Solo canciones que aparecen en momentos oportunos, y se graban a fuego en mi interior. Así tan pronto podía saltar de Jet a una canción de hace un par de años. Y la que me recordaba a mi separación de Mike pertenecía a tan solo unos años atrás.

-Estas canciones van por Mike, ya que has sido tú quién me ha traido aquí.-Lo miré y sin borrar esa sonrisa de estúpido de mi rostro, comencé a cantarla. Difería mucho de la versión original de Fergie, pero me gustaba como sonaba en mi voz. Otra de las cosas en las que podía tenermelo más creído era en voz... no era de las mejores, pero sonaba bien. Sobretodo a capella con una guitarra o un piano. Pronto llegué al estribillo. Esa parte me mataba, por lo que incluso cerré un par de veces los ojos para no ver a Mike.-...And I,m gonna miss you lik a child misses their blaket...-esa frase siempre se me clavaba como un cuchillo al acordarme.-...It´s time to be, a big boy now... and big boys don´t cry...-si, era una versión algo cambiada. Había sustituido chica por chico, y aunque no sonaba igual, tampoco se notaba el cambio. Pronto la fui acabando la canción. Si acaso duraba cuatro minutos y poco. Acabé reteniendo una tonta lágrima con la palabra final cry y terminé. La lágrima procedía de la añoranza del pasado, de lo que habría dado por abrirme en un pasado en el que pudiera comprenderme. Ahora solo tenía eso, canciones del pasado. La próxima sería más feliz.-La próxima prometo que será algo más feliz...-comenté en broma al bajarme un momento para volver junto a Mike y seguir con el ginebra.-¿Qué te ha parecido? ¿Merezco el escenario o me voy a la calle por pena?

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Dom Ago 26, 2012 11:10 am

Leo parecía convencido de que podría ganarme en una carrera de natación.Ahora que lo recordaba, suponía que el no sabía nada de la pasión que había desarrollado por ese deporte durante mi paso por la universidad. Si hubiera sido cualquier otro deporte, seguramente no llegaría a discutirle que yo pudiese ser mejor que él. Pero precisamente en el medio acuático sabía desenvolverme muy bien, por ello había ganado numerosas carreras durante mi preparación para alcanzar el puesto en el que me hallaba. Decidí no decirle nada para que se quedase contento pensando que podría ganarme mientras que sonreía para mis adentros. Si algo era, aunque no me gustase admitirlo demasiadas veces, era competitivo. Este tipo de cosas hacían que me motivase todavía más e hiciese mejor las cosas.

Tras haberle dicho aquello se había quedado en silencio. Bajé mi vista unos segundos y aproveché para no decir nada yo tampoco. Me notaba un poco mareado y sentía como una presión en la cabeza, seguramente producto del alcohol. Era como si todo mi flujo sanguíneo se estuviese redirigiendo hacia mi cráneo. Me obligué a mi mismo a parpadear varias veces y a sacudir suavemente mi cabeza, intentando que esa sensación se atenuase un poco aunque sin demasiado éxito. seguramente él estuviese demasiado distraído sopesando lo que acababa de decirle o, simplemente estaba como yo, un poco borracho y no quisiese decir nada. Iba a animarlo para que opinase sobre lo que le acababa de decir pero decidí respetar su decisión.

Ya en el local, Leo parecía emocionado con la idea de tocar y cantar alguna canción. Aquello me había feliz, desde luego. Verlo de esa forma, como cuando era pequeño, volvía a revivir viejas añoranzas que habían permanecido en el pasado y que habían estado floreciendo como un torbellino de imágenes en mi cabeza. Ambos nos pedimos ginebra, y una vez me la hubo servido le di un largo trago aunque despacio, saboreándolo. Giré mi rostro hacia él, con una sonrisa cuando dijo que me permitía que lo invitase y que el a cambio invitaría a la música - No esperaba menos de ti. Sé que no lo haces nada mal por lo que puedo escuchar a veces desde mi casa - Ese era el motivo por el que sabía que le gustaba la música. Desde hacía algunos años había escuchado melodías que procedían de alguna de las casas del vecindario hasta que un día localicé su origen en la casa de Leo. Había supuesto siempre que se trataba de él, ya que su voz en ocasiones atravesaba nítidamente los ventanales de mi casa. - Así que estaré ansioso de escuchar que me ofreces hoy.

Cogí de nuevo mi copa y le di otro sobro largo, casi terminándola. Tuve que pasar mi mano derecha sobre mis labios ya que, por culpa de los hielos, me había manchado un poco. Después sequé la mano en el pantalón, al fin y al cabo al día siguiente lo llevaría a la tintorería y giré nuevamente mi rostro hacia él. Me fijé en que me estaba mirando fijamente con una sonrisa en su rostro. No pude evitar arquear una ceja, extrañado por aquello, y sonreír también. - ¿ qué..? - Iba a preguntarle qué le ocurría, pero él se me adelantó, cuestionando porque estaba haciendo todo aquello. Yo me quedé un segundo con la boca abierta, sorprendido por aquella pregunta. La verdad es que no lograba esclarecer ningún motivo en concreto que no fuese hacer lo que estábamos haciendo precisamente - ¿Por qué habría de tener un motivo para tener que hacerlo? - Pregunté en respuesta, aún algo descolocado. Hice una breve pausa y proseguí - No sé... Simplemente, se me ocurrió que podía ser una buena idea que nos acercásemos. Que igual te gustaba este lugar, así te lo enseñaba.. ¡y qué sé yo! Hacía mucho tiempo que no te veía, también quería ver cómo estabas en persona. Aunque tus padres me dijesen que bien, era algo que quería comprobar yo mismo- Carraspeé al terminar de hablar y suspiré profundamente. Sus padres no es que le hubiesen hecho demasiado caso desde que había nacido, parecían más preocupados por su trabajo. Por ello había necesitado verlo con sus propios ojos. Verlo aquella noche había supuesto que se sintiera aliviado porque todo fuera bien y, a la vez, contento. - Además, de pequeño no podía traerte a estos lugares y ahora puedo guiarte con mi cultura sobre los lugares de salir - bromeé.

De repente, Leo se levantó de su silla y me guiñó un ojo. Lo miré extrañado en respuesta mientras seguía con mi mirada lo que hacía, aunque pronto caí en la cuenta de lo que pretendía. Con un gesto, mientras él preparaba las cosas, le indiqué a la camarera que me sirviese otra copa. De vez en cuando desviaba mi mirada hacia Leo, observando lo que hacía sin poder evitar de sonreír. Parecía que estaba preparando su función y, no iba a mentir, yo también tenía ganas de escucharlo.

Vi como subía al escenario con la guitarra, así que me giré en el asiento para verlo directamente mientras sostenía la nueva copa con mi mano derecha. Sus primeras palabras, aunque pareciese una estupidez, me habían avergonzado algo ya que la poca gente que se hallaba en el local se había girado indiscretamente para mirarme. Instintivamente llevé la copa hasta mis labios para darle un largo trago y así disminuir aquella sensación. Fruncí el ceño mirando hacia él, dándole a entender que cuando se bajase del escenario se enteraría y comencé a escuchar la suave melodía que procedía de su guitarra y su dulce voz. Durante toda la actuación no le quité el ojo de encima, escuchando atentamente cada una de las palabras de aquella canción que me sonaba, solo que en ese momento no tenía la cabeza como para saber de quién era. En un momento de lucidez, se me ocurrió asociar aquel estribillo con lo que había pasado entre ambos, como había salido de su vida sin tan si quiera advertírselo. Mordí mi labio inferior, sintiendo una creciente culpabilidad en mi interior que volví a acabar bebiendo otro largo sorbo.

Cuando terminó su actuación, dejé la copa sobre la barra y aplaudí con énfasis. No éramos demasiados, pero intentaba que el resto se animara para aplaudir aquella actuación tan brillante. Asentí cuando dijo que la siguiente sería más alegre, como si le estuviese dando mi aprobación. La verdad es que lo prefería, sino con el alcohol me acabaría dando un bajón y un apalanque que seguramente nada pudiese remediarlo. Cuando preguntó que me había parecido, tardé unos segundos en responder. La actuación en sí me había gustado pero... Aquella asociación rápida que había hecho... "Seguro que son paranoias tuyas, Mike. No seas estúpido" Pensé con avidez, así que decidí no decirle nada del tema. - Pues creo que es evidente que me ha encantado. Lo haces genial. Sino es en la interpretación, te veo un futuro brillante en la música. Te lo digo de verdad - ladeé ligeramente la cabeza y sonreí dulcemente. - De hecho, si hacen alguna función en el hospital en navidades para los enfermos ingresados creo que te recomendaré para que hagas el papel de artista estrella. Parece que tienes muchas habilidades, y eso suele gustar a la hora de contratar. Se nota claramente que esto es lo que te gusta.. y no sabes cuanto me alegro de que hayas luchado por lo que te gusta y que estés en proceso de conseguirlo - Vaya, ahora si que podía afirmar que estaba borracho. La fase exaltación de la amistad comenzaba a iniciarse. Puede que lo que dijese lo pensase en verdad

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Leo A. Dáscolli el Dom Ago 26, 2012 12:45 pm

Las palabras sobre que me oía cantar desde su casa por lo general me harían temblar de miedo. Pero en aquella circunstancia estaba claro que no hacía más que hacerme gracia. No visualizaba mentalmente a Mike en casa, estudiando y escuchándome. Aunque claro, yo reparos cuando ponía música nunca he tenido. No había nadie en casa que me impidiera abrir la ventana y cantar... cantar... cantar...

-Espero que estés contento... este lugar me gusta cada vez más.-tomé mi vaso, cubierto por gotas de agua fría y di otro largo trago que acabó con lo que quedaba. Debía de estar algo bebido. Pero era algo que no notaba. Por lo general, no sufría esas cosas. No bebía, y solo notaba el vacío interior taponado por litros de ron y ahora, ginebra. Qué bien me lo iba a pasar así.

Luego llegaron sus palabras alabando lo que acababa de hacer, a lo cuál no podía hacer más que reír. Cuando mencionó lo de actuar en el hospital se me iluminaron los ojos. Sería genial. Torcí mi gesto cuando terminó de hablar y le respondí, tratando de no molestarle por llevarle la contraria.-No digo que lo haga mal... pero esto... cantar, o actuar, es solamente algo mío. Es ser egoísta. En cambio tú salvas vidas. Mis padres les proporcionan un hogar. Yo solo canto por y para mi.-arqueé los hombros, notando como, ahora sí, me subía el alcohol de forma desmesurada. No había sido consciente de que había bebido y bebido de aquella forma. Quizás media botella de ron y algo de ginebra no eran mucho, pero para mi que no estaba acostumbrado, se pasaba demasiado de lo establecido. Decidí que era hora de parar y seguí hablando.-No es algo que haga un bien. Es más bien... inútil. Si, triunfaré, pero no me daré por satisfecho hasta que consiga hacer feliz a alguien. Ya me entiendes.-o eso esperaba. Ser artista no tenía NADA que ver con ser cirujano, abogado... arquitecto...

Me giré para contemplar de nuevo el escenario tras escucharle y pensé en qué otra canción podría hacer sonar.-Oye, acompáñame y no me hagas dar tantas vueltas. Coge uno de aquellos taburetes y siéntate al lado al menos.-dije tirando de su brazo.-Y piensa que canción te gustaría que cantase. La tercera será tuya.-si me dejaban vía libre, podía durar horas para decidirme entre las que me sabía y me gustaban.

En otro tiempo, espiaba o oía hablar a Mike de lo que él escuchaba y me dedicaba a ponerlo en casa, una y otra vez para recordar con más lividez aquellos días entre risas y tardes hablando, jugando o haciendo deberes a su lado... venga ya, recordar eso solo daba problemas. Interiormente tenía que dejar de pensar en todo aquello. Pero era tan dulce...

Bajé un taburete del fondo del escenario y se lo extendí a Mike junto a una mesa que había algo a la izquierda del escenario. Bajo la atenta mirada de las pocas personas que había en el lugar, que me miraban y no conseguían intimidarme, volví a sentarme en el banco y agarrando la guitarra, recordé una canción que pertenecía a una versión de un antiguo cantante y me decidí por aquella. Era muy animada y no sabía por qué, mi subconsciente pedía a gritos que la cantara.

Tosí y volví a sentarme. Centré mi mirada en las personas de la barra y en uno de los camareros, el cual no me había quitado ojo extrañamente y no estaba mal. Pasé un rápido vistazo por encima a todos y agarrando el micro, me acerqué y me giré para hablar hacía Mike.-Esta también va por ti, pero más por todos aquellos enamorados...-un par de chicas, las de las parejas, se acercaron ilusionadas ante aquellas palabras. Quería no incomodar a Mike o que pensara cosas raras. De todas formas aquellos sentimientos quedaron sepultados bajo escombros de años de soledad. Escombros frágiles que se derrumbaban con facilidad. Pero que volvería a reconstruir.

-You'd think that people would have had enough of silly love songs...-la canción empezaba con un tono gracioso, que acabé mirando a Michael mientras sonreía.-...I look around me and I see it isn't so some people wanna fill the world with silly love songs...-la letra era todo un poema y adoraba lo que significaba. Dejé de mirar a Mike y centré mi mirada en las chicas que se habían acercado y sonreían y reían mientras cantaba. La canción avanzó tranquilamente con los chicos, los novios de las chicas, se acercaron a ellas y prestaron atención a la canción.-Love doesn't come in a minute.-centré mi vista hacía la barra.-Sometimes it doesn't come at all.-me reclino en mi asiento y miro sonriente a Mike, que se supone está al lado izquierdo del escenario.-I only know that when I'm in it, It isn't silly, love isn't silly, love isn't silly at all...-al fin terminando la canción, acabo finalmente sentado casi de lado y con las rodillas reclinadas en las patas del banco mirando y cantando hacia Mike. Es el único fan que tengo allí... y... ¿qué demonios? Él me ha llevado a ese lugar, que apechugue con sus acciones.-What's wrong with that?

Tras acabar, recibo otro aplauso interesante de los camareros y las parejas más el grupo de tíos que había y otras pocas personas que habían entrado y tomado asiento mientras me escuchaban con Silly Love Song saliendo de mi. Me bajé de nuevo y me acerqué a Mike, sin tener que alejarme demasiado.-¿Mejor o peor que la anterior?-esperé su reacción sin separar mi mirada de la suya.

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Re: Call me a sinner, call me a saint [Michael]

Mensaje por Michael C. Tallhart el Mar Ago 28, 2012 12:20 pm

Sonreí, de oreja a oreja, satisfecho con las palabras que me había brindado y asentí. Coloqué mi dedo índice sobre el borde del vaso y comencé a hacer círculos siguiendo su circunferencia - Pues el plan de haberte traído aquí era ese.. Así que se puede decir que me doy por satisfecho - Agarré el vaso y terminé ya mi segunda consumición. Me daba la impresión de que me estaba emocionando demasiado con la ginebra y, como siguiese así, no acabaría bien la noche. Pero estar con Leo allí me hacía recordar mis tiempos mozos y me daban ganas de seguir bebiendo como antaño cuando estaba en la facultad. Cada vez que recordaba las fiestas que nos montábamos en aquellos años no podía dejar de preguntarme como no nos habíamos muerto de una intoxicación porque las cantidades que ingeríamos de alcohol eran demasiado descomunales. - Ahora lo que falte es que logre que te lo pases bien y estaré satisfecho del todo.

Escuché sus palabras atentamente mientras dejaba mi copa vacía sobre la barra, haciéndole señas a la camarera para que volviese a llenarlo. Sentía como la sangre bombeaba mi cerebro en el oído, escuchando los latidos procedentes de aquella contracción. Casi podía notar como el etanol subía hasta mi cabeza para hacerme sentir en aquel estado tan eufórico y fuera de mi mismo. - Aunque cantes por y para ti... ¿Sabías que la música está demostrándose que ayuda en la mejora de algunas enfermedades? ¿O que ya está demostrado que en las enfermedades psiquiátricas produce una mejora bastante acentuable? - giré mi rostro para observarlo fijamente con las cejas arqueadas. Habían salido muchos estudios que recogían como los pacientes mejoraban más rápido en compañía de aquellas melodías. No alcanzaba a saber si era cierto o no, pero si había estudios que lo confirmaban debía ser cierto - Y si tu única finalidad es hacer feliz a alguien.. Ven al hospital. Seguro que si pasas un rato con los niños de pediatría... Los harías las personas más felices del mundo aunque ni cantases. Y ya actuando sería de los mejores días que tendrían por allí. Las artes son algo importante, y más en ese contexto en el que les ayuda a olvidarse de sus problemas, de sus dolencias y pasar un buen rato - Los niños que pasaban allí meses, podía observarse como día a día iban perdiendo la vitalidad y alegría que era tan característicos en ello. Sinceramente, era un servicio de lo más triste. En mi taquilla tenía un par de marionetas que usaba alguna vez si tenía algún paciente que fuese un niño para que, al menos, no fuese todo tan sobrio y triste.

Me hice un poco el remolón ante sus palabras, aunque solo de broma. En cuanto me agarró del brazo me levanté, dejándome llevar con la copa en la otra mano y comencé a seguir sus pasos. No pude evitar sonreír un poco tontamente cuando añadió que la tercera canción la escogería yo - Mmm.. pues a ver si te la sabes, que tengo un gusto un poco especial en cuanto a música se refiere.

Agarré la silla que me ofrecía desde el escenario y la coloqué al lado del escenario, quedándome mirando hacia él. Situé las manos sobre la mesa, rodeando la copa aunque sin llegar a rozarla, observando como se colocaba en el banco y comenzaba con la función. No podía negar que estaba algo impaciente por escucharla. Escuché sonriente sus palabras mientras pensaba en lo acertado que había estado al llevarlo hasta allí. Se le veía mucho más suelto y feliz, y eso hacía que me sintiese bien. Bueno, eso y todo el alcohol que tenía en sangre.

Me fijé como algunas chicas abandonaban a sus parejas y se acercaban al escenario para escuchar la canción. Cuando comenzaron a sonar las primeras melodías reconocí la letra de Paul McCartney y cerré los ojos disfrutando unos segundos del sonido de la música y su voz. No podía negarse que tenía talento, y mucho. Me alegraba yo también de haberlo llevado y poder disfrutar así de aquella función espontánea. Cuando los abrí pude ver que la gente comenzaba a emocionarse más con la actuación y pude interceptar alguna mirada que me dirigía Leo. Comencé a dar algunas palmadas siguiendo el ritmo de la canción hasta que terminó. Siguiendo el ejemplo del público, empecé a aplaudir más fuerte. Me fijé como miraba hacia a mí y bajé mi cabeza modo de reverencia hacia él.

Cuando comenzó a acercarse, dejé de aplaudir y bebí un sorbo de mi copa. Al escuchar su pregunta, bajé la copa hacia la mesa y con la mirada y un movimiento de mi cabeza señalé al grupo de chicas y hacia los camareros. - ¿por qué no les preguntas a tus groupies? - Bromeé. volví a mirarlo hacia él y asentí lentamente - ¿Tú que crees que me ha parecido? Me ha encantado, en serio... Realmente tienes un don - Dije ensalzándolo. Lo cierto es que si que me había gustado mucho la actuación, eso no se le podía negar. Tenía una gran voz, lograba que me emocionase con sus canciones. - Y he de decir que la selección de la canción ha sido divertida... parecía que hasta estuvieses enamorado y todo - Me reí suavemente y le guiñé un ojo. Obviamente no iba a preguntarle porque no tenía tanta confianza con él, con el comentario solo creía que era más que suficiente. Le di un sobro a mi copa mientras me quedaba pensando en la canción que quería que me cantase - Y por cierto... Si sabes la de Don't you want me baby.... sería un buen punto.

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