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De arena y sal

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De arena y sal

Mensaje por Willow Swartz el Jue Ago 16, 2012 6:03 pm

Era extraño el pensar que una vez se convencía de que las cosas al fin iban encaminándose el azar, el caos o lo que fuera decidía que lo mejor era ni darte oportunidad a que te emocionaras porque ya tenía preparada una bola curva escondida que por muy buen pitcher que fueras no ibas a lograr atrapar. Aquello era, indudablemente, un asco.

Los últimos días los había pasado fatal. Todo lo acontecido en el parque y el hospital con los Sulliv... con Grace y William había sido demasiado. Todavía se sentía enferma de recordarlo. Nunca creyó que iba a agradecerle al gorilón amargado de Gascoigne una intervención pero no creía que fuera muy descabellado el pensar que si no hubiera llegado cuando lo hizo la pelea entre los dos hombres hubiera escalado a más y alguien hubiera salido lastimado en serio. Todo era ya demasiado complicado de por sí sin añadir huesos rotos a la factura.

No había hablado con Grace desde hacía días. No quería hacerlo, y definitivamente no tenía idea de que iría a decirle si acaso se la encontraba. Le dolía lo de su bebé, le dolía como pocas cosas, pero estaba furiosa con ella de una manera que no creería llegar a estar nunca.

Todo aquel cúmulo de sensaciones le tenían sin poder conciliar, sin concentrarse, sin ánimos ni de comer. Ni siquiera el cansancio que sentía bastaba para poder hacer que su cuerpo desconectara y reposara. Si dormía era porque lo hacía bien abrazada a Alex y ayudada por las píldoras que Sydney le había dado. Y ella que nunca se había metido químicos al cuerpo más allá de aspirinas y antigripales...

Tenía que decir que era Alex lo que la estaba sosteniendo ahora. Había ido a buscar a Savannah a la pastelería una mañana pero en realidad no había dicho nada, solamente la había abrazado. Había intercambiado una cantidad obscena de SMSs con Felle, pero no se había atrevido ir a buscarla porque de seguro iba a encontrarse con Khai y aquel era un tema bastante crítico por sí solo.

Aquella tarde, cuando menos, su ánimo parecía estar no tan decaído (no lo mismo que bien). Había vuelto a tener el mismo sueño sobre aquel enorme y majestuoso bosque que era a la par hipnótico e intimidante, los disparos de cañones que aun retumbaban en sus oídos. Los gritos de un hombre, el choque de metal contra metal y por supuesto... las campanillas. A estas alturas uno creería que debería haberse ya acostumbrado a ellas, pero no quería hacerlo. ¿Como habituarse a algo que no era normal?

Le había propuesto salir del pueblo aquella tarde cuando el turno había acabado y él ya no tenía clases que dar (curioso que después de Everett y Tristan se había dicho que no más maestros y ahí estaba). Distraerse, tomar aire fresco, llevar a su pobre perro a estirar las patitas, que con Willow acaparando toda la atención de Alex, él también se merecía lo suyo.

Cuando llegaron le soltaron de la correa y lo dejaron correr libremente, que a fin de cuentas lo iban vigilando. Iba descalza ya, cargando sus sandalias en una mano, vistiendo un par de pantaloncillos desgarrados y el top de su bikini. El tatuaje que Alex le había hecho ya había sanado y lucía de maravilla en su hombro, y tenía que admitirlo, le provocaba un regustillo orgulloso ser la primera en el pueblo que lucía algo hecho por él. No sabía si se volvería a grabar algo en la piel, pero para ser su primero, no podría haber quedado más contenta.

Mirando al horizonte arqueó la espalda tanto como pudo y estiró los brazos, tratando de quitarse algo de la mala sensación que le quedaba en el cuerpo. La vista era preciosa, el olor a sal en el agua y el golpear de las olas reconfortante. No se le ocurría mejor lugar para dar algo de tranquilidad a su corazón alterado. - ...ay no, olvida el taller, me quiero mudar aquí a la playa. Construir una choza no puede ser tan difícil, ¿no? - Ahí iba, la primera broma en días, pero es que en verdad no había manera de estar de mal humor en un lugar así, no por mucho tiempo.

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Re: De arena y sal

Mensaje por Alexander L. Hawke el Dom Ago 19, 2012 3:59 am



Pasaba la mayoría de su tiempo con Willow últimamente y era normal. De hecho esa era su cosa favorita para hacer, y podían hacer lo que sea que se les ocurriese o quedarse hablando por las noches cuando Willow no lograba conciliar del todo el sueño, literalmente lo que sea siempre y cuando lo hiciera con ella. En los últimos días era mas como si se hubiera mudado a casa de Willow, prefería que sea así, que ella no estuviera sola porque parecía que a Azula se la había tragado la tierra. El caso era que no quería que estuviera sola mucho tiempo en general por lo que después de las clases del día se aseguraba siempre de estar con ella.

Y el artista la había notado triste, sí, y de hecho al preguntarle le había contado lo que había visto en la calle en la batalla campal de la que todo el pueblo comentaba.

No había sido mucho y él no había pedido demasiado detalle porque suponía que el recuerdo debía ser bastante doloroso. Sabía que se llevaba muy bien con Grace y el doctor pero el alcance de los efectos de aquella pelea escandalosa en ella todavía le eran desconocidos.

Alex quería saber un poco más de lo que ella pensaba pero no por curiosidad mórbida sino con el único propósito de verla mejor, de verla más feliz, de verla mucho mas sonriente. De que el ánimo feliz y risueño que ella siempre había tenido volviese. La quería tanto que necesitaba verla así.

Podía ser que había descuidado un poco a su pobre Beagle, se pasaba para pasearlo un rato (menos del tiempo de paseo usual) y darle su par de raciones al día de comida. No mucho más que eso. Por eso la propuesta de Willow de ir un rato a la playa le cayó de maravilla, el pobre can no quedaría tan relegado y podría liberar stress y también que Alex se alegraba por el hecho que había sido Willow quien había propuesto la salida lo que le decía que quizás sus ánimos habían mejorado un poco. Eso lo hacía feliz, ver cierta mejoría y pasar más tiempo con ella.

Dejaron que el perrito corriera donde quisiera persiguiendo a algún pájaro que le había llamado la atención mientras él y la rubia caminaban tranquilamente por la arena de la playa, disfrutando de la tranquilidad y de la compañía mutua. Rió con su broma mientras la abrazaba y le daba un beso. La idea era genial, de verdad que sí.

-Me parece muy bien, vivamos juntos ahí pues. Tu la construyes y yo… yo la pinto ¿Qué tal, tenemos un trato?-

Bromeó con ella mientras la abraza un poco mas fuerte estirando la mano para sellar el pacto verbal. Pasó los dedos de manera juguetona por los hombros de Willow haciendo el recorrido del delineado que el mismo había pintado en su piel. Estaba satisfecho por como había quedado pero sin duda lo mejor de ese día había sido que ahora estaban juntos. Eso lo había hecho el tipo más feliz de la tierra y la quería mucho, eso se lo había repetido varias pero el verla un poco mejor solo confirmaba más el sentimiento de alegría que sentía.

-Sabes, me alegra mucho verte bromear y sonreír. Ya estaba extrañando ver esa sonrisita. Anda, muéstrala más seguido ¿si? Te quiero mucho, novia mia…-

Dijo riendo un poco en la última parte por lo de “novia mia”, que le había sonado gracioso. Todavía estaba ensayando y seguía sin decidir qué tipo de apodo cariñoso darle entre: amor, mi cielo, cariño y ese tipo de cosas. De alguna manera le gustaba reafirmar el hecho de saber que la tenía a ella y que la quería como no había querido a nadie mas.
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Re: De arena y sal

Mensaje por Willow Swartz el Lun Ago 20, 2012 1:58 pm

Nada más de imaginarse la choza luciendo muros de grafitti tan orgullosa ella comenzaba a reír. Que le constaba de sobra que Alex era versátil como artista y tenía talento para hacer un millón de cosas. El mismo tatuaje que llevaba en su hombro era bastante femenino y delicado, pero de igual manera era divertido imaginarse la cabañita pintada de colores estridentes y siendo estandarte del arte callejero. Quien sabía, tal vez y un día hasta le comisionaba un muro e n el taller. No era secreto que para Willow entre más color y más energía mucho mejor, y Storybrooke era tan… beige. Aún y con ese ánimo gris en el que se había estancado lo lograba percibir.

- O sea, me vas a dejar a mí todo el trabajo pesado de construir y tú te limitas nada más a pasar una brochita. Con esos brazos que llevas bien podrías cargar un tablón de madera o dos, yo soy pequeñita y delicada. – Y tanto de eso… sólo había que ver las marcas que dejaba en la espalda del artista o en su cuello en esas veces en las que más que hacer el amor bajo las sábanas daban rienda suelta a su pasión contenida. Era entonces que su excusa sobre la frágil criaturilla que era dejaba de valerle.

De cualquier manera le gustaba bromear así con él. Aquel ánimo vibrante era parte de lo que le hacía tan atractiva y por algo su historial de amores era bastante extenso. Felle era, por ejemplo, una criatura elegante y casi etérea que nunca pasaba desapercibida. Willow era al contrario un poco más accesible, un poco más como la girl next door que tantos anhelaban… la “vecinita” que, claro, salía a recoger el diario en braguitas y guiñándole con picardía al repartidor. Pero no importaba con cuantas personas hubiera estado, Alex le hacía sentir que al fin estaba donde debía estar, porque cada vez que la abrazaba todos sus temores se desvanecían y al fin se sentía querida, valorada por quien era y que todo eso que tenía para ofrecer al fin lo aceptaban con cariño y sin tener que compartirlo con nadie más.

Al mismo tiempo le asustaba lo rápido que había llegado a sentir que sin él no podía estar… una buena tarde había aparecido en su casa y ella lo recibió como a cualquier otro amigo, pero al despedirlo la mañana siguiente lo había hecho con adoración absoluta en su mirada. Ahora mismo no concebía estar lejos de él, pero luego miraba a su alrededor… del matrimonio de Savannah y Robert, Willow había dejado de esperar gran cosa cuando el Sheriff comenzó a cambiar tanto con ella. Y luego estaban Grace y William, de quienes al contrario había creído eternos, y ahora estaban destrozados. ¿Y si esa sensación que le llenaba ahora desvanecía también? ¿Y si lo perdía? ¿Y si…

¿Y si en realidad había algo malo con ella? ¿Podía imponerle tantos problemas y responsabilidades?

Tan sólo hacer esas preguntas dolía. Como si no tuviera ya bastante preocupándose por sus alucinaciones y sus sueños, ahora tenía que sumar todo aquello. En medio de aquel abrazo estrechó a Alex con todas sus fuerzas, temiendo que si acaso al abrir los ojos tal vez descubriría que él también y eso que tenían eran solo cosa de su imaginación. Aquel pensamiento era tan horrible que hasta temblaba. Presa de aquel repentino temor a que se desvaneciera entre sus dedos como la arena a sus pies lo besó. Había memorizado ya esos labios, su textura y su sabor y el cómo se encajaban a la perfección con los propios y no había manera de cansarse de ellos.

Acarició su rostro, bajando por su cuello hasta sus hombros y de ahí repasando los tatuajes que él mismo lucía. Terminó colocando las manos sobre su pecho y así le sonrió. - Supongo que mientras nadie me llegue con más tragedias puedo intentarlo. - Mordio su labio inferior y se encogió un poco de hombros. No sabía que iba a pasar con Khai, ni con Grace, ni con William y todo aquello la tenía mal, claro que sí.

- Aunque cuesta sin poder dormir... - Suspiró. Quería contarle, pero se sentía insegura sobre lo que fuera a pensar sobre ella después de contarle. Por otro lado, suponía que era mejor explicarle a que la pillara un día metiéndose pastilla tras pastilla tras pastilla... necesitaba volver a ver a Sydney...

- No te ha pasado que... sueñas una y otra y otra vez lo mismo... ¿pero nada tiene sentido?... - Tan solo decirlo en voz alta sintió un nudo en el estómago...

Pero si quería tan desesperadamente creer que el amor era algo que sí podía durar y no porque a su alrededor viera más que desgracias implicaba que tarde o temprano todo acabaría así, tenía que comenzar por confiar a ella misma... por mucho que aterrara dar el primer paso sin estar segura de si pisarías sobre sólido o directo a un precipicio.

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Re: De arena y sal

Mensaje por Alexander L. Hawke el Jue Ago 23, 2012 10:29 am



Claro, Alex no iba a permitir que Willow tuviera que hacer el trabajo pesado, pero seguro que luego le pediría algo especial por todos los esfuerzos. Además que la idea de vivir en la playa no estaba nada mal, solo había que arreglar unas cuantas cosas y ver como hacía Willow para robar un poco energía eléctrica de algunas de las casas que estaban por allí para que su taller electrónico siga sobreviviendo.

Si, tampoco estaba mal pensar en un futuro que esperaba no fuera lejano. Mudarse juntos, vivir juntos. Puso aquella idea en su mente y se sentía correcta de inmediato. No le pareció apresurado y tampoco lo rechazó completamente como le pasaba a algunos de sus amigos que temían el hecho de tener que vivir juntos con las novias por el hecho que el siguiente paso lógico era casarse.

A él no le pasaba nada de eso. Por alguna razón el solo pensar un poco en ello le sacaba una sonrisa, lo hacía feliz y creaba una ilusión de futuro optimista con ella.

No podría hacerlo con absolutamente nadie más que con Willow y eso era lo que más le gustaba. No se había sentido así con nadie y cada día ese sentir se reafirmaba mucho más. Quizás era por eso que necesitaba ver más de aquella sonrisa que ella acababa de mostrar en esos momentos, necesitaba el hecho de poder verla feliz y sentir que había tenido algo que ver en eso, o eso es lo que el artista prefería pensar.

-No, yo prefiero ser optimista y pensar que todo va a mejorar, que ya no vas a tener que ver cosas que te hagan sentir triste. Igual, sino voy a tener que ir de gurú resolviéndole la vida a los demás para que estés feliz… -

Le comentó en tono de broma pero es que de verdad esa era su intención. Si Alex pudiera, él lo haría y sacaría del negocio a Sydney porque ya nadie tendría problemas ni conflictos y todos estarían mejor, y eso solo para que Willow estuviera feliz. Realmente se sentía enamorado. No le gustaba que ella tuviera esos problemas para dormir y notaba que ella solía abrazarlo con algo más de fuerza para poder hacerlo, gesto que le gustaba y que no le molestaba para nada más allá del hecho que sentía que tenía problemas para descansar bien y que tardaba para dormir.

Se quedó pensando un momento en eso último que ella le decía, sobre lo del sueño recurrente y podía decir que si, que hasta de hecho eran cosas cíclicas que iban y venían cada cierto tiempo y hasta cierto punto eran tan borrosos y abstractos que uno solo llegaba a recordar las imágenes por la repetición. El se había soñado volando (o eso podía llegar a recordar) por lo que Willow le decía no resultaba tan raro, lo que si le preocupaba es que en vez de sueño, lo de ella fuera más una pesadilla.

-Si, si me ha pasado. Que sepas he estado soñando contigo mucho últimamente y espero que esos sueños si se repitan. Pero los tuyos no te dejan dormir así que ¿no me cuentas como van los sueños? A ver si logro descifrar tu subconsciente-

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Re: De arena y sal

Mensaje por Willow Swartz el Jue Ago 23, 2012 5:24 pm

Entendía que para muchos el que de la noche a la mañana se declarara enamorada de nuevo después de haber estado tan miserable por lo ocurrido con Everett era desconcertante. Willow, siendo como era, había comentado ya a todos sus amigos - con los que aún se hablaba - al respecto, porque para ella eso que iba floreciendo con Alex era bueno y las buenas noticias merecían compartirse. Había tenido todo tipo de reacciones, desde la mirada pícara de Felle pidiéndole detalles a la sonrisa dulce de Savannah que, aunque un poco sorprendida cuando le visitó en la panadería para contarle y además abastecerse de sus croissants rellenos de queso crema que tanto le gustaban, le decía que le alegraba verla tan contenta y sonriendo de esa manera. Claro, eso había sido antes de que la Bomba Sullivan explotara. Pero lo de Everett había sido casi ya dos meses atrás... ¿o era menos? ¿Tal vez más? A lo mejor es que Willow medía el tiempo de manera distinta...

Pero era que la manera en que el artista le hacía sentir no tenía punto de comparación. Aún y tan deprimida como se sentía era imposible no contagiarse ni un poco de aquel optimismo que lo caracterizaba. ¡Y es que cómo no derretirse cuando le decía cosas como esas! Supo que se había sonrojado porque sintió el calor en sus mejillas y la sonrisa que apareció en su rostro se extendía de oreja a oreja a través de él.

Entendía que una vida sin momentos amargos era imposible, que solo pasaba en los cuentos como esos con los que Paula iba tan obsesionada y que lo que marcaba la diferencia entre salir adelante y ser miserable era el como se enfrentaban. La cuestión era que Willow se encontraba agotada. Sus propios problemas eran ya bastante graves, pero no era capaz de deslindarse del sufrimiento de quienes eran importante para ella. Llámenlo empatía o como fuera, pero una parte de sí misma necesitaba de ver a todos felices, como si esa fuera acaso su verdadera vocación y no la que practicaba en el taller.

Le miró con muchísimo interés cuando le decía que a él también le pasaba lo de soñar una y otra y otra vez la misma cosa, aunque al final no era exactamente parecido a lo que a ella le pasaba sino halagos de enamorado. Rio suavemente aunque negó con la cabeza y se separó muy delicadamente de su abrazo.

- ¿Así como descifraste mi tatuaje? ¿Es alguna especie de don místico de artista? Tal vez hasta deberías proponerle a Sydney ser su socio en negocios. - Bromeó un poco y anduvo un par de pasos más. Echó una mirada hacia el perrito que iba fascinado de la vida jugando a perseguir olas, y ella misma se agachó a recolectar unas cuantas piedras.

- Pues... no son exactamente pesadillas, son como... una mescolanza rara de imágenes y ruidos.... - Comenzó por tratar de explicarle pero titubeó un poco. Tenía miedo y esa debía de ser una de las cosas más difíciles que había hecho, pero quería ser bien sincera con él desde el principio. No podía ser de otra manera.

Suspiró mientras trataba de ordenar sus ideas y lanzó la primera piedra hacia el océano como si acaso se tratara de una pelota de beísbol. Se sentía muy ansiosa y cuando estaba tensa le era imposible el quedarse quieta. Así que tirar piedras al agua parecía mejor alternativa a caminar de aquí para allá y terminar mareando al pobre chico.

- Sigo viendo este... bosque. Un bosque y una playa. Pero no es Storybrooke, es mucho más grande y... no sé, difícil de explicar. No es como cualquier otro lugar que haya visto en fotografías o en películas, parece casi como si alguien lo hubiera pintado de lo impresionante que es... -Y por un momento, un pequeñísimo momento, parecía incluso que se alegraba y sonreía hablando de aquel fantástico lugar que existía solamente en sus sueños.

- Pero... - Siempre había un pero. - Luego comienzo a escuchar cosas... como gritos, y explosiones, y metal golpeando contra metal... es atemorizante y... luego están las campanas. Esas. Jo.Di.Das. Campanitas. - Aquello último ya lo decía en un susurro siseante y lleno de frustración. Había lanzado una piedra por cada sílaba a la que había hecho énfasis furioso, ya la última la había tirado sin cuidado ni importar que tan lejos llegaba. Resignación, eso es lo que había. - Y es el mismo sueño. Una y otra y otra vez. Me saca de quicio, no lo entiendo. Ya llevo varias semanas así y... - Y todo seguía igual o incluso peor, porque el medicamento que Sydney le había dado no le estaba ayudando demasiado.

- Me está empezando a volver loca. - Fue entonces que buscó su mirada. No, su problema no se detenía ahí porque no se quedaban en sus sueños nada más, pero antes de cualquier cosa, de areverse a confesar ese secreto que nadie más que la doctora conocía, necesitaba con desesperación saber cómo iba reaccionando... y es que si en algún momento Alex comenzaba a mirarla como si estuviera loca en realidad... no lo soportaría, no sabría qué hacer...

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Re: De arena y sal

Mensaje por Alexander L. Hawke el Mar Ago 28, 2012 4:32 am



La verdad era que no solamente soñaba con ella a pesar que en efecto ella había sido la protagonista principal de las últimas manifestaciones de su subconsciente. Antes si, había soñado cosas diferentes y que ocurrían con bastante frecuencia, quizás no era algo que se repitiera todos los días pero si lo suficiente para que se le pudiera describir como “raro” o “extraño”, pero ya, no le iba a contar eso que soñaba, todavía no.

Lo que más le interesaba era poder escucharla y que ella le contase qué era eso que le preocupaba al punto de molestar su sueño y de no dejarla descansar. Le preocupaba y quería ayudar de la manera en que pudiera hacerlo, quizás si es que era solo para encontrarle una razón a todo ello.

Ni él mismo podía explicarse como era que se había formado esa conexión tan profunda con Willow así de rápido, pero es que la sentía así y tratar de negarse o racionalizar cualquier otra cosa no tenía sentido y tampoco es que quisiera hacerlo.

Si sentía que hasta las cosas le salían mejor, que pintaba mejor, que se sentía mucho más creativo de la noche a la mañana y que por alguna razón los niños le sentaban cada vez menos molestos porque con solo pensarla mientras estaba en las clases todo se aligeraba y el tiempo pasaba más rápido. Y al mismo tiempo también sentía que quizás no le decía todo lo que significaba para él tanto como ella se merecía pero quería demostrar interés por todos los aspectos, sus problemas estando incluidos.

Rió con ella sobre lo que dijo de la sociedad con Sydney, el podría ser el tipo mucho más místico o esotérico más que el análisis de libro de texto de la loquera, pero sea cual sea el caso, la quería ayudar. La escuchó atentamente sin interrumpir preguntando porqués y demás dudas que le venían a la mente. La miraba con adoración, con ojos de enamorado y al mismo tiempo el artista se podía dar cuenta que para ella no era fácil poder decir algo como eso, casi como si temiera su reacción. ¿Acaso no sabía que sin importar lo que le dijera nunca la dejaría? Si no lo sabía quería reafirmárselo. No la interrumpió en nada y hasta sonrió con el arranque contra las piedras que le pareció adorable.

Lo que le decía no le parecía tan raro, el mismo había soñado con mundos extraños y brillantes y con magia. La idea de sueños interconectados no era tan loca pero si peculiar ¿a alguien más además de ellos dos les pasaría lo mismo? Podía ser, pero a Alex solo le interesaba Willow. Todo podía estar bien excepto que esos sueños no le caían bien a ella y que el ruido de las campanitas la sacaran de quicio.

-Pero no, no estás loca. Y fuera de bromas, yo también he soñado cosas raras. Quiero que sepas que te quiero mucho, demasiado. Y que quiero ayudarte en lo que se pueda- le dijo abrazándola fuerte para luego posar la mano sobre su rostro y besarla, que pudiera sentir en ese beso todo lo que le había dicho, la beso primero lento y aumentando la intensidad antes de separarse -Hagamos sesiones de terapia, sexoterapia… ¿Has ido al doctor por eso de las campanitas?- bromeó preguntando algo serio al mismo tiempo aunque lo primero sonaba demasiado bien.
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Re: De arena y sal

Mensaje por Willow Swartz el Mar Ago 28, 2012 4:44 pm

Le miró mordiéndose el labio. Si no estaba loca estaba enferma y no sabía qué era peor. ¿Por que qué otra explicación podía haber? Lo que nadie podía discutir es que lo que le pasaba no era normal. Y lo anormal en cuestiones como esas era siempre sinónimo de malo. Ergo, ella tenía algo malo. No le encontraba mucho fallo en su asociación de ideas. ¿O acaso estaba exagerando? Cualquiera en su lugar tendría miedo, ¿verdad?...

Se dejó abrazar porque realmente lo necesitaba, ocultando el rostro en la curvatura de su cuello. Se sentía demasiado vulnerable y entendía que a nadie encontraba esa sensación placentera, pero se sentía abrumada, asfixiada al notarse tan diminuta e indefensa, como si en realidad no midiera más que unos cuantos centímetros y no hubiera manera de contrarrestar todo aquello que le sucedía.

- ...¿t-tú también has soñado cosas extrañas? - ¿Extrañas como las de ella? ¿Cómo las de Sydney? ¿O las de ninguna de las dos? Quiso preguntarle un millón de cosas, como de qué trataban sus sueños o desde cuando los tenía, que si se sentía raro o le pasaba algo más, cualquier cosa que pudiera ligar a lo que ella atravesaba, pero antes de poder hacerlo él la besaba.

Por un breve segundo sintió que la sangre la hervía y su rostro enrojeció, interpretando todo aquello como que no la estaba tomando en serio, pero entonces lo escuchaba y el enojo se esfumaba tan rápido como había llegado. Que la quería y la iba a ayudar, y aunque su rostro no cambió de expresión a una que mostrara otra cosa que angustia, en su pecho se encendía una cálida sensación que la calmaba, como una lucecita que aunque pequeña iluminaba cuanto alcanzaba en medio de todo aquel caos interno que llevaba e el pecho.

Por eso lo abrazó con todas sus fuerzas, y correspondía a la manera en que la besaba. No, el miedo no desaparecía, pero Alex tenía una manera indescriptible de infundirle confianza. Era como si supiera siempre que decir o qué hacer para evitar que su carácter tan voluble y extremista no solo le hiciera montar en cólera, sino evitar que se decayera demasiado por algo. Como si la conociera de toda la vida y por eso supiera justo que hacer o cuando esperar o cuando dejar que las cosas fluyeran por si solas.

Colocó su mano sobre la de él mientras se besaban, renuente a separarse de él pero al final no quedaba más remedio si es que acaso consideraban el respirar como algo vital. Le hizo reír mientras recorría lentamente con las puntas de los dedos el contorno de sus hombros y sus brazos, que tal vez no fueran tan grandes o musculosos como los de otros chicos en el pueblo, pero no había lugar en ese momento donde Willow se sintiera más segura.

- ¿Y tú crees que funcionaría? ¿Molernos tanto con el sexo que no quede de otra más que rendirnos en la cama por knock out? - Se animó a reír. El artista siempre lograba animarle un poco por muy difícil que la situación pareciera. No obstante cuando le preguntaba si ya había consultado a algún médico tuvo que tomarse un par de segundos para estructurar su respuesta.

- Tengo cita con Sydney, de hecho... - Y pensar en eso le ponía de nervios, no podía negarlo. Fuera de eso no había consultado con nadie y por más aterrorizador que fuera, estaba consciente de que necesitaba hacerlo.Tenía que hablar con William para que la ayudara...

Tragó saliva. Se sentía al borde de un ataque de nervios, pero tenía que contarle todo. Le parecía que el comenzar ahora a ocultarle cosas no haría más que complicarlo entre ellos, pero ahí estaba, la hora de la verdad. - Y si te dijera que... oigo las campanitas hasta cuando estoy despierta? A cualquier hora... yo.... ya no sé que hacer... - Sutil Willow, sutil...

Acarició su rostro, lo volvió a abrazar. Y de nuevo sentía que mientras Alex estuviera con ella no había nada que le pudiera dañar.

- Te quiero... - Y esa era una verdad que no podía ni quería cambiar...


Última edición por Willow Swartz el Vie Ago 31, 2012 3:20 pm, editado 1 vez

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Re: De arena y sal

Mensaje por Alexander L. Hawke el Vie Ago 31, 2012 12:17 pm



Si, en realidad sus sueños también eran extraños, en mayor o menor grado dependiendo de la perspectiva o de la persona oyente pero si, extraños al final de cuentas. No quiso mencionar nada en ese momento porque la situación no se trataba de él, para nada, era Willow la que no podía dormir bien y la que, según la opinión de Alex, necesitaba algo más de catarsis y a ver si es que eso podía ayudarla en algo. Porque para eso estaba él, simplemente para ella en lo que quisiera o en lo que necesitase. Por eso y un millón de cosas más había querido besarla, y en realidad no tenía mas razón que la principal y fundamental, el hecho que la quería mucho, más de lo que ella podía pensar.

Espera poder causar el efecto que buscaba, que precisamente ella pudiera sentir todo el amor y el cariño, el deseo que esté y que él estaba dispuesto a ayudarla en ese mismo beso. En eso sintió el abrazo y se sintió reconfortado por esa respuesta de ella sin necesidad de usar palabras, que si, que estaba ayudándola en algo. Pero lo que él quería era que la sensación desapareciera, tenía en claro que posiblemente no lo iba a conseguir en ese mismo momento pero no le daría nada de daño intentarlo. Quería intentarlo, sentía que sabía como poder ayudarla y qué decir en el momento que lo necesitase y eso mismo hacía que el artista se sintiera bien, era una sinergia a la que le gustaba pertenecer.

Sentía las caricias de ella y las disfrutaba como siempre, sonriendo ante el gesto de ternura de ella mientras la pegaba un poco mas, afianzando el abrazo como para que ella pudiera quedarse eternamente allí si es que le apetecía, porque a él si. Retiró algunos rubios cabellos de su rostro buscando sus labios nuevamente.

-Yo creo que no haría daño intentar ¿no? Me gusta el experimento, y ya sabes, prefiero el empirismo a la teoría-

Dijo fingiendo la seriedad de un físico o científico cuántico al decir la frase pero sin poder mantener la pose de seriedad por mucho tiempo ya que comenzó a reír, pero no lo por la idea en sí ya que esa si le había gustado bastante, ya se lo recordaría a Willow dentro de un rato. Buscó sus labios nuevamente para dejar una serie de besos cortos antes que ella respondiera lo que quería decir. El hecho que tuviera la cita con Sydney era bueno… Pero no quería que estuviera pendiente a las pastillas que posiblemente le recetara o que se creara algún tipo de dependencia.

-¿Cuándo vas a ir? ¿No quieres que vaya contigo? –

Se ofreció mientras la abrazaba más porque quería demostrarle su apoyo de todas las maneras posibles. Pero de pronto ella le dijo lo de las campanitas. Asintió a lo que le decía aunque a su mente vino lo difícil, complicado y molesto que debería ser oír algo así todo el tiempo, a el mismo a veces le quedaba un pitillo molesto en el oído por culpa de la voz terriblemente aguda de sus alumnos, pero eso no era nada que un poco de descanso y unas cervezas no podían solucionar.

La abrazó fuerte y sabía que esa era una situación que la afrontarían juntos, sea lo que sea. Y si bien el no oía nada a veces le parecía ver cosas donde no habían, que quizás todo el mundo tenía de esas curiosidades y no eran extrañas, lo que sí sabía era que si a Willow le molestaba él haría lo necesario para ayudarla.

-Yo te digo que no te preocupes, amor. Ya vas a ver que se te va a pasar… Y tienes que saber que yo también te quiero, te quiero mucho-

Tomó su rostro suavemente y la besó tras decirle eso, y era que no podía pasar demasiado tiempo alejado de sus labios.
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Re: De arena y sal

Mensaje por Willow Swartz el Lun Sep 03, 2012 6:56 am

Crédito a quien crédito merece y es que la broma aquella había conseguido hacerla reír. No es que se necesitara mucho trabajo para convencerla a quitarse la ropa, la verdad, pero el tomarlo como terapia era una idea lo suficientemente extraña como para causar gracia. - ¿Así que te sacrificas en favor de la ciencia? Me parece que si todos los experimentos fueran así de divertidos veríamos muchas más batas blancas rondando por ahí. - Con todo y la tontería del chiste no se apartaba de su abrazo. - Esa tiene que ser la manera más original que haya tenido nadie para tratar de convencerme a tener sexo. Te llevas una A por esfuerzo. - Rio un poco. Si al final ambos sabían que lo único que necesitaban era una excusa y un lugar donde estar a solas.

- El lunes. - Le respondió junto con un corto suspiro causado por el nerviosismo. - Nadie trabaja fin de semana, vamos... y además me da un par de días para tratar de sacar cuanta tensión pueda y no ir con ella muriéndome de miedo. - Porque asustada estaba y mucho, no se le ocurría nadie que estando en su lugar pudiera afrontar el problema como si no tuviera importancia. La misma Sydney se había confesado bastante alterada por sus propios sueños. ¿Se habrían detenido o los seguiría teniendo? ¿Tendrían algo que ver?... no, ni hablar, eso no tenía sentido.

- ... ja, así que mira. Al final lo de tu terapia si va a funcionar. - Porque no se le ocurría mejor forma para relajarse, vamos. Cuando se sentía demasiado ansiosa también solía encerrarse en su taller a trabajar, pero la perspectiva de estarse con Alex era mucho mejor. Rio con algo de picardía y así, aún abrazada a él, le besó el cuello. Willow no era muy alta y aunque a veces eso le fastidiaba porque le gustaría tener unos centímetros más en su haber, en esos momentos le parecía que tenía la estatura perfecta justo para apoyarse en su hombro.

- ¿En serio irías conmigo?... - Susurró, conmovida por ello. Nadie se habría ofrecido a acompañarla antes. Ninguna pareja, por lo menos. Podía ser que estuviera todavía en aquella fase de ilusión inicial donde todo era bonito y maravilloso, pero detalles así le hacían pensar que esta vez con Alex las cosas podrían ser distintas a lo que ella había conocido con todas sus otras relaciones. - Creo que... tendría que ir yo sola esta vez, pero voy a preguntarle qué le parece. - Si por ella encantada, lo último que quería era enfrentarse a todo eso sola y por eso le confesaba lo que ocurría, pero tendría que saber primero que era lo que la experta opinaba.

Realmente esperaba que así como él decía todo pasara rápido. Saber que aún y con todos los problemas que tenía él se quedaría a su lado era algo demasiado grande e intenso, algo que le hacía sentir valiente como para comenzar a afrontar lo que le ocurría y buscar las respuestas. Una cálida sensación se extendió por su pecho cuando le llamaba Amor. ¿Cómo es que había corrido con tanta suerte como para que Alex se enamorara de ella? No lo sabía y tampoco buscaría explicaciones, sólo agradecía que así hubiera pasado.

Así que se entregaba por completo en ese beso, colocando con cuidado las manos sobre su cuello cuando cerraba los ojos y entreabría los labios, explorando la boca del profesor. Su dedos jugaban con algunos de los cabellos del rubio y ella era sencillamente incapaz de cansarse de su calor y su sabor. No podía. Era ya una adicción, una obsesión.

- Vamos al agua. - Le susurró con picardía antes de morderle los labios de manera traviesa y alejarse un par de pasos, tirando de los cordones de su traje de baño un instante antes de echarse a correr hacia el agua. Y por un momento, sintiendo la brisa marina contra su rostro, Willow se sintió en libertad.

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Re: De arena y sal

Mensaje por Tomas H. Olsson* el Vie Sep 07, 2012 4:56 am



Estaba echado en una toalla, no eran necesarias demasiadas cosas para que Tomas la pasara bien.

Si, lo único que había tenido que hacer fue salir de casa. Muchas veces el ambiente de sentirse encerrado llegaba al punto de sentirse como una claustrofobia que realmente no padecía, que más era el efecto del aburrimiento y muchos otros factores que terminaban consiguiendo que el aire respirado en casa fuese mucho más denso y pesado, sin duda menos refrescante, casi como si el aire se encontrara mancillado con ese sentir aletargado que lo hacía mucho menos respirable, como si necesitara un poco de aire puro cada vez mas. Tomas no era de los que tenían una pizca de carácter estoico dentro, no, para nada. Lo de él era más reactivo, sentir y reaccionar.

Fue por ese motivo que sin hacerse demasiado problema, ya sea porque no era tan temprano, o por el clima que tampoco estaba demasiado soleado, de todos modos había decidido ir a la playa. Música en su reproductor, un libro para leer si es que la música fallaba en su propósito, una toalla y un cambio de ropa por si el agua se viese imposible de evitar en aquel momento. Y en ese momento la estaba pasando bastante bien en ese estado de relajación, solamente yaciente sobre aquella toalla mientras escuchaba un poco de música mirando el mar, pensando en todo y en nada al mismo tiempo aunque la recurrencia de un rostro tenía mucha más cadencia en su aparición.

En todo caso lo único que llegó a distraerlo de esa especie de bruma de meditación existencial fue una curiosa sensación. Algo que era entre mojado y húmedo pero cierta ligera aspereza. Si hasta también le hizo un poco de cosquillas. El escritor se incorporó notando como un perrito le estaba lamiendo los pies. Era bastante bonito y simpático, si Tomas tuviera idea de las razas caninas hubiera sabido de inmediato que se trataba de un Beagle de raza pura pero a sus ojos era un hermoso cachorro más. Buscó en el cuello del can algún tipo de identificación de los dueños pero el collar estaba sin ningún dato. En todo caso devolver aquel perro a su hogar no debía ser complicado, seguramente estaban en alguna parte de la playa a menos que fuesen desalmados sin corazón.

Tomas empezó a caminar y el can lo seguía bastante feliz y saltando, seguramente a la espera de algún juego y completamente ignorante que estaba perdido. Caminó un poco más notando a un par de personas más allá, jugando cerca de la orilla entre el límite del agua y la arena. Tomas trató de afinar la vista viendo a ver si reconocía a alguna de las dos, opcion que por vivir en un pueblo tan pequeño, no era tan improbable. Igual, redujo las distancias caminando hacia esa dirección para terminar de ver si es que la persona que le había parecido reconocer era ella en efecto. Al estar más cerca sonrió al verla sin poder evitar la manera en que los recuerdos venían y venían en su mente. Por supuesto, se iba a presentar.

-Helena de Troya… Qué sorpresa-

Sonrió al decirle el apodo cariñoso que le había puesto en el último encuentro que habían tenido los dos en alguna otra parte de esa misma playa. Ella estaba con un hombre acompañándola. ¿Sería su hermano? ¿O sería acaso el Rey Menelao? Hasta donde el escritor recordaba él había interpretado muy bien el papel de Paris y ella el de Helena.

-¿Es esta tu mascota?-

Preguntó para darle un poco de contexto a la interrupción sin poder evitar mirar lo hermosa que se veía así, diosa griega u objeto de deseo y causa de guerras sin duda. El otro tipo no estaba dentro del cuadro de visión de Tomas, solo era ella y no lo podían culpar.

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Re: De arena y sal

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