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Mensaje por Willow Swartz el Vie Ago 24, 2012 4:52 am

-… woah, no inventes. ¿Es de verdad?...

No era la primera vez que iba a ver a Sydney a su casa, pero sí la primera en que se metía hasta su consulta. Una cuando le escribió la primera receta después de encontrarla perdida en el bosque en plena crisis nerviosa. La segunda cuando esa receta se le había terminado. Y aunque lo que le había prescrito en teoría debería de haberle durado un mes más el frasquillo iba ya más ligero de lo estipulado, pues había noches que tomaba más de lo que le había indicado para poder dormir… y ni así los sueños cesaban ni las campanitas desaparecían y no podía seguir tratando de ignorarlas, como si creyera que pasando de ellas fueran a callarse porque eso obviamente no pasaba. El único día en que las había dejado de escuchar había sido el domingo con lo que pasó con Grace.

No se había atrevido a pedirle ayuda a la psicóloga de una manera más concreta que una receta médica hasta ahora. En parte, sí, lo admitía, por Everett. La verdad es que no había escuchado por el pueblo nada sobre ellos dos como pareja así que Willow suponía que una de dos cosas, o eran demasiado discretos o todavía no se había dado oficialmente nada, pero no dudaba que si ese fuera el caso entonces pronto iba a suceder. Tenía un radar para esas cuestiones y la idea de que ellos dos se traían algo nadie se la quitaba de la cabeza.
Aunque claro, tenía algunas semanas en las que no había pensado en Everett ni una sola vez, y es que quien ocupaba los pensamientos que una vez hubiera dedicado al físico era Alexander. Bien, las cosas no se habían dado de la manera más convencional, pero lo que importaba era que los dos estaban felices, ¿qué no? Entonces, si pensar en Everett y Sydney juntos ya no le dolía como hacía dos meses, ¿por qué seguir postergando esa cita?

Porque Willow encontraba el llegar con ella y decir en voz alta creo que estoy enferma o algo y necesito tu ayuda lo más atemorizador que había hecho jamás. Lo había hablado ya con Alex y con Felle, con Khai con quien al fin se reconciliaba y tenía pensado hacerlo con Savannah, aunque tenía ya varios días que cuando se pasaba por la panadería por sus croissants le veía demasiado pensativa y meditabunda. No decía mucho al respecto pero a Willow le preocupaba e intuía que algo no iba bien con ella tampoco, su radar se lo decía. Ellos 4 junto con Grace – con quien la situación era obviamente delicada- eran como su familia, porque a su familia de sangre en realidad nunca había sido muy cercana, tanto así que los recuerdos de su niñez eran demasiado solitarios, y peor, borrosos.

Había llamado a Sydney para pedirle una cita y no sabía por qué pero intuía que su voz se había escuchado mucho más seria de lo usual, así que esperaba no haberla asustado, pero vamos, ella misma ya iba con bastante miedo. Le había llevado una caja de cupcakes de la panadería de Savannah y Rebecca, sabía que no era necesario pero igual lo hizo. Le hacía sentirse un poco menos tensa si no llegaba mostrándose natural y no muerta de miedo como iba.

De camino a su despacho se había distraído con sus perros, que los animales siempre le ponían como tonta y si no solo había que verla con el beagle de Alex. El problema era que al llegar a su oficina y ver la espada que decoraba la habitación junto con su funda en su soporte, Willow se perdió completamente en su mundo.

- Es china, ¿verdad? Si, claro que lo es, las japonesesas son de hoja más gruesa y tienen curva, esta es más fina y recta. Además el mango tiene acabados en madera pulida y tallada y la borlita esta de hilos de seda la usaban para absorber la sangre. ¿Si sabías? Bueno, claro que si, es tuya. ¡Y sabes cómo se fabricaban! ¡Es bien interesante! El herrero calentaba y golpeaba el acero hasta dejar una hoja finísima, y luego la doblaba sobre si misma y la volvía a golpear y doblar y así una y otra y otra vez formando una capa tras otra. Por eso esas espadas nunca se quiebran, son súper resistentes. Es una técnica bien distinta a la occidental donde lo que hacían era mezclar otros materiales con el metal. ¡Eso era verdadero arte! El herrero dejaba siempre un poquito de sí mismo en cada espada… ¿la has tratado de desmontar? Porque seguro que encuentras el sello de quien la fábrico debajo del mango. Debe tener una historia impresionante… no como las de ahora que lo que compras en cualquier tienda, esas son de metal fundido y vaciado en moldes. Ni siquiera están bien balanceadas, nada de alma, ¡nada de artesanía!... – Se escuchaba una genuina pasión por lo que decía en el tono de su voz, porque sus ojos brillaban como lo habían hecho antes de que la vida se le complicara tanto y no dejaba de gesticular emocionadísima con las manos, alternando entre mirar a Sydney y mirar la espada.

…¿y dónde se había vuelto ella una experta en herrería? … internet, lo más seguro…

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Re: Ayúdame...

Mensaje por Sydney J. Watson el Dom Ago 26, 2012 7:17 am

La mirada de Sydney pasó de Willow a la espalda que había en aquella habitación. Sí, era tal y como decía Willow. El problema alrededor de la misma es que aún no sabía muy bien que significaba, siempre la había poseído y sabía manejarla (que era lo más extraño de todo) pero claro, no iba a ir por un pueblo como Storybrooke con una espada encima como si fuera una psicópata. Keith y ella lo consideraban un hobby, pues ambos sabían manejar aquel tipo de armas y en alguna que otra ocasión se habían batido sin que hubiese heridos. Sabía perfectamente como manejarla con sus manos para que no hiriese a su amigo.

- Sí, es de verdad y… bastante afilada a decir verdad – Sonrió ligeramente. Eso no lo sabía por haber herido a Keith en ninguna ocasión, pero si que había cortado algunos materiales con ella. Después de todo… A veces se perdía en el bosque cargándola con ella y donde nadie la veía practicaba aquellos movimientos que conocía y no sabía por qué, pero algo dentro de ella la incitaba a hacerlo. A llevarlos a cabo. Y Keith era la única persona por el momento que sabía de aquello.

Escuchó con atención las palabras de Willow y por un momento se sorprendió que supiera tanto sobre el tema. Un tema que había sido desconocido para ella alguna vez y sobre el que había tenido que indagar intentando descubrir por qué sabía todo aquello que sabía. Se había encontrado muchas respuestas pero también un callejón sin salida que había abandonado antes de perder totalmente la cabeza. Estaba a punto de interrumpirla y decirle que si que sabía como las fabricaban, pero decidió dejarla continuar mientras ella la escuchaba con una ligera sonrisa pintada en el rostro.

- No, no la he desmontado – Le respondí con una sonrisa. Sabía que encontraría el sello de hacerlo pero una parte de mí le guardaba demasiado cariño como para desmontarla, aunque eso no quitaba que de vez en cuando sintiera curiosidad por desmontarla y ver aquel sello que escondía en su hoja. – Veo que entiendes bastante de estas cosas – Mantuvo la sonrisa mientras decía aquellas palabras, notando la pasión en la muchacha mientras hablaba. Ahora entendía porque a Everett le había atraído, en cierto modo, esa pasión le recordaba a la que él imprimía en cada una de sus palabras cuando hablaba de ciencias o de algo que le fascinase. – De todos modos a ti todas esas cosas de desmontar y armar te encantan… Eso dicen todos – Porque obviamente no iba a decir que además de otras personas, Everett alguna vez le había comentado por encima ese detalle.

Se sentía extraña, debía admitirlo. Tener a Willow sentada frente a ella contándole aquellas cosas. Bueno, el simple hecho de tenerla en la misma habitación y que no la mirase como antes, como si de alguna manera siempre la hubiese visto como un peligro o amenaza. La diferencia radicaba en que en esos momentos habría sabido exactamente porque se sentía amenazada, cosa que en el pasado ni se podía imaginar.

- Willow… - No quería ser tan directa como lo era habitualmente, pero la muchacha tampoco le estaba dando demasiadas opciones. No, simplemente se estaba yendo por los cerros de Úbeda sin ir al grano del asunto, porque tenía que haber uno. Era la primera vez que Willow le pedía una cita para hablar… Un motivo tenía que haber – No te han funcionado, ¿verdad?

Podía ser perfectamente eso, porque ni a ella misma le funcionaban, siendo la “cura” el hecho de pasar la noche con Everett, pero eso era algo que no le iba a decir a ella desde luego.
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Re: Ayúdame...

Mensaje por Willow Swartz el Dom Ago 26, 2012 5:22 pm

Tuvo que morderse la mejilla y darse de manotazos mentalmente para no ir a soltar la barrabasada de si acaso podría desmontarla ella, pero es que no podía evitarlo. Casi se le hacía agua la boca, y no es que Willow tuviera fetiches extraños, pero su curiosidad era demasiada, más tratándose de objetos nuevos y desafiantes, y el solo imaginarse poniendo las manos en esa espada le provocaba una emoción casi como la de un niño en juguetería. Algo parecido le había pasado con el cochecillo amarillo de Lucy la forastera, pero joder, un beetle del 60 no se comparaba en nada a una espada de verdad que tenía pinta de tener varias décadas - ¡o hasta siglos! - de antigüedad. Que va, que no era de buena educación pedirle a las personas que le dejaran meter mano en sus espadas.

... ok, eso se escuchó mejor en su cabeza de lo que sería decirlo en voz alta, pero el principio era el mismo.

- Je, bueno, un poco. - Sonrió ampliamente mientras se rascaba la nuca, mostrando - por increíble que pareciera - modestia. Y es que por muchas cosas que Willow supiera no se consideraba en verdad una experta. La suya era una curiosidad y un hambre por aprender como pocas veces se veía y eso no podía tenerse manteniendo una mentalidad en la que se confiara de estar por encima a los conocimientos de los demás, porque entonces se cerraba a seguir aprendiendo. Por lo menos en ese aspecto se trataba de una persona humilde. Donde ya no pudo aguantar una genuina sonrisa de orgullo era cuando la doctora mencionaba que en el pueblo se mencionaban sus habilidades. Había puesto todo lo que tenía en su taller, casi vendiendo el alma a Gold - porque aquel contrato de renta no era el más accesible de todos, había que decirlo - y esforzándose como nunca por sacarlo adelante. Storybrooke no era muy grande, pero comenzar a tener una fama y que reconocieran lo que hacía se sentía de maravilla. Era una persona trabajadora, y mucho.

La sonrisa se le congeló cuando la llamaba por su nombre, porque intuía lo que iba a pasar. Que no había ido a buscarla para hablar de armas de fabricación artesanal, vamos. Se mordió los labios, exhaló lentamente y se deslizó un poco hacia adelante en su asiento, sintiéndose justo entonces pequeñita y muy expuesta.

Finalmente negó suavemente con la cabeza cuando Sydney dejaba ver que ya se imaginaba lo que ocurría. No, el medicamento no funcionaba. De hecho consideraba que su problema empeoraba en lugar de ir desapareciendo. - ... no. Quiero decir, sí, me dan sueño... a veces. Pero fuera de eso sigo igual. Me las tomé como dijiste a sus horas y eso. Pueeeeede que cuando estuve más desesperada me haya tomado un poco más de lo que dijiste peeeero... - La expresión de niña culpable era una que apenas y podía con ella, pero tenía que ser sincera con esas cosas con los expertos, ¿que no? Y es que cuando decía que estaba desesperada en verdad lo estaba. - Ni así. Fuera de sentirme como zombie.... nada. - Suspiró. - Sólo dejo de escuchar las jodidas campanitas cuando estoy miserable. Y no miserable del tipo "ju no me quiere"... - Porque, vamos, sí que había estado mal por lo de Everett y no por nada aquella había sido la primera suposición de la psicóloga cuando la encontró en el bosque. - Si no del tipo "acabo de ver a mi mejor amiga besándose con otro hombre que no es su marido y luego le tuve que decir que su bebita había muerto al nacer." - Cerró los ojos con fuerza. Eso sí que había sido brutal. No sabía si Sydney había escuchado algo del asunto con los Sullivan y los Jones o no, pero dado que la pelea había sido en pleno parque a la vista de cualquiera, y era bien sabido que el chisme era deporte predilecto en Storybrooke, no le extrañaría.

- Entonces pienso que... o el medicamento no es para mi problema, o mi problema no es para medicamentos. - Le miró llena de preocupación. Según Santo Google podía tener desde todo a una venita inflamada haciendo presión en su cabeza hasta tumores hasta esquizofrenia y ya para eso había casi tirado la computadora contra la pared porque empezaba a sugestionarse a sí misma. Había escuchado que lo peor que se podía poner a hacer uno cuando se sentía mal era buscar los síntomas en internet, pero no había podido evitarlo. Terminó más asustada que cuando empezó.

- Y... ¿tú? Tus sueños y... ¿eso? - Le preguntó con timidez, porque Sydney le había dicho que le pasaba algo muy parecido. Podía ser que no fuera nada, podía ser una coincidencia, podía ser que sus problemas no tuvieran nada que ver y hasta le parecía lo más probable, ¿por que qué otra cosa podría se que las tuviera así a ambas, tan similar y a la vez tan distinto?

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Re: Ayúdame...

Mensaje por Sydney J. Watson el Miér Sep 05, 2012 5:32 am

Así que, tal y como se imaginaba era eso. No habían desaparecido, de la misma manera que los suyos solo desaparecían de forma puntual. Bueno, puntual no, pero no dejaba de resultarle extraño que solo desaparecieran de su cabeza esas noches. Era algo curioso, realmente curioso, pero se había jurado a sí misma que no le daría más importancia de la que tenía en un principio. No, le iba a dar la importancia justa y necesaria.

¿Más de lo que te dije? - Preguntó visiblemente sorprendida. ¡Por Dios! Eso era capaz de dormir a un caballo, es decir, una dosis más elevada de la que ella le había mandado – No quería plantear esto, pero... Quizá es algo que haya creado tu mente..., quiero decir, a raíz de algún suceso dramático, drástico, un gran cambio en tu vida. La mente humana es realmente compleja y al mismo tiempo asombrosa – Sonrió levemente a la muchacha, tampoco es que quisiera asustarla o peor... - Con esto no estoy diciendo que estés loca, ni mucho menos – Sino, ella sería la primera loca del pueblo, por tener unos sueños tan jodidamente vívidos. La siguió escuchando no obstante y le pareció muy curioso y extraño a la vez que aquellas campanitas que sonaban en su cabeza solo cuando se sintiera miserable.

Demasiado extraño.

Era exactamente lo contrario a lo que le pasaba a ella, por decirlo de algún modo, que solo se esfumaban aquellos sueños cuando estaba con Everett, como si de alguna manera él evitara que aquellas vívidas imágenes llenaran su cabeza mientras dormía y la hicieran despertarse con aquel sudor frío recorriéndole todo el cuerpo.

- ¿Estuviste presente en el incidente de los Sullivan? - Le preguntó con cierta curiosidad, pero sobretodo porque creía haber entendido... - ¿Y las campanitas dejaron de sonar dentro de tu cabeza? ¿Cómo si hubieses perdido toda la capacidad de ser feliz en ese momento? - Era realmente raro todo aquello, que justo en el momento en que más miserable se había ido a sentir aquellas alucinaciones auditivas de su cabeza desaparecieran – De todos modos. Quizá deberíamos encontrar el origen de todo esto..., no podemos ir dando palos de ciego, desde luego. Así que... Te voy a pedir que hagas un poco de memoria e intentes recordar en qué momento exacto empezaste a oír esas campanitas y si crees que está relacionado con algún suceso importante de tu vida – Y por favor que no fuera ese suceso.

- Quizá simplemente tengamos que enfocarlo de otra manera – Le dedicó una sonrisa tranquilizadora al tiempo que se llevaba la mano al collar que llevaba al cuello, más en concreto al anillo con el que empezó a juguetear entre sus dedos hasta que la pregunta tímida que le hizo Willow le hizo levantar la mirada. - ¿Mis sueños? - Se llevó una mano a sus cabellos oscuros dejando de jugar con el anillo antes de mirarla a sus ojos claros. Se le hacía muy curioso el contraste entre ambas: rubia – morena, ojos oscuros – ojos claros... - Pues... siguen estando ahí la mayoría de las noches – Suspiró sin apartar la mirada de sus ojos. ¿Sería capaz de decírselo abiertamente? Después de todo aquella mañana en el bosque, Willow le había dejado claro que no se iba a interponer y más adelante, Everett le había dicho que parecía que empezaba a madurar... - Excepto las noches que paso con... Everett. Es como si de alguna manera consiguiera aplacar esos sueños. Es muy extraño, pero... muy en el fondo incluso se lo agradezco aunque no sea algo que hace conscientemente. - Sonrió ligeramente – A lo mejor si encuentras a “esa” persona pase contigo lo mismo... Es todo tan extraño. - Era muy raro que tanta gente en el pueblo empezara a tener sueños y reacciones extrañas ante ciertos estimulos.
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Re: Ayúdame...

Mensaje por Willow Swartz el Sáb Sep 08, 2012 5:56 am

Se le veía avergonzada cuando le preguntó sobre la dosis que había estado tomando de medicamento. Willow bebía y mucho, para ser alguien de talla tan menuda tenía resistencia alcohólica de vikingo de 2 metros de alto, y salvo algún cigarrillo de hierbitas de dudosa procedencia nunca había experimentado con ninguna clase de droga. Y ni ganas que tenía. Ya en su estado natural iba lo suficientemente acelerada como para aumentar su euforia con químicos. Así que sí, le daba bastante respeto estarse tomando aquellas pildoritas, que aunque en tamaño eran poca cosa ningún medicamento que se usara en consultas como la de Sydney podía considerarse como ligero. Si ya ni tomando más de lo debido conseguía callar las jodidas campanitas entonces le parecía que tenía motivos para preocuparse.

Y aunque Sydney no quisiera asustarla ni mucho menos lo que lograba hacer era justo lo contrario. Porque estar convencida de que estaba enferma era una cosa, pero tener que barajar además la posibilidad de que ella misma estaba creando las alucinaciones por a saber qué trauma complejo tenía encima pues era bastante intimidante. Torció los labios en una muy muy tenue sonrisa cuando le aseguraba que nada de eso quería decir que estuviera perdiendo los tornillos. ¿Segura? Las camisas de fuerza no se veían cómodas en lo más mínimo.

Respondió asintiendo lentamente con la cabeza y un suspiro resignado. – Si… todo el tiempo. Yo los encontré antes de que la policía llegara y todo eso… y como estaba yo sola con ella cuando despertó de la cesárea… pues tuve que decirle… – Se mordió los labios. Un horroroso escalofrío la recorrió. No era algo que quisiera recordar, y seguía sin saber qué era lo correcto por hacer. No había hablado con Grace desde entonces. Pensar en la bebita y en William le dolía. Y estaba convencida que como se encontrara a Jones por ahí le caía encima a desgreñarlo por sinvergüenza o cualquier otra cosa. – Si, ¡si! ¡Justo así! Fue como si una vez que creyera que la cosa no pudiera ir de mal en peor que con mujeres embarazadas llorando a moco tendido y puñetazos y sangre y electrochoques algo dentro de mí se desconectara. Fue horrible. - ¡Y horrible era decir poco!

- Eso es lo último que quiero Sydney, seguir dando vueltas en círculos. Necesito saber qué me pasa, no puedo… no puedo estar así. Simplemente no. - ¿Había dicho ya lo aterrada que se sentía frente a todo el abanico de posibilidades que podrían explicar lo que le ocurría? Y tenía a sus amigos apoyándola, era afortunada por eso, mucho. Con todo y su mal genio y excentricidades muchísima gente en Storybrooke le quería y tenía en alta estima. Lo que fuera que tuviera no lo iba a enfrentar sola, pero aún así se sentía muy asustada por todo aquello.

Recordar en qué momento había comenzado a escucharlas…

Cierto que había comenzado a sentirse mal después de lo ocurrido con Everett, pero no, no había comenzado a escucharlas ahí. La primera vez fue algo de tiempo después si la memoria no le fallaba. Fue… cuando se había peleado con Khai. Todo. Por culpa. De Nereida.

Pensar en ella le hacía revolver el estómago. No entendía de donde había nacido aquel odio tan visceral y repentino hacia ella, pero ahí estaba y no lo podía negar. Nunca habían sido amigas pero tampoco le había detestado de la manera en que hacía con Dandelion y otras tantas. Más bien la mocosa le había sido de lo más indiferente… hasta ahora. No confiaba en ella. No creía que fuera buena para Khai y la quería lejos, muy lejos de él. Y a juzgar por las cosas que le había contado Ian sobre la fiesta en la playa no iba mal encaminada: a la mosca muerta con un chorro de insecticida y ya , entre más pronto se la quitara de encima, mejor. Y Khai como bruto enamorado que no veía las cosas como eran…

- La primera vez que las escuché fue después de una pelea horrible con un amigo. – Suspiró. – Está con alguien que no me da buena espina y… bueno, chocamos en eso. No quiero que lo pase mal… pero él hace lo que quiere, ¿no? – Y sabía que más de uno le llamaría celosa exagerada del mal por desconfiar de la inocente criaturita que en apariencia era Nereida Mellington, pero a Willow no la hacía tonta. Esa... esa… Vaca algo se traía entre manos. - ¿Pero no es eso contradictorio? Digo. Las dejo de escuchar cuando me siento como tubería de desagüe, pero la primera vez que las escuché estaba hecha una furia. -

Le miró muy atentamente, a la espera de cualquier cosa que fuera a decirle. Hasta donde el conocimiento de Willow alcanzaba, Sydney era la única con una experiencia parecida. La notaba nerviosa y lo entendía, ella misma lo estaba y hablar de ello no era para nada fácil. Contrario a lo que ella pasaba, que solo estaba “en paz” cuando pasaba por malos momentos, Sydney encontraba la calma cuando estaba con Everett. Segura y contenta, vamos. Apenas y parpadeó un par de veces cuando la psicóloga le confirmaba su relación con alguien a quien había querido tanto, pero Willow tenía aquello muy asimilado, desde que los había visto juntos en la playa. No habían necesitado gritarlo a los cuatro vientos para que la rubia lo entendiera. – No lo sé… – Comentó en un hilo de voz y subió una de sus rodillas a la silla para abrazarla. No era tanto por maleducada, pero era ya un reflejo inconsciente que en cuanto más tensa se sentía perdía más y más la capacidad de estarse sentada quietecita. – Alex, mi novio… me hace muy, muy feliz, pero entre mejor lo pasamos más las oigo, ¿sabes? No sé, jugando con el perro o paseando por ahí o… bueno, ya te imaginas. – A ver, que no iba a dar los detalles de su vida sexual, pero si, entre mejor se sentía más fuertes las escuchaba. Y ahora era donde Sydney se preguntaba quién carambas era Alex si hacía dos meses había estado sufriendo tanto por desamor. Dos meses para Willow habían bastado para pasar página. No era que hubieran roto catastróficamente, era simplemente que lo de Everett y ella nunca había pasado y eso era más fácil de superar, ¿qué no?...
O tal vez ella medía el tiempo un poco distinto que los demás…

- Si es que… hasta son bonitas de escuchar… hasta que recuerdas que lo estás imaginando todo y eso no es normal… - Eran relajantes y melódicas y alegres… pero no reales. Y eso hacía toda la diferencia.

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Re: Ayúdame...

Mensaje por Sydney J. Watson el Mar Sep 11, 2012 1:36 am

Vaya, aquello de estar presente en una bronca de ese tipo, desde luego que no era para nada algo agradable de pasar. A Sydney hasta le supo mal que Willow hubiese tenido que presenciar todo aquello. No era agradable para nadie tener que ver aquel tipo de situaciones o vivírlas y desde luego tampoco era nada agradable tener que decirle a una persona cuando despierta de la cesárea que su hija recién nacida ha muerto – Entiendo... - ¿Qué otra cosa podía decirle? Que fuera psicóloga no quería decir que tuviese todas las respuestas en la palma de su mano.

No era tan sencillo, porque la vida tampoco era sencilla.

Ese tipo de situaciones siempre son... horribles – Se llevó inconscientemente una mano a la nuca como si de repente hubiese recordado aquella sensación de pérdida, la sensación que tienes cuando te dicen que has perdido a alguien realmente importante para tí, pero, ella no recordaba haber perdido a nadie realmente importante en su vida. No a alguien que no fuese de su familia al menos, pero aún así, allí estaba la sensación, como si de alguna manera incluso la asfixiara. Lo mejor que podía hacer era intentar quitársela de encima como fuera. - Lo mejor es que intentes pensar en ello lo menos posible... Si quieres podemos hablar de ello, quizá relatarlo te sirva para desahogarte, pero es decisión tuya, nunca fuerzo a los pacientes a contarme algo que no desean contar.

Le sonrió amablemente unos segundos al tiempo que se levantaba de donde estaba y se sentaba junto a Willow en el sofá. Su consulta no era el típico despacho con mesa y una silla, no. Era más bien como una pequeña sala de estar en la que intentaba que sus pacientes se sintieran cómodos, como en casa.

Una pelea. Horrible, empezaba a detestar esa palabra. La miró tranquila sin interrumpirla en ningún momento – Sí, normalmente... los que estamos fuera vemos las cosas de una manera más subjetiva, pero pocas veces conseguimos que ellos se den cuenta. Suele ser lo normal que ellos hagan lo que quieran a pesar de tus advertencias.

Sí, era un tanto contradictorio – Quizá, tendrías que aprender a convivir con ello, con esos sonidos en tu cabeza – De la misma manera que Everett había aprendido a convivir con aquella sensación de buscar a una persona y aquel bosque que se le presentaba en sueños, pero eso no era algo que pudiera contarle a Willow, no porque Everett fuera su paciente, porque no lo era, pero no iba a airear cosas de su pareja así como así. - En cierto modo, aunque cuando estoy con él parecen desaparecer, he aprendido a convivir con ellas, aunque no ha sido nada fácil – Y si supiera la que se le avecinaba, no hubiese ni siquiera dicho eso.

No podía ver el futuro.

No pudo evitarlo, aquello fue toda una sorpresa. Enterarse de que la chica que había besado a Everett en la fiesta de la alcaldesa y de la que habían oído que estaba tan mal por su rechazo, apenas dos meses más tarde dijera que tenía novio. No es que no la creyera, en absoluto, simplemente le sorprendió muchísimo. Con lo que le estaba diciendo parecía que fuese algo que estaba atado a sus emociones y que cuanto más feliz estaba más las oía... Eso no podía ser señal de que aquello fuera algo malo, en absoluto. - Pues... quizás lo que te he dicho antes no sea una locura, a veces tenemos que aprender a convivir con algunas cosas aunque no lo encontremos una explicación lógica y racional..., siempre he pensado que hay cosas que ocurren sin explicación alguna. A lo mejor si intentas olvidar que están ahí y te adaptas a ese sonido acabes acostumbrándote de tal manera que llegara un día en el que no te des cuenta de que están ahí...

El día en que se habrían vuelto algo totalmente normal para la joven. Eso podía pasar, ¿no? Incluso pudiera ser que de aquella manera llegara un día, que de lo normal que se le hubiese hecho ya ni siquiera las oyera, fuese capaz de ignorarlas por completo.

Al menos... parece que tu vida está tomando un buen camino... - Le sonrió amablemente haciendo referencia al hecho de que tenía pareja que a ella tanto le había sorprendido. ¡No era para menos! - Y además de las campanitas... ¿No has tenido ningún tipo de sueño o algo parecido?

Porque recordaba que en aquella ecuación lo que coincidía entre Matthew, Everett, Michelle y ella misma, es que los cuatro habían empezado a tener sueños, en el caso de Matt incluso cuando estaba despierto y si, aquello se le empezaba a antojar como que demasiado raro, pero no iba a decir nada a nadie que no fuera de su entera confianza.
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