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As if the night wasn't ending {Privado}

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As if the night wasn't ending {Privado}

Mensaje por Noah M. Stoner el Vie Ago 31, 2012 10:55 am

Aún recordaba el día en que me hice daño, fue mi culpa, sólo mía ¿a quien se le ocurría querer volver a la tienda de antigüdades después de haberme marchado de la forma en la que lo hice? A mi, estaba claro, soy la única estúpida capaz de ocurrírsele tal disparate, aunque por suerte no quise ir el mismo día que salí corriendo de allí. Suspiré y me miré la muñeca, ya hacía cuatro días que la tenía vendada ya que me había hecho un pequeño esguince, o eso creía yo ya que no había prestado demasiada atención a William, sólo sabía que cuando hubieran pasado dos semanas tenía que volver para ver como iba y si podía quitarme el vendaje.

Iba con cuidado de no hacerme daño, sin que me dejaran hacer nada para ayudar en casa, sólo tenía derecho a estar en el ordenador, mirar la tele y cualquier otra cosa que me entretuviera e implicara poco o ningún movimiento de la mano, aunque aquello no era sólo porque me doliera sino porque tanto mi hermano como mi madre sabían como me había hecho daño, no lo habían visto, no se lo había dicho, pero lo sabían. También por eso me dejaban más libertad y no me reprochaban casi nada, aquel era el momento perfecto para aprovechar y quedar con la gente que les hacía menos gracia que viera, pero mi rutina no cambiaría, es más, no tenía demasiadas ganas de ver a nadie y si quedaba era porque me lo proponían ellos, no quería dejartes tirados ni nada, y tampco me gustaba decirles que no.

Aquel día había quedado con Keith, no sabía para que ya que no me lo había dicho como muchas otras veces, eso me causaba curiosidad quería saber porque tanto secretismo y más aún porque quería que me arreglara. Sí, eso último no me lo dijo directamente pero le conocía lo suficiente como para conocer que quería decirme con una indirecta, al menos con las de ese tipo. Era extraño, pero iría de todos modos porque era mi amigo, le quería y estaba segura de que no ocurriría nada malo. Aún no les había dicho nada ni a mi madre ni a mi hermano, sabia que gracia no les haría y por ello no me molesté en decírselo, ¿para qué? ¿Para que me prohibieran ir? Por suerte, después de lo que ocurrió con Malcolm, sabía que no me dirían nada.

Fui al baño para meterme en la ducha, pero me entretuve delante del espejo mirándome, no sabía porque pero me encontraba mala cara, posiblemente era debido a que había pasado una mala noche, entre que estaba nerviosa por hoy y lo de Malcolm... ¡Pero no debía pensar en ello! Tenía que prepararme para ir al puerto, no quería hacer esperar a Keith. No me ducharía sino que me daría un largo baño de espuma, tenía tiempo hasta la hora acordada y me iría bien para relajarme un rato, aunque... Miré mi mano derecha, seguía vendada y no queria utilizar una bolsa, se me hacía muy incómodo. Busqué por lo armarios hasta encontrar lo que buscaba. -¡Genial! - exclamé al tener las vendas en mi mano. Sabía que no era recomendable pero estar dos semanas sin poder lavarme bien la mano y sin cambiar las vendas no lo iba a permitir, si las cambiaba estarían blancas y nuevas, más presentables.

Una vez me había quitado las vendas viejas y la ropa me metí en la bañera, la había estado llenando en ese rato y el agua estaba a la temperatura perfecta, no caliente porque era verano moriría de calor, pero tampoco estaba congelada. Al rato de estar allí, cerre los ojos mientras metía la cabeza dentro del agua para mojarme el pelo, posteriormente tomé el champú y me lavé el cabello, me gustaba porque olía a fresa por eso hacía que mi madre lo comprara siempre, champú de fresa y gel de miel, era muy tiquismiquis con eso pero realmente me gustaba, iba bien y olía de maravilla. También me lavé el cuerpo habiéndome puesto ya en pie dejando que el agua de la bañera se vaciara, había pasado por lo menos media hora allí dentro y no quería llegar tampoco muy justa. Finalmente me aclaré y me envolví con la toalla al salir para secarme un poco. Me puse la venda antes de ponerme la bata e ir a mi habitación para vestirme.

Busqué por todos lados, no sabía que ponerme y los nervios empezaban invadirme. No era una de esas chicas que se pasaban ocho años frente al espejo buscando que algo convinara bien, más que nada porque la mayoría de mi ropa era negra y ya se sabe que ese color convina con cualquier cosa, el problema estaba en que ropa para arreglarme no tenía más que dos vestidos, y no encontraba ninguno de los dos. Suspiré, mi madre solía hacer bromas de aquellas así que fui decidida a su habitación y miré en el armario. Exacto, allí estaban, colgaditos y bien puestos. Cogí uno que se aguantaba por el cuello en una especie de gargantilla negra, el otro tenía una goma en la parte superior del pecho para no caer y era el que me había puesto para la fiesta del ayuntamiento que celebró Siobhan meses antes, no es que me desagradara pero ya que me los ponía pocas veces no estaría mal variar un poco.

Una vez vestida era hora de mirar que hacía con el pelo, volví al baño y decidí que me terminaría de secar el pelo ya que aún estaba humedo, no quería que después me quedara de formas raras, si me arreglaba lo hacía bien así que aproveché para hacerme unos pequeños tirabuzones en el pelo con el secador para después ponerme espuma. Me quedé mirando al espejo, me gustaba como había quedado y sólo quedaba una cosa; el maquillaje. Cojí el neceser de mi madre. -¡Ma...! - iba a llamarla pero callé ya que no quería que hiciera preguntas, no sería tan complicado y no quería mucha cosa. -Vamos, que seguro que puedo hacerlo. - Me hice la raya con eyeliner, me puse un poco de sombra gris en los ojos y brillo de labios, ya no quería nada más.

En mi habitación de vuelta pensé en ponerme alguna pulsera, pero descarté la idea al tener la muñeca mal ya que me sentía algo incómoda si las llevaba en la izquierda, lo que sí me puse fueron unos pendientes negros y mi anillo del dragón, eso último no podía faltar, sentía que era algo muy imortante para mi y debía llevarlo siempre encima. Ya estaba preparada, sólo quedaba coger el bolso, el cual hacía conjunto con el vestido, y ponerme los zapatos, hasta aquel momento había ido en zapatillas de andar por casa. Los zapatos eran unas sandalias negras con un poco de tacón, aproveché que Keith era más alto para ponérmelas, así estaría algo más a su altura. Ya sí que estaba lista, no faltaba nada más, sólo tenía que ir al lugar acordado y listo.

Bajé las escaleras y, una vez abajo, pude notar cuatro ojos clavados en mi, los de mi madre y los de mi hermano. Me giré lentamente hacia ellos, sus mirabas denotaban sorpresa, bastante a decir verdad. -He... quedado... - dije con miedo y dudando un poco, sabía que estaban pensando pero no, no había quedado con el novio por una simple razón: no tenía. Como habían callado y no decían nada decidí continuar hablando. -Con Keith - ahí sus rostros cambiaron a reproche por lo que decidí marcharme antes de que pudieran decirme algo, me alejé de ellos y abrí la puerta. -Nos vemos luego, y tranquilos, que no me pasará nada - sabía que aquello no les tranquilizaría, pero debía decirlo. -¡Me llevo el móvil!

Bien, ya en la calle, fuera de malas miradas. O no. La poca gente que había por allí me miraba de forma extraña, como si no me reconociera, aunque en cierto modo era normal ya que era la típica chica que siempre iba con pantalones, bambas y camisetas que de femeninas tenían lo mismo que yo de rubia, eso sumado a mi actual color de cabello, pero bueno, no me agradaba demasiado llamar la atención de ese modo por lo que empecé a andar de camino al puerto. Estaba pendiente del suelo, no quería pisar mal y torcerme el pie, no sería la primera vez que me pasaba, y seguro que tampoco la última, para esas cosas era muy torpe y no se podía hacer nada más.

Casi después de media hora de estar adando llegué al puerto, me fijé en los barcos que habían allí aclados y en el agua en calma, era un lugar muy bonito y tranquilo, al menos por las noches. Seguí andado hasta que al fin lo vi, a Keith, esperándome, avancé a paso rápido hasta él. -Hola Keith, ¿te hice esperar mucho? - pregunté una vez estuve a su lado justo antes de darle un beso en la mejilla. Le miré disimuladamente de arriba a abajo, debía reconocer que iba muy elegante, al igual que yo se había arreglado bastante, sonreí levemente, por suerte no destacaría demasiado, empezaba a preocuparme por haberme pasado al arreglarme. -Me gusta como te queda, estás muy guapo - al decir eso me sonrojé y desvié un poco la mirada, por mucho disimulo con el que lo mirara, si después decía eso, no serviría de nada. -Bueno... - empecé a decir sin estar del todo segura que preguntar. -¿Qué... vamos a... hacer? - Seguía dudando, tal vez por el nerviosismo que me producía aquella situación, no es que fuera la primera vez que estaba a solas con él pero ese día era... diferente.

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Última edición por Noah M. Stoner el Jue Sep 06, 2012 12:10 pm, editado 1 vez

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Re: As if the night wasn't ending {Privado}

Mensaje por Keith J. Dylan el Lun Sep 03, 2012 7:12 am

Mira que él solía ser muy tranquilito, pero ese día no podía parar de darle vueltas al asunto de la cita con Noah, incluso no había podido descansar en toda la noche, pero eso no era problema, le resultaba agradable pensar en cómo transcurriría el día, el día que dependía de lo que planeara Keith. Había sido muy sutil invitando a Noah, incluso diciéndole que se arreglara un poco para la ocasión, pues no quería que pensara nada raro, pero... La verdad es que K.J. Se daba cuenta de que sentía algo más que amistad... quizás... con Noah. Le daba vueltas al tema mientras miraba el techo oscuro de su habitación, tumbado sobre la cama. Aunque no lo sintiera, él ya no era un chiquillo, tenía veintisiete años y debía empezar a ser responsable, a pesar de sentir que su alma era la de un jovenzuelo. No podía evitar pensar en cómo sería una relación entre ellos, pero no estaba bien, no era correcto; ¿Qué pensarían en el pueblo si supieran que alguien de su edad iba con una adolescente? ¿Qué pensarían los padres de ella? Y lo que era más importante... ¿Qué pasaría con Noah? Porque Keith estaba seguro que para la chica, era algo así como un hermano, su mejor amigo... Y él no quería fallarle, no quería traicionarle, jamás se perdonaría romper esa estrecha relación de amistad que tenían y mucho menos partirle el corazón.

Pero entonces... ¿Qué diablos hacía invitándola a dar un paseo por la tarde noche en el puerto?.. Se dio la vuelta quedando de cara a la ventana, por la cual se apreciaba una bonita luna alzada en lo alto de las tinieblas. Había elegido una noche especial; al día siguiente, el día en el que había citado a Noah, habría una Luna Azul alumbrando Storybrooke. No podía evitar sentirlo, aunque debiera olvidarse porque lo correcto era que Noah hiciera vida con alguien de su edad, pero invitarla a dar un paseo tampoco era algo fuera de lugar, ¿verdad? Simplemente dos buenos amigos disfrutando del aire nocturno y lejos de los ruidos habituales del centro del pueblo.

Se despertó bien temprano al día siguiente. La rutina de hacerles el desayuno a la familia Dylan, se le antojaba como más agradable que de costumbre, incluso canturreaba una canción mientras los preparaba y los dejaba listos encima de la mesa, todo bien colocado e incluso hasta un nuevo jarrón en el centro como decoración. Tras ello, se apresuró a preparar unos dulces para Noah, que metería dentro de una cajita algo decorada -era un manitas para todo eso- y sin perder el tiempo, subió hasta su habitación de nuevo. Rebuscó entre los cajones, hasta que al fin dio con lo que buscaba: su hucha en forma de gato chino. No sabía por qué, pero se sentía estrechamente unido a esa cultura, aunque estuviera criado prácticamente como un americano.

- Perdóname Noah, no quería guardar los ahorros entre mis calzoncillos, pero... Siempre hay que ir con cuidado de que no te los pillen. Los ahorros, digo... - murmuró en voz alta para sí mismo, mientras sacudía la hucha para sacar el dinero y la volvía a guardar. Era el mejor sitio donde guardarlos, pues estaba seguro de que los Dylan nunca se atreverían a rebuscar entre su ropa interior. Pero no sólo ahí guardaba dinero; también cosas que tenían un valor simbólico para él, entre las cuales se incluía una foto de Noah y Keiji juntos, sonriendo o haciendo el tonto como solían hacer. Muchas veces miraba esas fotos, como aquella noche... Pero se hacía la idea que no debía, trataba de mantener la cabeza en su sitio.

Dicho y hecho, salió con cautela de la Mansión y puso rumbo a alguna tienda tipo joyería que hubiera por el lugar. No estaba acostumbrado a ir a sitios así, de manera que le llevó su tiempo dar con un establecimiento que vendiera joyas, después de dar tropecientas mil vueltas por el centro comercial. Eso se le antojaba como un juego real de "Encuentra a Wally".

Una vez llegó a la puerta, intento abrirla, pero debía tocar el timbre. No dudó en poner un dedo pero sin saber como se lo hizo, en cuanto le abrieron la puerta prácticamente cayó de bruces al suelo. Sin darse cuenta se había apoyado demasiado en la puerta. Luego se percató de que antes de que sonara el timbre, una persona era la que había abierto la puerta manualmente, provocando que Keiji casi cayera.

- Uh, lo siento; una moqueta tan bonita no debería estar permitida, casi la beso - comentó como una broma, aunque nadie a su alrededor se rió. Yendo al grano, preguntó por un objeto en concreto... Y al parecer la joyera enseguida entendió de qué se trataba. Keith ya había estado pensando en qué regalarle a Noah con el dinero que había estado ahorrando sólo y exclusivamente para ella, y creía haber dado con una cosa que era posible que le gustara, no sólo por cómo se veía, si no por el simbolismo que pudiera tener. En ese aspecto, KJ era muy detallista.

Inspiró una vez salió de la tienda, teniendo la cajita entre las manos, y sonsacó una sonrisa satisfecha. Aunque tratara de disimular, el cosquilleo que sentía en la tripa era bastante insistente, y se hacía notar cada vez más a medida que se acercaba la hora. Había tratado de disimular ante los Dylan, ya que era inevitable entrar y salir de casa, e intentar esquivarlos sin que sospecharan era algo bastante complicado, toda una aventura. Se vistió con sigilo en la habitación y, evitando cruzarse con los miembros de la familia, salió por la puerta. Había guardado el regalo en uno de sus bolsillos, y en la mano llevaba los dulces que le había preparado a la chica. Por supuesto debía ir con tiempo, era él quien la había invitado y tenía que estar ahí antes, y aún así las chicas debían llegar tarde por protocolo, respeto y educación por parte del género masculino.

Se deleitaba con el paisaje del puerto, hacía unos meses que no lo pisaba, y de noche realmente se veía bonito; con las luces, los pequeños comercios y restaurantes que abrían, dándole al ambiente un tono romántico. Se apoyó en un murillo que daba a los barcos, los cuales se mecían como si estuvieran en otra dimensión. Keith casi podía dejar su mente en blanco, intentando aclarar qué era exactamente lo que debía hacer, qué era lo correcto y qué sería lo mejor para los dos, hasta que una voz, que era melodía para sus oídos, llamó su nombre.

- ¡Noah! - dijo girándose y esperándola con los brazos abiertos, dispuesto a darle un buen achuchón, aunque enseguida se separó para mirarla de arriba a abajo - ¡Estás guapísima! de hecho siempre lo estás pero hoy la Luna está celosa de ti, me lo ha dicho - le guiñó un ojo, mirando hacia el cielo. Aún habían rayos de sol cuando salió de casa, provocando que el cielo estuviera de un rojo intenso, pero ahora ya las tinieblas habían conquistado los cielos y les regalaba la vista con estrellas que titilaban y una luna imponente y... azul. Y hablando de azul... - ¡Anda! ¡Pero si te has teñido el pelo! Al final lo has hecho. La Luna y tú al final vais a estar más conectadas de lo que creía. Te queda estupendo. Recuérdame que te dé una pequeña colleja cuando nos volvamos a ver - comentó con una sonrisa que ocupaba medio rostro mientras sujetaba las manos de Noah con las suyas propias. Notarla cerca hacía que casi fueran imposibles de controlar las mariposas que ya golpeaban su estómago. Era algo indescriptible, que lo hacía sentir como si no estuviera en ese mundo, como si sólo existieran ellos dos. Intentaba no pensar como más que un amigo, pero las luces del puerto hacían que el rostro de Noah fuera lo más hermoso que en ese momento pudieran ver sus ojos. - ¡Oh! Te debía algo desde el otro día - se acordó, dándole la cajita de dulces que antes le había hecho - Toma. Espero que te gusten, sólo y exclusivamente hechos para ti - y fue justo en ese momento cuando se percató de algo que lo preocupó. ¿Tenía la mano vendada? Le cogió el antebrazo con cuidado y la miró - ¿Y esta muñeca? ¿Qué te ha pasado? - preguntó algo preocupado, casi ignorando las preguntas de Noah en ese momento; esperaba que todo fuera bien.

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Re: As if the night wasn't ending {Privado}

Mensaje por Noah M. Stoner el Jue Sep 06, 2012 1:19 pm

La oscuridad envolvía el puerto, sólo rota por las luces de algunos barcos y las pocas tiendas que quedaban abiertas, parecía como si allí el tiempo hubiera dejado de transcurrir, estuviera parado. La tranquilidad de aquel lugar lograba que mis nervios se disiparan un poco, sin embargo, no tardaron demasiado en volver a mi. Ver a Keith arreglado, al igual que yo, esperando a que llegara y aparentemente pensativo hizo que mis nervios volvieran a adueñarse de mi ser. Algo me decía que aquella noche algo era distinto, que no era igual a otras tantas veces que habíamos quedado para vernos. Sacudí levemente la cabeza hacia los lados intentando alejar todas esas ideas, ¿qué tendría que haber cambiado? Sólo eramos dos buenos amigos que quedaban para dar un paseo, ¿verdad?

Una vez junto a él le abracé fuertemente, pero a la vez también de forma cariñosa, aunque aquel abrazo tampoco duró demasiado puesto que se separó. Vi como me miraba de arriba a abajo, cosa que hizo que en mis mejillas apareciera un leve rubor, intensificado por sus palabras. ¿Cómo iba a estar la luna celosa de mi? Si era una de las cosas más bonitas que nos ofrecía la naturaleza, al menos a mi así me lo parecía y siempre que podía me asomaba a la ventana para verla. -¡Claro que no esta celosa! Ella, al contrario que yo, es preciosa. - Dije como si le estuviera explicando algo obvio, algo que tuviera que saberse de siempre. -Sin embargo, tu estás más guapo - le sonreí después de decir aquello y le di un beso en la mejilla, era la primera vez que no necesitaba ponerme de puntillas para dárselo, sin duda alguna eso era gracias a los tacones que me había puesto, que tampoco es que fueran muy altos, pero algo hacían crecer mi altura.

Dejé que me tomara de las manos mientras yo le miraba sonriente, intentaba saber que estaba pasando por su cabeza, descifrar sus expresiones, pero no lo lograba. Aquella noche estaba extraño, aunque aquello no tenía que ser necesariamente malo, sólo que no podía acabar de percibir que le pasaba. Parecía estar más radiante, como más feliz o no sé, pero es que, a la vez, parecía que algo rondaba por su cabeza, algo que podía preocuparle. Sus palabras me hicieron volver a la realidad, ¿me debía algo? No recordaba nada de eso de la última vez que nos vimos, pero en cuanto vi la cajita, ya teniéndola en mi poder, y escuché que el contenido de dicha estaba hecho sólo y exclusivamente para mi, entendí de que se trataba; dulces. -¡Muchísimas gracias! - Dije alegremente y sonriendo pocos segundos antes de ponerme algo más seria, pero muy poco más, pues aún conservaba la sonrisa en los labios. -Pero ya te dije que no hacía falta que me trajeras siempre alguna cosa, a mi me basta con que estés a mi lado, ese es el mejor de los regalos que podrías hacerme. - Y era verdad, no estaba mintiendo ni decorando al verdad para que pareciera más bonita, era muy buen amigo mío y con sólo estar a mi lado ya me hacía el mejor regalo del mundo. Todo aquel cariño que me daba, aquella forma que tenía de demostrarme que me quería, todo aquello era millones de veces más dulces que cualquier cosa que pudiera hacer en la cocina. Abrí la caja que me había dado, con cuidado de no romperla ni nada dado que era preciosa, estaba muy bien decorada y, sin duda alguna, la guardaría. Una vez abierta pude ver que en su interior guardaba tres cupcakes que, la verdad, tenían escritas la palabra "cómeme". -Tienen pinta de estar deliciosos - confesé mientras seguía mirándolos. -Pero no quiero que sean sólo para mi, me gustaría compartirlos contigo.

Finalmente tuve un dejavu, justo como la última vez que nos vimos, se dio cuenta de lo único que no quería que viera. Aquella vez era algo más grave y que se notaba más, pero por eso mismo aún tenía menos ganas de que reparara en las vendas que llevaba en la muñeca, empezaba a arrepentirme de no habérmelas quitado. Con la otra mano, la izquierda, hice un gesto restandole importancia, pues le veía preocupado y no quería que hiciera caso a aquello. -Ya sabes que yo soy muy torpe y que, al mínimo golpe, ya me hago daño en las muñecas - le sonreí para que me creyera, aunque tampoco le había mentido del todo. -No es nada grave, no te preocupes. - Terminé por decirle exactamente lo que quería que hiciera, que no se preocupara, que ignorara aquel pequeño detalle sin importancia. No me gustaba mentirle y temía que si insistía mucho terminara por explicarle la verdad del porque me había hecho daño, pero de seguro que me llevaba una buena bronca por eso, no quería estropear esa noche por una tontería como aquella.

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