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Otra vez en el mismo sitio (Lorianne S. Signoret)

Mensaje por Luke Heart el Miér Sep 12, 2012 1:17 pm

Otro nuevo y aburrido día se ponía frente a mi, y aunque no me gustara, tenía que caminar por las cutres calles de Storybrooke. Un sitio que cada día me gustaba menos. Me gusta mas la naturaleza, y poder sentir los árboles, flores, e incluso los pequeños animales el mismo aire puro y agradable. Ese lugar era demasiado horrible para mi, y eso lo tenía presente. No sabía que hacer, ni siquiera si tenía que irme. No quería marcharme realmente. Tenía mi Casino en el lugar correcto, y ya había suficiente gente. Ganaba demasiado dinero como para retirarme de ese lugar. El poker era uno de mis juegos favoritos en mi Casino, aunque si fuera por mi, cambiaría varias reglas. Una, y la mas básica, que en vez de contar dinero y apostar fichas y demás... que se apostarán años de la vida misma. Así podría ser joven eternamente. Me las arreglaría para participar yo mismo en mi propio Casino, estaba claro. Pero por lástima, no se podía hacer eso, porque no parecía existir la magia, aunque yo jamás perdí la fe de ello.
Entre en el mismo bar de cada día, y siempre pedía café, aunque luego siempre tomaba algo mas, ya que no solía conformarme con solo un simple café. Observé el tatuaje de encima de mi mano derecha. Dos dados con los Ojos de Serpiente. Tenía temor a ello, y una debilidad muy grande, por no decir inmensa, pero es por eso por lo que lo hice. Tenía que enfrentarme a mis miedos.
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Re: Otra vez en el mismo sitio (Lorianne S. Signoret)

Mensaje por Lorianne S. Signoret el Vie Sep 14, 2012 4:52 am

No sabía cuanto tiempo había pasado desde la última vez que lo había visto, de la última palabra que le había dirigido. Tampoco recordaba cuanto hacía que no lo veía, ni siquiera se acordaba de qué era lo último que había sabido de él. Pero lo que sí sabía, es que todo había cambiado desde aquel tiempo, incluyendola a ella misma también. Había pasado de estar completamente feliz y tener muchas razones y motivos para vivir día a día, a estar totalmente hundida sin tener ganas de nada.

Existía una palabra en el diccionario que la describía perfectamente, una palabra compuesta de cinco letras. Vacía, así se sentía después de que le dijera adiós el que ella había definido como el amor de su vida. Aquel flechazo de amor, pero para ella se había convertido en su mal de amor. La soledad y la tristeza la invadían y por dentro sentía un agujero inmenso. Pasaban y pasaban los días y ella aún seguía con la misma actitud, ni siquiera el ver a su hermano haciendo el payaso ni la constante molesta presencia de su primo, la hacían cambiar de estado emotivo.

Se pasaba los días paseando de un lugar a otro en soledad, paseaba por aquellos lugares en los que sabía que él no visitaba. No quería encontrarse frente a él, tan sólo su presencia le podía causar más daño del que ya contaba. También se tiraba horas y horas encerrada en su habitación, aunque las actividades que realizaba allí dentro no es que fueran muy interesantes o divertidas, sino todo lo contrario. Leía novelas románticas, de desamor e incluso aquellas que no terminaban en un final feliz, también se pasaba la mayor parte del tiempo llorando e incluso, sacaba la cabeza por la ventana y gritaba todo lo fuerte que podía hasta quedarse sin voz.

Cualquiera que la conociese, se podía hacer una idea de por lo que estaba pasando la castaña. Pero estaba claro que nadie podía estar experimentandolo nada más que ella sola. Había tomado la decisión de recoger sus pertenencias y marcharse de Storybrooke, incluso había hecho las maletas, pero todas las veces que lo había intentado algo le había parado los pies. Pero..¿Qué pintaba ella allí? Ni siquiera los demás le daban importancia y sólo unos pocos sabían de su existencia. Y para desgracia de ella, no es que le hicieran mucho caso.

"Abrió los ojos y lo primero que se encontró al abrirlos, era que estaba tumbada en una superficie. Al tacto de ella era como unos pinchos puntiagudos que arrancaba con las manos, giró la cabeza para ver de lo que se trataba y pudo comprobar que lo que sus manos habían tocado era césped. Se inclinó un poco hasta estar sentada y observó un prado verde a su alrededor. Cogió un poco de impulso y se levantó, cuando ya estuvo de pie echó a andar.

Aquel lugar le resultaba tan familiar, pero no se acordaba exactamente en donde se encontraba. No pasó mucho tiempo para que se diera cuenta de que no estaba sola y ese hecho la aterrorizaba. Iba a empezar a caminar cuando no le dió tiempo a ver de cerca a esa compañía, ni aunque pasaran muchos años no podría olvidar aquel rostro, aquellos ojos que tanto le gustaban ni siquiera sus dulces labios ni el aroma de sus besos. Su respiración era entrecortada llegando a jadear, pero le costaba mantenerla compensada a su ritmo normal. No podía articular ninguna palabra ni dedicarle ninguna sonrísa, sólo se limitó a mirarle obsequiándole una mirada aterradora.

No se sabe como lo hizo él para convencerla, pero la condujo hasta la playa y allí, le incitó a que se metiera con él dentro del agua. Con las palabras de él la intentaba calmar y hacerle ver que no le podría pasar nada mientras estuviera a su lado. Pero nadie le había dicho a ella que no se fiara de él. Porque de un momento a otro en el que había parpadeado, él le había producido la muerte. Le había conducido a una corriente peligrosa y la había dejado morír ahogada. La había matado el amor de su vida."


¡Otra maldíta pesadilla! Últimamente se habían hecho común tener pesadillas constantemente para Lori. No podía pegar ojo y en un descuido parpadeando, se había dormido y se encontraba con pesadillas. Se levantó de la cama sudando por cada poro de su piel y se dirigió al baño para darse una ducha fría. Aún era temprano, era raro verla despierta a esas horas y más siendo su día libre. Ya que al pasarse las noches en vela, se tiraba todo el día durmiendo y se despertaba sobre la hora de comer. Caminó con sus pequeñas y delicadas piernas que la condujeron hasta el lugar prohibido para ella. Se lo había prohibido ella, ya que allí siempre lo frecuentaba aquella persona que no podía nombrar ni ni siquiera ver. ¿El lugar? La Plaza principal de Storybrooke, aquel lugar donde se habían conocido yse habían besado por primera vez.

Había llegado, se acercó hasta el banco en el que se habían sentado cuando se conocieron y contempló las vistas. De noche eran muy bonitas pero con la luz del día, lo eran más. Acarició con su mano el banco, como si con su tacto pudiese revivir aquella noche. Suspiró y cogió aire fuerte, como si se estuviera preparando para algo. Después de llevar ya un buen rato, decidió levantarse para irse, cogió su bicicleta y puso rumbo a Granny's para tomar su matutino desayuno.

Cuando llegó a la cafetería dejó aparcada la bicicleta fuera, amarrándola con la cadena por si acaso se la pudieran robar, más valía prevenir que curar. Entró al lugar dejándo escuchar una melodía de campanillas trás abrir la puerta del establecimiento y se dirigió a la barra para pedir su pedido y que se lo llevaran a la mesa. Buscó con la mirada su mesa, la de siempre y se sentó en ella, dejándo su bolso y demás pertenencias a un lado.
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Lorianne S. Signoret
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